El séptimo velo (Juan Manuel de Prada)

El séptimo velo, Juan Manuel de Prada

Seix Barral, 2007

648 páginas, 21,5 €

Tan acostumbrados estamos a presenciar violaciones históricas que siempre resulta grato encontrar una obra en la que se refleje el ambiente, a mi juicio veraz, de la Francia ocupada, esa nación que lo fue de sesenta mil combatientes de la resistencia y varios millones de colaboracionistas satisfechos con los ocupantes.

La recreación histórica es sin duda el mejor logro de esta obra, reflejo de una prosa brillante y una trama flojísima. Nos encontramos, sin duda, ante una novela en la que el autor muestra recursos narrativos de maestro y materiales argumentales de culebrón venezolano, con algún que otro decaer por aquella prosa folletinesca que sus autores parecían haber contratado por heminas, cántaros y arrobas.

A lo largo de las muchas, demasiadas páginas de este libro, nos encontramos con personajes que sufren amnesia, judíos ocultos por un circo de la resistencia regentado por un republicano español poco convencido con la República, nazis malísimos, rijosos (de Prada dice sicalípticos de cuando en vez) y bastante imbéciles, ciudades pobretonas, ambientes pobretones, y ropas pobretonas también. Nos encontramos con un protagonista que aprende trucos circenses y que es capaz de largarse de cualquier mazmorra, con hijos deprimidos necesitados de identidad, hijas depresivas necesitadas del hijo que necesita identidad, curas brutotes tipo don Camilo y toda una suerte de tópicos argumentales revenidos que convierten la novela en una especie de cercanías que los va recorriendo, saltándose solamente alguna parada, como la de los gemelos que sirven para confundir al adversario. Porque gemelos, no salen, oigan, y ya se extraña uno.

Y aún así, lo crean o no, la novela se lee con gusto. Se lee con verdadero placer porque vale la pena leer a Juan Manuel de Prada incluso cuando dice tonterías y se va por los cerros de Úbeda, Almendralejo y Santiago de la Valduerna. Su capacidad para manejar la palabra, para atreverse a emplear el término obtuso pero preciso, para introducir al narrador en medio de la voz de los personajes, y viceversa, convierten la lectura de este importante tomo en una aventura literaria de lo más recomendable.

Así que si de algo les sirve mi opinión, disfruten de la prosa del autor, ilústrense con la gloriosa ambientación histórica y manden al demonio, al séptimo demonio, las supuestas intrigas del argumento, la moraleja que buscará no sé quién para que encaje en la venta de catecismos solidarios o de autoayuda y las muchas y lloradas tristezas vitales de las almas traspasadas que protagonizan los hechos.

Y así, sí. Así aplaudirán. Se lo aseguro.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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La caza salvaje (Jon Juaristi)

La caza salvaje

Premio Azorín de novela, 2007

Editorial Planeta, 2007

432 páginas, 21 €

 

Un libro que empieza con Unamuno entrando en una cueva bien puede terminar con los personajes hablando con el autor, en tono exigente, para pedirle cuentas de los papeles que les ha tocado en suerte representar. Unamuno muestra los bisontes de Altamira a un joven discípulo, y a partir de esa imagen entre mágica y feroz se desencadena la trama.

En la caza salvaje, de Jon Juaristi, se dan cita por igual las citas cultas y los chascarrillos del humor más descarnado. Nos encontramos ante una novela a medio camino entre el género negro, la denuncia política y la antropología encubierta de Umberto Eco en su Péndulo de Foulcault, en un aquelarre en que la sangre origina a veces la leyenda, y la leyenda la sangre.

Martín Abadía, un cura vasco cuyo nombre curiosamente coincide con el de el cazador maldito, versión euskaldún del judío errante, va recorriendo las vicisitudes de Europa siempre en contacto con los más irredentos nacionalismos. La acción comienza con los acuerdos de Santoña, cuando los nacionalistas vascos se entregan a las tropas franquistas sin combatir, y evoluciona alocada pero lógicamente con el paso de este sacerdote a Francia, sus connivencias con los nazis, su regreso a la España franquista y sus contactos con los nacionalistas balcánicos. El protagonista, siempre hábil para escapar de cualquier derrota, va mutando su idealismo en instinto de cazador, hasta verse convertido en un jugador de la vida y de la muerte que ya no lucha ni engaña por lograr sus objetivos, sino porque esa es su naturaleza.

