Abū-l-Mutahhar al-Azdī

Autor árabe de la Abū-l-Qásim de Bagdad (v.), la céle­bre pantomima narrativa, única que nos ha llegado de este género, que refleja la jor­nada de un parásito en el Bagdad del si­glo XI.

Del autor, cuya época sólo de un modo aproximado se deduce de indicios que suministra la obra, apenas sabemos que ha­bía compuesto otra obra, Hikaya badawiy-ya, farsa de ambiente beduino que se ha perdido.Hay que reconocer en al-Azdī no­tables dotes de artista, aunque limitadas y tal vez ahogadas por la vanidad y por su preocupación erudita; nos recuerda a Ate­neo más que a Petronio.

F. Gabrieli

Abū Ishāq Ibrāhīm ibn Yahyà Azarquiel

Astrónomo hispanoárabe del siglo XI, cuya fama e influencia se extendieron por toda Europa hasta el siglo XVI.

Se ignoran las fechas de su nacimiento y de su muerte, aunque se sabe que ambas ocurrieron en Córdoba, no obstante desarrollar la casi to­talidad de sus trabajos y observaciones en Toledo, por la longitud de cuya ciudad com­puso sus famosas Tablas Toledanas.

No me­nos famosos fueron su astrolabio, y los apa­ratos inventados por él, como la zarca lía y la asafea, amén de sus teorías acerca de las estrellas fijas y el movimiento elíptico de los planetas; todo ello entre los años 435 y 467 de la hégira (1043-1075).

En su obra Alma- gesto (v. Obras astronómicas) combate las teorías de Tolomeo. Sánchez Pérez lo con­sidera el más insigne astrónomo árabe, com­parable con los más célebres de la Antigüe­dad. Alfonso X el Sabio y sus astrónomos se basaron con frecuencia en los cálculos de Azarquiel.

J. R. Manent

Félix de Azara

Naturalista y marino español. N. en Barbuñales (Huesca) en 1746, m. en 1811. Era brigadier de la Armada y en 1781 quedó encargado de establecer los límites de las posesiones españolas y portuguesas de América.

Permaneció veinte años en el Nuevo Mundo. Entre sus obras desta­can Viaje a través de la América Meridio­nal desde 1781 a 1801, que contiene datos de gran valor histórico y científico; varios Ensayos de Historia Natural y un notable tratado sobre las aves del Paraguay.

Manuel Azaña

Escritor y político espa­ñol. Nacido en Alcalá de Henares en 1880, m. en Montauban (Francia) en 1940.

Estudió el bachillerato en el colegio de los agustinos del Escorial y cursó Derecho en Zaragoza; perfeccionó sus estudios en Madrid y en Pa­rís. Secretario del Instituto de Derecho Com­parado y profesor de la Academia de Juris­prudencia.

En el Ateneo de Madrid, centro de actividades culturales y políticas de ten­dencia liberal, encontró Azaña el ambiente ade­cuado para el desarrollo de su personali­dad; de 1913 a 1920 fue secretario y anima­dor de dicho Ateneo, y desde 1930, tras el período de suspensión impuesto por la dic­tadura de Primo de Rivera, presidió la docta casa.

Durante la primera guerra mundial desarrolló activas campañas de prensa en favor de los Aliados y fue corresponsal de guerra en Francia y en Italia. Entre 1920 y 1924 dirigió con Cipriano Rivas Cherif la revista literaria La Pluma y desde 1922 el semanario político España, fundado siete años antes por Ortega y Gasset.

A partir de 1930 tomó parte activa en la vida política y fundó el partido de Acción Republicana. Caída la monarquía, fue ministro de la Guerra y luego presidente del Consejo (1931-33); volvió al poder en febrero de 1936, y poco después fue elegido presidente de la República, cargo que mantuvo du­rante toda la guerra civil.

Después de la ocupación de Cataluña por las tropas fran­quistas, se refugió en Francia, donde mu­rió al poco tiempo. Fue Azaña un escritor so­brio, sagaz, dado a la polémica intelectual y a la crítica fría, precisa, a menudo iró­nica y desdeñosa.

Hombre del ochocientos, formado en gran parte en los pensadores liberales y socialistas franceses, fue en rea­lidad un islote en la literatura de su tiem­po, pero sus estudios sobre Juan Valera, sus ensayos críticos (Ganivet, el Quijote, etc.), las sutiles páginas autobiográficas de El jardín de los frailes (1927), atestiguan su temperamento de escritor refinado y de aus­tero moralista castellano.

Probó fortuna en el teatro con La Corona; y fue orador elo­cuente y docto (En el poder y en la oposi­ción, discursos). Se le debe, además, una notable traducción de La Biblia en España, de Borrow; Los gitanos en España, Plumas y palabras (ensayos), etc. Ya en el des­tierro, publicó en Francia La velada de Benicarló (1940).

Vital Aza

Comediógrafo español n. en Pola de Lena (Asturias) el 24 de abril de 1851, m. en Madrid en 1911. Estudió en Madrid la carrera de medicina, pero apenas obtenida la licenciatura, dedicóse exclusiva­mente a las letras, en las que dejó huella de su ingenio chispeante y siempre de buen tono, alegre y sin hiel.

De sí mismo decía nuestro autor que «no tengo otro mal humor que el humor herpético». Sus primeros tra­bajos los publicó en El Garbanzo, semana­rio festivo que dirigía Eusebio Blasco. En teatro cultivó mayormente el género chico, siendo su primera obra estrenada Basta de matemáticas, puesta en escena en 1874, en el Teatro Variedades de Madrid, con gran acogida de crítica y público.

Sucesivamente fue publicando trabajos en La Ilustración Española, Blanco y Negro, Heraldo de Ma­drid, Madrid Cómico, y otros periódicos de la capital; también colaboró en Barce­lona Cómica. Como poeta festivo publicó los siguientes libros: Todo en broma, Ba­gatelas, Ni fu ni fa, Pamplinas y Frivoli­dades.

En teatro, prosiguió sus éxitos; escri­bió numerosas obras, algunas de ellas en colaboración con Ramos Carrión. Entre sus éxitos figuran El sombrero de copa, El rey que rabió, Zaragüeta, El señor gobernador, San Sebastián mártir, etc.; algunas de sus comedias fueron traducidas al italiano; al portugués y al alemán.

Vital Aza fue uno de los fundadores de la Sociedad de Autores, de la que fue el primer presidente.