Violín negro en orquesta Roja: el miedo es un tigre suelto

portadaviolin

Violín negro en orquesta roja

Las sociedades que se basan en el miedo no pueden funcionar. Cuando la población vive asustada, por el temor a que pasen a buscarlo por su casa o por el temor de quedarse mañana sin trabajo, deja de pensar con claridad y desaparecen los lazos que unen a los vecinos.

Mientras tanto, el poder, que desata ese miedo, se erosiona también aunque no lo crea, porque a medida que el terror aumenta se vuelve cada día más difícil conocer la realidad, porque todo el mundo le dice al poder sólo que quiere oír.

Desatar el miedo es, por tanto, como desatar un tigre: aterrorizas a tus vecinos, pero quien lo desata nunca puede estar seguro de que conseguirá atarlo de nuevo o de si mantiene o no su control sobre la fiera.

Esa es la idea que recorre permanentemente las páginas de Violín negro en Orquesta Roja, una novela de espías al viejo estilo en la que se trata de desentrañar qué sucedió durante la Gran Purga de Stalin y si de veras, en algún momento, alguien preparó un Golpe de Estado contra Stalin.

Pero eso no sólo es un asunto interno ruso, sino que tiene consecuencias para todo el mundo: para los checos, que deben descuidar de qué lado se ponen, para la izquierda francesa, que ha llegado al poder aupada por la gran ola obrera, para la alemania nazi, que podría estar detrás del asunto, para los viejos zaristas derrotados, que buscan en París su redención o su regreso a la patria, y sobre todo para los españoles, que en medio de su guerra civil  esperan que Europa decida a quién apoya.

Pero Europa sólo decide que la guerra española debe ser larga, muy larga. Los alemanes quieren ganar tiempo, los rusos quieren ganar tiempo, y mientras los españoles se matan, todo el mundo está contento, o al menos, sigue con sus verdaderos problemas sin miedo a que todo salte repentinamente por los aires.

Aunque la novela aborde hecho políticos de primera magnitud, la trama de la novela es profundamente humana, un poco al estilo de Graham Greene.

Y ahí tenemos que volver al tigre: Cuando surgen las primeras sospechas de que algo raro se mueve en las filas del ejército ruso y del NKVD (el servicio secreto) , los dirigentes soviéticos involucrados dejan de confiar en loa órganos del partido y se buscan, cada cual, un modo de averiguar qué está sucediendo.

A uno de ellos, Molotov, se le ocurre sacar de Siberia a un viejo comisario del zar, un hombre cansado y roto, y devolverle sus poderes de comisario para que averigüe qué diablos está sucediendo.

Y ahí comienza la epopeya del viejo comisario, que por una parte no quiere regresar a Siberia y por otra conserva el rencor a quienes lo han tenido tanto años encerrado. Conserva a veces la agudeza, y otras se ve atrapado por el miedo que todo lo domina, pero a medida que profundiza en la nueva sociedad rusa se da cuenta de que ya nada es como él lo recordaba o que, quizás, todo sigue en el fondo igual que con los zares….

Es el momento de decidir si se trata de recuperar la vida perdida o de buscar algún tipo de revancha, el que sea…

Insisto: una grandiosa novela de espías llenas de datos de una época poco conocida. Me encantó.

 

Julia Manso.

Talco y bronce (Montero Glez)

Talco y bronce.

Talco y bronce.

Hay por ahí gente que escribe porque les enseñaron de pequeños y les da pena dejar perder todo ese esfuerzo de sus padres y maestros. Otros se hicieron escritores porque las plazas de funcionario del servicio de aguas en el ayuntamiento de su pueblo estaban cubiertas y el negocio de churrero no se les daba bien del todo. Otros, los menos, acabaron de escritores como se acaba de calvo, de bajito o de narizotas: porque tenían un gen que les abocaba a ello y no les quedó más remedio. De estos últimos es Montero Glez, de los que antes se les llamaba escritores de raza, y ahora, en estos tiempos de pichaflojas, se les insulta calificándolos de vocacionales. Y tener raza es distinto que tener vocación, carajo… Pero ya hablaremos otro día de eso.

No es la primera novela que leo de Montero Glez. Tampoco las he leído todas, esa es la verdad, pero después de Sed de Champán y Pólvora Negra, dos obras absolutamente brillantes, sobre todo por la sensación que dejan, esperaba encontrarme el desgarro que siempre produce el choque entre la verdad, y la conveniencia, la ética y la estética, y sobre todo, lo que decimos desear y lo que realmente deseamos. Y no me falló: eso fue lo que encontré, en personajes que en nada se parecen a los frankensteins de las fórmulas editoriales, en escenarios a veces a media luz, a veces a oscuras, pero nunca artificialmente crepusculares. Los personajes de Montero Glez pueden ser putas o delincuentes, peor nunca niños guays ni vampiros adolescentes con pasaporte yanky.

