Paulus, Pier Paolo Vergerio el Viejo

Comedia latina de Pier Paolo Vergerio el Viejo (1370-1444), escrita hacia 1390, es uno de los primeros documentos del teatro humanista italiano.

El estudiante Pablo, que ha soñado haber terminado su licenciatura, reflexiona y piensa en lo descuidados que han sido sus estudios y querría cambiar de vida. Pero el criado Herotes le disuade inclinándolo a fáciles placeres.

Convence a una mujer, Nicolosa, de que venda Úrsula, su propia hija, a Pablo; posee a la muchacha antes de cederla a su señor, ríe de las ingenuidades de éste, y, por fin, hablando con el sirviente Papis, se vanagloria de todas sus maldades, que consisten, sobre todo, en haber inducido a innumerables desgraciados al vicio y a la desesperación.

La obra es notabilísima por­que, mientras que en los detalles parece ins­pirada en una estilización vigorosa de la realidad, por otra parte refleja antiguos mo­tivos de los misterios y de «moralidades» alegóricas.

U. Déttore

Paulina, fragmento de una confesión, Robert Browning

[Pauline, a Fragment of a Confession]. Breve poema inglés de Robert Browning (1812-1889), escrito a los veinte años y pu­blicado, sin el nombre del autor, en 1833, que el poeta más tarde no había de negar, sino definir con gran claridad como obra imperfecta y que se resentía demasiado de la edad de su autor.

Es la confesión de sus pecados que un joven poeta en trance de muerte hace a su Paulina. Se dijo, ya en tiempos de’ su publicación, que es difícil encontrar algo más puro y sencillamente confidencial. El moribundo considera todos sus pecados como derivados de una imper­fección originaria y se acusa de ellos deses­perado. Paulina es, pese a todos sus de­fectos juveniles, un importantísimo y reve­lador documento del pensamiento de Brown­ing en sus principios; expone pensamientos morales y muestra un proceso artístico que había de formar parte de la obra madura del poeta.

La psicología es ya bastante sutil, aunque no carezca de vulgaridades de pro­cedimiento; y es ya típica’ de su autor. Como estudio de los defectos que llevan a la ruina a un hombre de genio, es pariente de Paracelso (v.); los peligros del idealista que vive puras abstracciones están señala­dos con precisión, y con comprensión el valor de la simpatía humana y del amor.

A. Camerino

Paul Clifford, Edward George Bulwer-Lytton

Novela de Edward George Bulwer-Lytton (1803-1873), publi­cada en 1830. Paul Clifford fue escrita ante todo para llamar la atención del público sobre la triste condición de los presos y sobre la severidad de las leyes pena­les que regulaban la justicia.

Él héroe de la novela, nacido de padres desconocidos, es recogido por un hospedero y educado entre gente vulgar y de dudosa moralidad. Enredado en una aventura de robo y dete­nido sin poder demostrar su inocencia, la convivencia con los criminales de la cárcel acaba por oscurecer su sentido moral; tanto que, evadido de la prisión, se convierte en jefe de una banda de salteadores.

Bajo el nombre de capitán Clifford se enamora, y es correspondido, de una noble dama, Lucy Brandon, pero consciente de su destino de  perdición, trata de hacer comprender a su amada la necesidad de separarse. Por salvar a dos compinches apresados en una incur­sión ladronesca, es detenido, y el tío de la muchacha, que es juez, está a punto de condenarlo a muerte, cuando un billete, que llega a sus manos, le revela que Paul es su hijo, robado de la cuna.

El juez pro­nuncia la misma condena, pero inmediata­mente después es hallado muerto en su coche. Quien le auxilia descubre el billete revelador y la sentencia que pende sobre la cabeza de Clifford es conmutada por el destierro perpetuo. Lucy seguirá a Paul a América y allí el criminal, redimido por el amor, empezará una nueva vida.

Continúa, pues, en Paul Clifford la tradición román­tica y prerromántica del bandido generoso en quien la innata bondad humana queda sofocada por las injusticias sociales; pero aquella está siempre dispuesta a resurgir si la ilumina el amor.

M. Navarra

Patria en el bosque, recuerdos de la época juvenil, Peter Rosegger

[Waldheimat, Erinnerunpen aus der Juqendzeit]. Novela de Peter Rosegger (1843-1918), publicada en 1873 en la revista «Heimgarten».