En una grandiosa fábula, ante todo entretenida y chispeante, Juaristi trata de demostrar que no hay ruptura lógica en el paso de cura de aldea a nazi, y de nazi a inspirador de ETA. Los personajes, algunos delirantes, se van sucediendo en la novela a la par que muestran sus explicaciones cosmológicas sobre el significado de la unión sanguínea entre el hombre y la tierra que habita. La idea, curiosamente, es la misma en la que abunda Alfred Rosemberg en su obra El Mito del siglo XX, pero Juaristi la hace más accesible, y también más actual, con los ejemplos, los personajes y las vicisitudes que nos propone. Pero la idea es la misma: la comunión entre la tierra y los hombres que la habitan es algo místico, y en las aras de la raza y de la lengua, de lo ancestral más profundo, cualquier sacrificio el legítimo.

Al final el resultado es un libro muy ameno y muy completo, con retazos de aventuras, fragmentos de género negro y unas cuantas disertaciones sobre el folclore europeo, su confluencia en algunos temas principales, y la universalidad del hecho de que todos nos creemos mejores que nuestros vecinos y encontramos siempre un buen cuento para justificar tal creencia.

Aunque se nota que el autor trata de evitarlo, a veces surgen ciertas rasgos de erudición, que de todos modos no entorpecen la lectura cualquiera que sea el conocimiento previo de la materia que tenga el lector.

En conclusión, estamos ante un libro que nos obligará a tomar algún apunte, o a señalar una página para tomarlo más adelante, porque la trama y la acción no admiten dilaciones ni interrupciones. Tómenlo sin prejuicios y lo leerán en tres tardes. Ya lo verán.

 

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MANUAL DE LOS VIAJES EN EL TIEMPO (Alejandro Herrnsdorf)

Selección de cuentos cortos de literatura fantástica, con fuerte influencia en el horror de Howard Philippe Lovecraft y su Círculo, y Ray Bradbury e Isaac Asimov en lo fantástico. Continúa la línea iniciada en Paraguay por Manuel Argüello y ampliada por Osvaldo González Real, considerado el verdadero creador de la ciencia-ficción en el Paraguay. Desde el primer cuento, Viaje Primero – El retorno a la inocencia- se sugiere al lector la existencia ur alt, de la posibilidad de viajar en el tiempo, acompañada esta idea con fuertes elementos cthulhuianos, aunque sin el factor desesperanza. El último, La piedra negra, es corolario de lo antedicho.

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Así habló Fidel Castro

Es una compilación resumida de reflexiones, pensamientos e ideas que poseen un sentido didáctico proporcionándole al lector cultura política. Fueron extraídos de discursos, cartas personales, entrevistas, etcétera. Este trabajo abarca un período entre 1952 y diciembre del 2007. Cada fragmento esta organizado en 108 temas y dentro de estos ordenados con un orden cronológico.  Su autor es el cubano Roberto Bonachea Entrialgo.