¿Es una novela negra Talco y Bronce? Por supuesto. Lo es por su temática, por su ambiente, por el carácter de su u personajes y por la implacable mecánica que los genera y los tritura. Perop también es una novela social, y una novela psicológica, y por eso puede llegar a un público más amplio que los amantes del relato criminal. Talco y Bronce es una novela sobre lo que fuimos y sobre lo que deseamos, obre lo que se cocinó dentro del huevo y de la ninfa antes de la metamorfosis de aquella España franquista que terminó siendo más libre, pero nunca más valiente, que acabó siendo más rica, pero nunca menos miserable.

Montero Glez lo ha sabido ver y lo ha sabido transmitir. Ahora que se nos ha muerto Alvite, no conozco a muchos más que sepan.

Talco y bronce. No se la pierdan.

Sabed que mi nombre se perdió (Juan Tazón)

Sabed que mi nombre se perdió

Sabed que mi nombre se perdió

Después de su oscura e insinuante novela “los caballeros de las Sombras”, Juan Tazón nos transporta de nuevo a las intrigas imperiales españolas con esta obra, acaso un poco menos tenebrosa que al anterior, pero habitada por los mismo personajes inolvidables y la misma trama certera.
El capitán Alonso Cobos, veterano de los Tercios De Flandes, volverá a internarse en los laberintos de las tensas relaciones entre españoles y británicos, católicos, anglicanos y protestantes y, sobre todo, en los enfrentamientos personales entre los distintos ministros y validos, que intentan, cada cual por su lado, utilizar los resortes del poder en su favor.

Estamos en la época de Felipe II y la lucha contra los ingleses. Los irlandeses está en medio, católicos y enfrentados a los británicos ya por viejos rencores. ¿Cual es el papel de España, principal potencia del mundo y amparo del catolicismo? ¿Qué se puede hacer a las claras y qué debe permanecer oculto?
La novela, más que una continuación de la obra anterior de Tazón, es una explicación de los orígenes y carácter de su protagonista: sus primeros pasos, su encuentro con Idiáquez, y los hechos que fueron forjando su temperamento.
Compuesto en un estilo bien elaborado, la principal baza de Tazón es el conocimiento de la época y el manejo de los escenarios, que no son solamente el lienzo sobre el que se trazan los hechos, sino parte muy significativa de todo lo que sucede.

Pretendiéndolo o no, el autor transmite al ida de que cada tierra cría sus hombres, y cada tipo de hombre moldea la tierra que habita, en una unión más intima de lo que a menudo queremos reconocer.

Quien sólo busque una novela histórica quizás la encuentra demasiado embebida en sus propias reglas y normas, pero para el aficionado a la época y el entusiasta de la precisión, es una novel imprescindible.

Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

(1.a parte, 1605; 2.a parte, 1615)

Su título completo es El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Man­cha ||

PARTE PRIMERA.

Capítulo I: Cervantes describe las costumbres, casa, familia, aficiones y clase social del pro­tagonista Alonso Quijano; subraya la importancia que tienen para él los libros de caballerías y cómo acaba con­vencido de que son reales las peripecias que éstos narran; decide entonces hacerse caballero andante, para lo cual rehace una armadura de sus bisabuelos, busca caballería (Rocinante) y una dama para enamorarse (Dulcinea).

Capítulo II: El protagonista inicia su primera salida un viernes al amanecer; hacia el atardecer se encuentra con una venta en el camino real, donde halla un ventero so­carrón y dos prostitutas que lo reciben y le dan de comer.

Capítulo III: Don Quijote pide al ventero que le arme ca­ballero, no sin antes proceder a la vela de armas durante la noche, motivo que le lleva a enfrentarse a dos arrieros que pretendían moverlas para dar de beber a las bestias. Al día siguiente tiene lugar el simulacro para armarlo ca­ballero; el personaje abandona la venta.
Capítulo IV: Don Quijote sale de la venta; encuentra a Juan Haldudo quien está azotando al joven Andrés a quien tiene atado a una encina; le obliga que lo libere y le pague la soldada adeudada; de que Juan Haldudo no ha cumplido su promesa, nos enteramos por boca de Andrés en el capítulo 31 de la primera parte. Poco des­pués don Quijote se encuentra con unos comerciantes toledanos que van camino de Murcia y a quienes pretende hacer confesar que Dulcinea es la más hermosa doncella del mundo. Rocinante tropieza y don Quijote es apa­leado.