El autor se nos pone libremente a sí mismo en escena, como pastorcillo de los Alpes en la Alta Estiria y artesano vagabundo, en su infancia y en su juventud. Padres y abuelos, montañeses, se describen en su ambiente y en su vida con el más convincente acento de realidad y de viva humanidad.

Participamos del terror del bisabuelo obligado a pasar la noche en lo alto de un abeto, con la doble amenaza de los relámpagos sobre la cabeza y de los lobos a sus pies; seguimos al abuelo el día en que halla mujer; conocemos la paciente tenacidad y la cándida resignación del padre, el buen sentido y la estoica sere­nidad de la madre.

Los maravillosos sueños del pastorcillo ante el inmenso misterio del firmamento estrellado, el impulso de ingenua caridad que le hace seguir el ejemplo de San Martín, la muerte del cabrito domes­ticado, las veladas en los tibios y olorosos establos, el encanto de la misa de Navidad, la vuelta angustiosa del pequeño Pedro ex­traviado en la nieve y en las tinieblas, la peregrinación a Mariazell, el viaje a pie del pastorcito a Viena en busca del emperador José — monarca filántropo y reformador, que se mezclaba entre el pueblo para cono­cer y sobrellevar los sufrimientos —, la pri­mera prueba con el arado y tantas otras historias llenas de ingenuidad, dan la idea de una infancia dura, pero, considerando bien las cosas, serena y feliz.

Obligado des­pués, por su poco robusta constitución, a buscar un oficio menos fatigoso, el joven Pedro se hace aprendiz de un sastre, maes­tro Ignacio, con el que va de comarca en comarca, huésped de las rústicas casas, a coser o a remendar vestidos.

El aprendiz de sastre lee con avidez todo cuanto cae entre sus manos, y en los recortes de los perió­dicos de que el maestro se servía para en­viar los modelos de los vestidos de los clien­tes, encuentra el muchacho noticias que le atraen y le interesan, y el domingo, en los momentos de reposo, escribe en dialecto estiriano y en mal alemán.

Un día manda un fascículo de su literatura a un periódico de Graz. El director nota, en la forma in­experta, la frescura de un ingenio nuevo y puro; habla en su hoja del sastrecillo artista, atrae la atención sobre él, y le llama a Graz, donde lo hace estudiar.

La obra es a la vez autobiografía y novela. La verdad y la poesía se mezclan íntimamente hasta el punto de ilusionar al poeta, que escribe con sencillez y sincera emoción.

A. Bernard

La Patrona, Fedor Dostoievski

[Chozjajka]. Novela del escritor ruso Fedor Dostoievski (Fëdor Michajlovič Dostoevskij, 1821-1881), publicada en 1847. Es la tercera novela compuesta por el célebre escritor, y como la precedente El doble (v.), fue mal acogida por la crítica y por los lectores.

El crítico Belinskij, que se había emocionado y conmovido con Po­bre gente (v.), escribió que la obra era un absurdo psicológico, pero en realidad el juicio dependía del hecho de que se espe­raba del joven escritor algo más amplio y actual que un sencillo ensayo psicológico. La patrona pertenece a la realidad y a la fábula al mismo tiempo.

El estudiante Ordynov toma en alquiler una habitación a una joven que ha visto en la iglesia y ha seguido hasta su casa. En el reducido piso, además de la joven Katharina, vive un hombre, Murin, que se supone es el marido. Murin es un viejo extraño, medio bandido y medio santo, que con la fuerza de su vo­luntad tiene sujeta a Katharina.

Pero la joven, ávida de libertad y amor, busca un cómplice en Ordynov y le cuenta su com­plicada historia, mezcla de heroísmo, de sangre y de raptos místicos. Murin dispara con un fusil contra Ordynov, en quien ve un rival, pero no lo alcanza.

Ordynov está a punto de apuñalar al viejo, caído presa de un ataque de epilepsia, pero le falta valor. Por fin, el joven huye de aquel extraño ambiente, y el lector se queda con la impresión de haber escuchado una an­tigua leyenda, fruto de una fantasía mons­truosamente primaria.

En dicha psicología fantástica Dostoievski da un paso más en su capacidad de análisis de los tormentos espirituales, pero pierde de vista la elementalidad de sus inicios; se le revela un nuevo mundo que, sólo cuando sabrá fundirse con la humanidad de Pobre gente, hará surgir sus obras maestras. [Trad. española de L. Cansinos Asáens (Madrid, 1943)]. G.  Kraisky