Proemio
Así habló Fidel Castro es una aproximación al enorme caudal teórico-práctico de un líder que cambió la historia de un país: Cuba.
Fidel Castro Ruz, desde los mismos inicios de su vida política insiste en las ideas, porque su importancia estriba en que éstas generan reflexiones que traen nuevos resultados, pero también me percato de una alusión constante a la Historia y es sencillo, sólo con ella se puede ver con claridad cómo se podría proyectar el futuro y además su conocimiento impide que las mismas ideas no nos lleven al estatismo o a la involución.
Usando como escudo la Historia y por espada las ideas, se vale de una oratoria considerada de la mejor, para siempre tratar de convencer y sembrar conciencia sobre los puntos que defiende con argumentos sólidos y poniendo ejemplos constantemente. Personas que lo han conocido muy de cerca, afirman que desde joven le ha plasmado a sus propósitos una persistencia y un estilo personal que se ha parecido desde entonces al de un sacerdote consagrado en defender y demostrar la valía de sus pensamientos, pero siempre apoyados con la acción; ya fuera conspirando contra el régimen de Batista a partir de que éste llegara al gobierno mediante un golpe de estado, momento en que Fidel inicia, organiza y dirige la Guerra de Liberación Nacional que duró en total siete años, o al tomar el poder el primero de enero de 1959 y gobernar, hasta el presente por casi 50 años a su país.
Fidel es el hombre convertido en un mito por sus propios enemigos, desde el mismo instante en que, sin antecedentes históricos para este hemisferio, puede fundar un Estado Socialista regido por comunistas y a sólo 90 millas del imperio más poderoso y agresivo que ha existido en la época moderna, haciendo fracasar junto a sus más leales partidarios cada intento de sometimiento armado, político y económico fraguado y dirigido contra la pequeña Isla.  Su desafío se tradujo en 162 complots (atentados contra su vida a punto de realizarse) y 467 conspiraciones (son los que fueron neutralizados en fase de preparación)1 casi todos arruinados por la Inteligencia cubana, la casualidad o simplemente raros sucesos todavía inexplicables que dieron al traste con su consumación, de esta forma una hostilidad tan personalizada ha enriquecido aun más la leyenda que lo acompaña.
Este guía de la Revolución cubana es un caso poco común en donde convergen el humanista y un brillante estratega político y militar. A pesar de que para él son escasos los términos medios, sus diálogos y discursos se caracterizan por la intemporalidad lo que permite analizar cuestiones actuales desde diferentes ángulos, a los que se añade en algunos temas anticipaciones.
Hoy es considerado por sus más acérrimos enemigos como un genio de la maldad y la manipulación, pero para sus seguidores es un enviado de Dios, dispuesto a solventar las necesidades siempre perentorias de los más humildes en cualquier perdido rincón del planeta a cambio de nada, o mejor planteado, movido por los más puros principios del internacionalismo.
Toda su influencia y ejemplo, se extiende a personas de más de 70 países de América, África y Asia, a donde ha llegado la ayuda solidaria y desinteresada de los cubanos, ya sea mediante apoyo material, capacitación personal, con el envío de asesores e incluso tomando parte en contiendas militares. Para mencionar un elocuente ejemplo de los tantos que se pudieran citar, fue la guerra de Angola, conflicto en el cual, participaron directamente 377 033 cubanos en casi dieciséis años de cruentas hostilidades2. Durante todo ese tiempo Fidel desde Cuba seguía y proponía variantes estratégicas a sus tropas en el frente, interviniendo en cada operación militar de gran envergadura3.
Angola en ese entonces era un escenario donde se enfrentaron el MPLA (Movimiento Popular para la Liberación de Angola) apoyado por Cuba y la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) contra el FNLA (Frente Nacional para la Liberación de Angola) y la UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola) respaldadas por Sudáfrica, Estados Unidos y Gran Bretaña. Con la culminación de la guerra se modificó radicalmente el panorama político, económico y social a favor no solo de Angola sino de varios países africanos de la zona.
Su salud en el presente es motivo de preocupación constante por los que lo quieren y por los que lo odian; para las posiciones más de derecha el asunto se ha convertido en punto de mira y prioridad por un posible cambio político, ya sea con el uso de la fuerza y desde el exterior, o lo que llaman; una transición “pacífica” hacia la democracia en Cuba, y que según plantean se debe iniciar desde adentro. Ambas opciones contemplan primero la muerte del líder, lo anterior refleja el nivel de respeto que proyecta en sus enemigos.  
Es bueno señalar que en esta obra  todo el contenido que se emplea ha sido publicado en libros, revistas, folletos, periódicos e INTERNET, información dispersa y que la suerte me puso en las manos. De ese material copié textualmente, escogí y diferencié por temas aquellos fragmentos que sintetizaran pensamientos, ideas y reflexiones con un sentido didáctico.
Fidel en sus discursos al no tener necesidad de acudir a panfletos previamente elaborados por lo general improvisa, mostrándose tal como es, y sin ambages, pudiéndose apreciar en él de forma definida un pensamiento que se mueve dialécticamente por saltos cualitativos. 
La política como se sabe es muy compleja, por ello le recomiendo no leer con ligereza, haciéndose necesario el ubicarse en la circunstancia del contexto histórico. Si intenta sacarle provecho a este trabajo, reflexione y compare con lo que usted mismo haya leído o vivido; estoy seguro que saldrá ganando Cultura Política, sea cual fuere su posición ideológica.
El primer número al final de cada fragmento le indicará la fuente (ubicada en Bibliografía) de donde se extrajo; si después le sigue una saeta hacia otro número, este será la página. Cuando el fragmento termina en un número solo o en número y letra quiere decir que fue tomado de una Web de INTERNET cuya dirección se menciona al final en Notas, las letras diferencian fragmentos con un mismo origen. Dentro de cada tema las citas se organizan de forma cronológica.
El autor

…….. 