Capítulo V: Arrojado en un barranco, don Quijote cree que es un héroe del romancero hasta que pasa cerca Pero Alonso, vecino de su pueblo, lo reconoce y lo recoge, es­perando hasta la noche para llevarlo a su casa, donde en­contrará a Pero Pérez (el cura) y a maese Nicolás (el bar­bero) departiendo con la sobrina y el ama.

Capítulo VI: El cura y el barbero realizan un escrutinio de la biblioteca de Alonso Quijano y queman algunos de sus libros, mientras perdonan la vida a otros por sus ex­celencias. Aquí termina la primera salida de don Quijote.

Capítulo VII: Don Quijote despierta y vuelve a dormirse tras una breve comida y discusión con el ama y el cura. Ésta tapia la habitación de sus libros. Don Quijote se hace con algún dinero y solicita a un labrador pobre de su pueblo (Sancho Panza) que le sirva de escudero, pro­metiéndole un reino o una ínsula (isla) a la que gober­nar. Comienza la segunda salida, que terminará al final de la primera parte.

Capítulo VIII: Don Quijote divisa unos molinos de vien­to e imagina que son gigantes; al intentar atacarlos es izado por una aspa y, tras dar vueltas en el aire, cae al suelo. Poco después se encuentra con una comitiva de frailes de San Benito que, junto a varios caballeros, acompañan un coche. Don Quijote, que cree que en aquél va raptada una doncella, ataca a un fraile, al que deja malherido en el suelo, pero uno de los caballeros, de ori­gen vasco (el «vizcaíno») le planta cara.
Capítulo IX: El autor finge que se interrumpe la histo­ria. Finalmente encuentra en Toledo un manuscrito ará­bigo de las aventuras de don Quijote, que ordena tradu­cir; el autor del mismo es Cide Hamete Benengeli, que significa señor Hamete Berenjena. En el manuscrito se reanuda el combate y don Quijote derrota al vizcaíno, pero le perdona la vida a ruego de las damas del coche.

Capítulo X: Don Quijote departe con su escudero y nom­bra por vez primera el «bálsamo de Fierabrás». Buscan­do dicho ungüento, encuentra rota su celada, por lo que promete solemnemente para sustituirla recuperar el «yel­mo de Mambrino». Éste es uno de los motivos estructu­rales de toda la primera parte.

Capítulo XI: Don Quijote y Sancho se encuentran con unos cabreros. Comiendo con ellos don Quijote pronun­cia el discurso de la Edad de Oro. El joven cabrero An­tonio canta una canción.

Capítulo XII: Un cabrero cuenta a don Quijote y a sus acompañantes la muerte de amor de Grisóstomo y la his­toria de Marcela, bella pastora indiferente a una multi­tud de enamorados pastores.

Capítulo XIII: Al día siguiente, don Quijote y su escu­dero se dirigen, acompañando a los pastores, al entierro de Grisóstomo. Por el camino departen de caballerías y los cabreros acaban de comprender que don Quijote no está en sus cabales.

Capítulo XIV: Vivaldo, amigo de Grisóstomo, canta la «Canción desesperada», poema escrito por Grisóstomo antes de morir. Apenas acabada la canción, aparece Mar­cela en lo alto de una peña y defiende su libertad de ele­gir o no elegir amante. Al irse intentan perseguirla, pero don Quijote lo impide.

Capítulo XV: Buscando a Marcela los protagonistas se hallan en un bosque, donde Rocinante topa con unas ye­guas a las que intenta «seducir», pero los yangüeses (na­turales de Yangüas), dueños de las yeguas, apedrean al rocín, a quien salen a defender don Quijote y Sancho, que son a su turno apaleados. Sancho monta a don Qui­jote en su asno y recogiendo a Rocinante se encamina a una venta.

