Obra del librero, editor y dramaturgo español Juan de Timoneda (hacia 1520-1583), publicada en Valencia, en 1567, con el título Primera parte de las patrañas de Juan de Timoneda, en las cuales se tratan admirables cuentos, graciosas marañas y delicadas invinciones.
Es una colección de veintidós narraciones, la mayoría breves, a las que el autor llama «patrañas», definiendo la patraña como «una fingida traza tan lindamente amplificada y compuesta que paresce que trae alguna apariencia de verdad».
Las «patrañas», dice Mercuende, autor de la edición crítica, «oscilan entre el cuento y la novela, sin que ni uno ni otra adquieran en ellas personalidad definitiva».
Timoneda compila motivos tomados de las fuentes más diversas, algunas clásicas, como la undécima, la más larga y mejor escrita, que refiere la novela de Apolonio, rey de Tiro (v.); otras esquematizan confusamente y sin gracia cuentos de Boccaccio, de Bandello, de Masuccio Salernitano, de Giraldi, Sercambi, Straparola, Ser Giovanni Florentino, Ariosto, Sabatino degli Arienti, etc.
Cada «patraña» va precedida de una redondilla, que declara su significado a guisa de moraleja. También la novena, tenida por original, es en realidad una versión modernizada en los modos y costumbres de la vieja Historia de Otinelo y Julia (v.).
Cuenta las aventuras del joven Ceberino, que, enviado por su padre a Nápoles a cobrar un crédito, es robado, y de regreso a Barcelona, una muchacha, tomándolo por su propio amante, le arroja desde una ventana un saco de joyas.
Ceberino logra hacerse aceptar en lugar del otro; pero al bajar a la playa es apresado por unos piratas que se lo llevan a Constantinopla. Rosina queda sola, y vestida de hombre se va a Valencia, alojándose como fregona en una posada.
Ceberino se convierte en esclavo del Gran Turco, enamora a la hija de éste, la induce a huir con él a España, pero cuando ella le entrega las joyas, parte solo, llega a Valencia, encuentra a Rosina y se casa con ella. La novela es una de las más confusas y descuidadas.
Con la misma falta de gracia y de progresión lógica están narradas también las historias de la duquesa Griselda (II), de la duquesa de la Rosa y del conde Actrel (VII), del abad y del cocinero (XIV), etc.
Semejantes al Patrañuelo son las otras colecciones de Timoneda: Sobremesa y alivio de caminantes (Zaragoza, 1563) y Buen aviso y Portacuentos (Valencia, 1564), que reúnen chistes y anécdotas, ilustrando las más de las veces adagios populares, o bien resumen otras novelas de Boccaccio, Poggio Bracciolini, Bandello, Guevara, etc.
C. Capasso
La primera colección española de novelas, escritas a imitación de las de Italia, tomando de ellas el argumento y los principales pormenores, pero volviendo a contarlas en una prosa familiar, sencilla, animada y no desagradable. (Menéndez Pelayo)
Las patrañas tienen toda la ingenuidad de la improvisación, algo del juglar que, ante un auditorio íntimo, narra a la buena de Dios, más atento al desarrollo de los incidentes que preparan el final feliz que a la manera de referirlos, y por eso algunas veces se extiende en minúsculos detalles de poca importancia; otras, como si temiese cansar al auditorio, esquematiza el argumento, reduciéndolo a líneas esqueléticas: tendencia bien visible en las prosaicas redondillas que, puestas al principio, condensan cada patraña. (M. Morcuende)