Capítulo XVI: Sancho y su señor llegan a una venta que don Quijote cree castillo. Por la noche, Maritornes, chi­ca de la venta, intenta acostarse con un arriero, pero al pasar junto a la cama de don Quijote éste comienza a re­quebrarla pensando que es la dama de un castillo. El arriero, celoso, golpea a don Quijote y comienza una con­fusa pelea en la oscuridad que termina cuando un miem­bro de la Santa Hermandad afirma que alguien ha muerto.
Capítulo XVII: Don Quijote queda molido sobre la cama departiendo con Sancho, a quien confía la fórmula del «bálsamo de Fierabrás». Sancho pide lo necesario para hacerlo. Don Quijote lo toma y sana, pero Sancho de pronto comienza a sudar y desaguarse «por entrambas canales». Don Quijote se va sin pagar y los arrieros de la venta, para vengarse, mantean a Sancho.
Capítulo XVIII: Don Quijote se encuentra con un reba­ño de cabras al que toma por un ejército musulmán. Los cabreros lo apedrean y le rompen los dientes mientras don Quijote intenta beber del bálsamo. Cuando se han ido los cabreros, se acerca Sancho y don Quijote le vo­mita en la cara. Al darse cuenta, Sancho vomita a su vez sobre don Quijote.
Capitulo XIX: Don Quijote se encuentra con una proce­sión que traslada un cuerpo muerto, pero se imagina un rapto y la ataca, creando la confusión y desbandada. San­cho, a la luz de las antorchas, le llama, por vez primera, «Caballero de la Triste Figura».
Capítulo XX: En plena noche, los dos protagonistas se internan por un prado y de pronto comienzan a oír for- tísimos golpes. Don Quijote quiere lanzarse a la aventu­ra, pero se lo impide Sancho que, muerto de miedo, ata las piernas de Rocinante en la oscuridad. Poco después, y ante la insistencia de los golpes, Sancho defeca de mie­do en sus ropas. Al amanecer se dan cuenta que se trata de los batanes de un molino. Sancho se burla de su amo. Capítulo XXI: Sancho y Quijote abandonan el molino y se encuentran con un barbero que lleva una «bacía» (pa­langana) en la cabeza. Don Quijote cree que es el «yel­mo de Mambrino» y se lo arrebata. El barbero huye y Sancho saquea al asno del barbero.
Capítulo XXII: Don Quijote se encuentra con una cade­na de galeotes (encadenados que iban condenados a re­mar en galeras según prescripción penal), entre los que se halla Ginés de Pasamonte, y los libera. Después es ape­dreado por ellos.
Capítulo XXIII: Amo y escudero se encaminan a Sierra Morena. Se encuentran primero la maleta de Cardenio y después con un cabrero que comienza a explicarles la his­toria de aquél, joven loco de amor que abandona su pue­blo por despecho de Luscinda, que se había casado con Fernando. Al final, se presenta el propio Cardenio. Capítulo XXIV: Dan de comer a Cardenio y él mismo si­gue contando su historia, pero don Quijote lo interrum­pe cuando comienza a hablar de caballerías. Cardenio tie­ne un acceso de locura y se va tras un pequeño forcejeo con don Quijote.
Capítulo XXV: Don Quijote se despide del cabrero y co­mienza la penitencia de Beltenebros (soledad, suspiros, versos que escribe en los árboles y volteretas en pelota en honor de su señora, que se imagina lo ha desdeñado). Dicta una carta para Dulcinea que encarga a Sancho así como una cédula por tres pollinos. Como sabremos des­pués, Sancho olvida la carta.
Capítulo XXVI: Don Quijote sigue con su penitencia mientras Sancho parte con la carta, pero al acercarse a la venta se encuentra con el cura y el barbero que están buscando a don Quijote. El cura planea la forma de de­volverlo a su pueblo vistiendo de dama menesterosa al barbero.
Capítulo XXVII: En el camino, los tres personajes, se en­cuentran con Cardenio, que acaba de contarles su his­toria.
Capítulo XXVIII: Poco después los cuatro se encuentran con Dorotea, joven aldeana rica desdeñada por Fernan­do a cambio de Luscinda.
Capítulo XXIX: Cardenio se da a conocer a Dorotea, y ésta se ofrece para salvar a don Quijote y se viste de don­cella menesterosa (princesa Micomicona). Guiados por Sancho, se encuentra la comitiva con don Quijote, quien promete no entrar en ninguna aventura antes de salvar el reino Micomicón. A tal efecto se encaminan a la venta. Capítulo XXX: Departen los seis y Dorotea cuenta a don Quijote la historia falsa de su supuesto padre Tinacrio el Sabidor. Sancho aconseja a su amo que se case con la princesa Micomicona. Sancho y don Quijote cabalgan juntos por delante y éste le pide cuentas de Dulcinea. Capítulo XXXI: Sancho sigue contando a don Quijote su encuentro imaginario con Dulcinea. Se encuentran con Andrés (v. cap. VI) que les cuenta el final del castigo que le propinó Juan Haldudo olvidando la promesa hecha a don Quijote. Éste quiere vengarse de Juan Haldudo, pero se lo impide Dorotea.
Capítulo XXXII: El cura y el ventero charlan de libros de caballerías, resultando que el ventero cree en la ver­dad de esos libros, aunque reconoce la locura de don Qui­jote. En una maleta encuentran la Novela del curioso im­pertinente. El cura se dispone a leerla.
Capítulos XXXIII-XXXV: La novela del curioso imper­tinente: en la Florencia del siglo XV viven dos amigos ín­timos llamados Anselmo y Lotario. Anselmo se casa con Camila. Entonces se le ocurre la idea de probar su fide­lidad. Después de muchas discusiones Lotario accede al juego de seducirla. Pero tras varias maniobras (de An­selmo para empujar al amigo a que siga el juego y de Lo­tario para librarse de tan absurdo cometido) resulta que Lotario se enamora de Camila y Camila de Lotario. In­tenta mantener el engaño con ayuda de una criada de Ca­mila (Leonela), pero finalmente ambos huyen dejando a Anselmo solo, que acaba muriendo de pena. La novela sólo se interrumpe brevemente cuando al comenzar el ca­pítulo XXXV don Quijote confunde los cueros de vino tinto con gigantes y los revienta a golpes, creando la con­fusión en la venta.
Capítulo XXXVI: Llega Fernando a la venta acompaña­do de Luscinda y varios mozos. Cardenio y Dorotea, y Fernando y Luscinda se reconocen entre sí. Final­mente Fernando accede a reconocer a Dorotea como es­posa puesto que la boda con Luscinda no se había consumado.
Capítulo XXXVII: Sancho descubre que la princesa Mi­comicona es Dorotea y se lo dice a su amo, lo que pro­voca un gracioso incidente. Llegan a la venta Zoraida y el «capitán cautivo». Se ponen todos a cenar y don Qui­jote comienza el «Discurso de las armas y las letras». Capítulo XXVIII: Don Quijote termina su Discurso. Fer­nando ruega al «cautivo» que cuente su vida.
Capítulo XXXIX-XLI: El «capitán cautivo» cuenta su vida (Novela del capitán cautivo, si bien Cervantes no la titula en este lugar, aunque sí en el capítulo XLIV de la segunda parte). Ruy Pérez de Viedma, originario de las montañas leonesas, se despide de sus padres y de sus dos hermanos y parte para seguir la carrera militar. Pelea en Flandes y en Lepanto, donde es apresado, pasando a Ar­gel como esclavo. Allí conoce a Zoraida, hija del rene­gado Agi Morato (Hajji Murad), que desea huir a país cristiano y convertirse al cristianismo. Con la ayuda de un renegado logran escapar llevando consigo, por acci­dente, al padre de Zoraida, a quien abandonan en un lu­gar solitario de la costa africana. Finalmente, antes de lle­gar a las costas de Málaga, son saqueados por piratas franceses.
Capítulo XLII: Aquella misma noche llega a la venta un oidor o magistrado. El capitán descubre que es su her­mano Juan Pérez de Viedma. El cura prepara al oidor y poco después le revela la identidad del «capitán cautivo».
Capítulo XLIII: Por la noche un joven comienza a can­tar canciones de amor. Resulta ser don Luis, enamorado de Clara, hija del oidor. La hija de la ventera y Maritor­nes dejan colgado a don Quijote por la parte exterior de una ventana hasta el amanecer. Por la mañana llega una cuadrilla buscando a don Luis.
Capítulo XLIV: Los criados de don Luis lo encuentran, los demás huéspedes se interesan por su caso. Otros dos que Cervantes no nombra intentan escapar sin pagar, im­pidiéndoselo el ventero. Don Luis declara al oidor el amor que le tiene a su hija, doña Clara. Entra en la ven­ta el barbero a quien don Quijote quitó la bacía y acusa de ladrones a él y a Sancho. Éste y el barbero comienzan a pelearse y don Quijote sostiene con ardor ante los pre­sentes que la bacía es el «yelmo de Mambrino».
Capítulo XLV: El cura y el barbero de su pueblo siguen la burla a don Quijote, así como don Fernando, quien hace votar a los presentes por qué causa se inclinan. Los servidores de don Luis y algunos cuadrilleros no entien­den la burla y comienza una pelea entre ambos bandos. Una vez sosegados, uno de los cuadrilleros quiere pren­der a don Quijote por el caso de los galeotes.
Capítulo XLVI: El cura apacigua a los cuadrilleros de la Santa Hermandad, paga los ocho reales de la bacía y de­vuelve la albarda al pobre barbero. El cura manda hacer una jaula y se concierta con un carretero para llevar a don Quijote a su aldea. Lo atan mientras duerme y una vez despierto lo meten en la jaula sobre el carro de bue­yes. El barbero de su pueblo lanza una profecía asegu­rando a don Quijote que lo llevan al reino Micomicón. Capítulo XLVII: Los diferentes viajeros abandonan la venta. El ventero lleva al cura una novela que ha encon­trado en el forro de la misma maleta donde estaba la No­vela del curioso impertinente y el cura la abre y comprue­ba que es la Novela de Rinconete y Cortadillo (publicada en 1613 en las Novelas ejemplares de Cervantes). El cura y el barbero, con antifaces, conducen a don Quijote. En el camino se encuentran con «el canónigo de Toledo», quien comienza a hablar con el cura de libros de ca­ballerías.
Capítulo XL VIII: El cura y el canónigo siguen su charla. Hablan también de teatro. Cervantes defiende el teatro clásico, aunque comprende la fórmula lopesca, exigida por el público. Subraya la variedad posible en la narra­tiva caballeresca. Sancho pregunta a su amo si no tiene ganas de «hacer aguas», para convencerlo de que no está encantado.
Capítulo XLIX: Dejan salir de la jaula a don Quijote con la promesa de no escapar. El canónigo habla con don Quijote e intenta disuadirle de sus propósitos.
Capítulo L: Don Quijote sigue defendiendo ante el canó­nigo la verdad de los libros de caballería. Un cabrero que se encuentran mientras persigue una cabra comienza a contarles la historia de Leandra y Vicente de la Rosa. Capítulo LI: Historia de Leandra y Vicente de la Rosa (Roca en las ediciones posteriores).
Capítulo LII: Eugenio comienza a pelearse con don Qui­jote; aparece una compañía de disciplinantes (clérigos que se dan azotes, ‘disciplinas’) y cantan letanías para conjurar la lluvia; don Quijote les ataca cuando comien­zan a reírse de él y uno de ellos le golpea. El cura, que conoce a un disciplinante, pone paz. Finalmente, llegan a la aldea de don Quijote. El autor afirma que buscó y no encontró nuevos manuscritos de la obra, para termi­nar con una suerte de versos burlescos de los «académi­cos de Argamasilla».
PARTE SEGUNDA. Capítulo I: Esta Segunda Parte nos cuenta la tercera salida de don Quijote. El cura y el bar­bero van a visitar a don Quijote que está en cama y ha­blando con él concluyen que sigue tan perturbado como antes.
Capítulo II: Sancho Panza va a visitar al ama y tiene una ligera pendencia con ella y la sobrina. Sancho cuenta a don Quijote lo que dicen de él y le da la noticia de ha­berse publicado la primera parte de la obra.
Capítulo III: Don Quijote, Sancho y el bachiller Sansón Carrasco departen de caballerías y de la primera parte de la obra, especialmente sobre la verdad de la historia y la crítica de las novelas intercaladas. Sancho se va a comer. Capítulo IV: Vuelve Sancho y sigue la charla. El bachi­ller pregunta varias dudas acerca de la primera parte: el rucio de Sancho, los cien escudos de Sierra Morena, etc. Capítulo V: Sancho departe con su mujer sobre la terce­ra salida y el gobierno de la «ínsula». El narrador (es de­cir, el supuesto traductor de Cide Hamete Benengeli) nos informa que considera apócrifo este capítulo por el esti­lo del habla de Sancho.
Capítulo VI: Don Quijote discute con ama y sobrina so­bre su próxima y tercera salida. Sancho llega de nuevo a casa de don Quijote.
Capítulo VII: El ama va a buscar a Sansón Carrasco para que convenza a don Quijote; el bachiller le promete ayu­darla. Sancho departe con don Quijote, le pide salario fijo; se enfada don Quijote, pero al final ambos se abrazan.
Capítulo VIII: Finalmente salen don Quijote y Sancho y se dirigen al Toboso en busca de Dulcinea. Departe en el camino sobre caballeros y reliquias de santos.
Capítulo IX: Entran por la noche en el Toboso y bus­cando el palacio de Dulcinea; se encuentran con la Igle­sia. Preguntan a un labrador por Dulcinea, pero éste no les sabe dar señas. Al amanecer y por consejo de Sancho se esconden en un bosque cercano.
Capítulo X: Sancho deja a su amo en el bosque y va a buscar a Dulcinea. Tras pensar el engaño, vuelve asegu­rando que la ha encontrado, y embauca a don Quijote jurando que tres aldeanas que halló en el camino son Dul­cinea y sus doncellas. Se sucede una escena cómica y su amo piensa que es de nuevo engañado por encantadores. Capítulo XI: Sancho y don Quijote se encuentran con una compañía de cómicos que van a representar el auto sacramental de Las Cortes de la Muerte. Don Quijote sa­luda a los farsantes, pero es atacado por lo que él supo­ne un diablo. Al intentar vengarse lo reciben a pedradas. Capítulo XII: Internados en un bosque se encuentran con el Caballero de los Espejos (también llamado por el narrador «Caballero del bosque», por el sitio donde lo encuentra don Quijote) y su escudero.
Capítulo XIII: Caballeros y escuderos departen por se­parado. Sancho y el escudero del Caballero de los Espe­jos comen apaciblemente y hablan de sus amos y los usos de la caballería.
Capítulo XIV: El Caballero del bosque se precia de ha­ber vencido a don Quijote y de que su dama es la más bella de cuantas hay. Negándose a conceder ambos ex­tremos, don Quijote le reta a duelo. Despiertan a los es­cuderos que han de pelear entre sí. Sancho se niega y pide a don Quijote que lo suba a un alcornoque. Don Quijote vence al de los Espejos que resulta ser Sansón Carrasco, y su escudero, Tomé Cecial, vecino de la aldea.
Capítulo XV: El narrador nos cuenta cómo desde que Sansón Carrasco prometió ayuda al ama ideó seguir a don Quijote, retarlo en duelo, vencerlo y hacerle jurar que nunca más saldría de su pueblo. Tomé Cecial se des­pide de él y vuelve a la aldea. Sansón Carrasco, magu­llado, jura vengarse de don Quijote.
Capítulo XVI: Departiendo por el camino se encuentran con un caballero que el narrador llama «Caballero del Verde Gabán», hidalgo hacendado y culto de vida vir­tuosa. Habla de su hijo, a quien quisiera ver estudiando derecho pero que se inclina por la poesía. Don Quijote le aconseja y nuestro caballero se admira de la lúcida lo­cura de don Quijote.
Capítulo XVII: De camino se encuentran con una carre­ta de leones, regalo del rey de Marruecos para el rey de España, que don Quijote obliga a abrir para enfrentarse a los leones, pero éstos, muertos de hambre, no hacen caso de don Quijote, quien se considera vencedor de tan peligrosa aventura. Sancho llama a su amo «Caballero de los leones». El Caballero del Verde Gabán los invita a comer.
Capítulo XVIII: Don Quijote y Sancho comen con don Diego de Miranda, mujer e hijo. Éste lee una glosa y un soneto que dejan admirado a don Quijote, quien, a su vez, los deja admirados a ellos.
Capítulo XIX: Don Quijote y Sancho dan con un grupo de gentes que van a las bodas de Camacho el rico y Qui­teña. Ésta ha abandonado el cariño fraternal con Basilio y aconsejada por sus padres va a casarse con Camacho. En el camino, discuten de estocadas entre un licenciado y el bachiller Corchuelo, y vence aquél siguiendo los tra­tados teóricos de esgrima, moda de la época, cuyo valor era el centro de la discusión.
Capítulo XX: Cervantes nos describe con gran aparato las fiestas de las bodas, con una pequeña representación alegórica. Sancho hace delicias comiendo por todas par­tes, al tiempo que discute con don Quijote sobre la ri­queza de los amantes.
Capítulo XXI: Llega Quiteria y poco después irrumpe Basilio. Éste le recuerda sus amores de juventud y se en­sarta en el pecho, pidiendo casarse con ella en las ansias de la muerte. No obstante, una vez casados descubre que no se había ensartado, y, por tanto, está ya casado con Quiteria. Tras un amago de lucha entre ambos bandos, llega la paz.
Capitulo XXII: Después de solazarse unos días en casa de Basilio, parten con un primo suyo, llamado «el Pri­mo», que es experto en cosas inútiles (el primer estornu­do, etc.), quien los conduce a la cueva de Montesinos, donde entra don Quijote encordado y es sacado de allí después de hora y media.
Capítulo XXIII: Don Quijote cuenta al primo y a San­cho que en la cueva de Montesinos se quedó dormido y soñó que, durante tres días, había estado con Montesi­nos y Durandarte, ambos encantados, y que ha visto en­cantada a Dulcinea en figura de labradora. Sancho duda de la verdad de ese sueño.
Capítulo XXIV: El traductor comenta una glosa de Cide Hamete Benengeli donde duda de la verdad de don Qui­jote y señala como apócrifa esta aventura. El primo quie­re conducirlos a una ermita pero se van a una venta pues­to que encuentran a un hombre armado que afirma les contará allí maravillas. También se encuentran un mu­chacho que va a la guerra.
Capítulo XXV: El viajero que iba armado les comenta la historia de dos alcaldes que buscan un burro rebuznando por el bosque, de donde nacen las burlas de los pueblos vecinos y de ahí las luchas entre ellos. Llega maese Pe- nocturna a la luz de las antorchas Radamanto y Minos, jueces del infierno, condenan a Sancho a ser escarnecido por la muerte de Altisidora, rechazada por don Quijote. Sancho se duele de su fortuna pero accede. Altisidora re­sucita y pone fin a la burla.
Capítulo LXX: El Narrador nos contará cómo supieron los duques por boca de Sansón Carrasco, que también ha­bía pernoctado en su palacio cuando iba en busca de don Quijote a Zaragoza, de la vuelta de ambos héroes y cómo prepararon la burla contando con la desenvoltura de Al­tisidora. Ésta los visita al día siguiente. Don Quijote come con los duques y parte.
Capítulo LXXI: Sancho consigue que don Quijote le asig­ne un sueldo por cada azote que se dé para desencantar a Dulcinea, comenzando inmediatamente su penitencia, pero encuentra la forma de suavizarla apartándose un poco de la vista de don Quijote y azotando las cortezas de las hayas.
Capítulo LXXII: Camino de su aldea encuentran en un mesón a don Alvaro Tarfe, personaje de la Segunda Par­te apócrifa de Avellaneda. Consiguen que don Alvaro certifique ante el alcalde del pueblo, que por acaso apa­rece en el mesón, que ellos son los auténticos don Qui­jote y Sancho. Sancho sigue con su singular penitencia y termina los azotes reglamentados por Merlín (v. Segun­da Parte, Capítulo XXXV). Desde un alto divisan la aldea.
Capítulo LXXIII: Don Quijote interpreta como de mal agüero varios sucesos que le ocurren a la entrada de su pueblo. Rodeados de muchachos, se encuentran respec­tivamente con Teresa, mujer de Sancho, y con el ama y sobrina. Don Quijote se retira a charlar con el cura, el barbero y Sansón Carrasco y les cuenta sus aventuras y derrotas en Barcelona, así como su proyecto de Arcadia pastoril, al que se suma entusiasmado Sansón Carrasco y que enfurece al ama.
Capítulo LXXIV: Don Quijote cae enfermo y el médico les comunica el peligro que corre su vida. Duerme un poco y despierta cuerdo. Convertido de nuevo en Alonso Quijano «el bueno», desengaña a todos los que quieren seguirle el curso de sus pasadas locuras caballerescas y pastoriles. Dicta testamento y fallece. Finalmente la plu­ma de Cide Hamete Benengeli se despide del lector. Don Segundo Sombra (1926) novela de R. Güiral- des || Ambientada en la pampa argentina y narrada en pri­mera persona por el propio protagonista, que evoca su vida a partir de una infancia pobre y abandonada, la obra narra la historia de un muchacho, hijo ilegítimo y «bas­tardo», que vive con unas agrias solteronas y que un buen día huye en compañía de un legendario gaucho, Don Se­gundo Sombra. Desde este momento, el muchacho, Fa- bio Cáceres, se va adiestrando, bajo la experta guía del viejo gaucho, su padre y padrino, en la ruda existencia de la pampa: aprende cómo capturar un caballo salvaje, cómo domarlo, cómo cuidar del ganado, etc. La vida errabunda y libre del gaucho, junto con su buen sentido popular, es así exaltada y mitificada. Al fin, el joven en­cuentra a su padre y se convierte en estanciero, y don Se­gundo Sombra, una vez concluida su tarea de iniciador, reemprende su camino y desaparece.

Palabras Mayores, de Emilio Gancedo

Decía una vez Kundera, creo que enPalabras Mayores

Palabras Mayores

En esa guerra, y contra ese peligro, combate el autor de este libro.

Palabras mayores’  es el resultado del viaje que Emilio Gancedo emprendió, entre los meses de febrero y abril de 2013, por todas las comunidades autónomas del país. Buscó a personas anónimas con muchos años y con muchas cosas que contar, la inmensa mayoría procedentes del medio rural, y entabló con ellas unos diálogos repletos de proteína narrativa. Por medio de esos relatos vitales –tantas veces sorprendentes, fascinantes o increíbles, tan cercanos incluso a la ficción– estas gentes logran aportar, al autor y a los lectores, parte de ese sentido común, de esa filosofía natural y de esa humanidad que nuestra sociedad parece haber perdido sin remedio.

Desde el emigrante gallego que se convirtió en fotógrafo de celebridades a los marineros barceloneses obsesionados por las capturas y los naufragios; desde el soldado navarro que cada año lanza un chupinazo en recuerdo de unas nieblas verdaderamente milagrosas al maestro oscense cuyo pueblo languideció hasta quedar sin un solo vecino pasando por el extremeño familiarizado con los platillos volantes, el comerciante valenciano hecho a sí mismo, el sanador castellano que levantó con sus propias manos un museo agrícola, el maderero conquense o el viejo trashumante de la sierra de Madrid, Palabras mayores es no sólo una lección de dignidad, humildad, humor y sencillez dictada por personas que se vieron obligadas a enfrentar problemas infinitamente mayores que la actual crisis económica sino también un sugestivo viaje por todo el Estado a través de sus gentes, lenguas, festejos, paisajes y acentos.