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Orgía en Azul Por Eve Gil

Sigo siendo y nunca dejaré de ser una aprendiz con pocos materiales, pero entusiasta. Una mujer curiosa buscando por las esquinas.
L.Z

La poesía de Lina Zerón es producto altamente flamable, que exige un trato delicado. La llamo producto no en sentido comercial sino para describir hasta qué punto es cuerpo y sustancia. Más que palabras impresas son palabras tatuadas en papel de carne. Quizá por ello sus compatriotas mexicanos han optado por mantenerla lejos: la sexualidad femenina asusta, ofende, pone nerviosos a los señores críticos. Paradójicamente, una sociedad tan conservadora como la árabe ha aclamado, mimado y alabado a esta poeta nacida el 30 de octubre de 1959, en la ciudad de México, quizá porque algo en su poesía —la musicalidad, la invocación frutal, su implícito rechazo al sofisticamiento occidental—remite al Medio Oriente. Es Lina oasis en medio de la poesía artificial-institucional, esa especie de sociedad hermética a la que los lectores de alma sencilla no tienen acceso: Lina, poeta de carne y nervios, habla de lo que nos es familiar y cotidiano, y lo hace con el lenguaje de todos los días, el de la cocina, la tele, la cama, la escuela. Es la suya la poesía que todo humano trae en la sangre, aunque a lo largo de su vida luche por purificarse de ella: enamoramiento, placer, dolor, cansancio, maternidad, lactancia, decepción… temas por lo general desdeñados por quienes consideran que la sabiduría no contempla menstruaciones ni besos. Para Lina la poesía es algo tan suyo como las largas, rizadas pestañas que mira en el espejo cada mañana: “De pequeña, a los 8 años mi madre comenzó a darme lecturas, comenzó con las Fábulas de Esopo, yo debía buscar el significado de las palabras que no conociera, luego fue Mujercitas, Hombrecitos, La Edad de la Inocencia, Demian, etc. La poesía es cotidiana en mi casa, mi abuelo escribía, mi madre también escribe, y mi hermano el mayor. En las tertulias de casa, nos enviaban a la cama pero yo no dormía, escuchaba la voz de mi madre declamando, luego me enteré que la mitad de esa poesía era suya, así comenzó mi gusto por la poesía.”
Lina, que empezó escribiendo décimas a la comida cuando tenía ocho años, es adorada también en el Caribe; traducida en alemán y en francés. Ha publicado la mayoría de su obra en el extranjero, concretamente en Cuba, España, Colombia y Francia, a excepción de la serie de tres libros titulados Luna en abril (CIEN Editores, 1997, 98 y 99). Ella misma se encargó de recopilar la poesía publicada en ediciones foráneas en el libro Los colores del tiempo (Linajes editores, 2005), el cual ha ido incrementándose con cada nueva edición. Recuerdo haber adquirido una edición previa a esta, sin conocer todavía a su autora: su escritura me pareció amorosa en el más estricto sentido sabiniano, es decir, que se desgarra muriéndose del gusto. Tras la relectura se fortalecieron mis primeras impresiones, volví a asombrarme de que Lina, poeta del siglo XXI, escribiera como las poetas “de antes”, como la nada fatua Rosalía de Castro, como la trémula Delmira Agustini, expresando, sin embargo, sensaciones y sentimientos que los ingenuos creen extintos cuando en realidad transcurren entre líneas, callados. Lina se desborda por todas sus contemporáneas, sin ningún tipo de pudor, ni moral ni estético. Es el volcán que se deslava en nombre de todas las que, por cobardía o por esnobismo, callamos. Simplemente se sienta a escribir lo que le dictan su corazón o su deseo, lo cual no significa que no respete a la palabra, antes bien, se viste de Palabra, como cuando, mujer-palabra escribe: “María,/ Madre del cielo y de todas las hembras,/ manifiesta tu poder en la Tierra:/ Convierte en rosas las heridas de Tu Hijo,/ no dejes que la cruz que lo sostiene/ se transforme en puñal para salvarnos./” Y a lo anterior agrega nuestra poeta, que hace de los remates inesperados el distintivo máximo de su poesía: “Líbranos de la discriminación de nosotras mismas.” (“Talibán II”, p. 63).
La mayor preocupación de Lina, que pudiera explicar su popularidad allende nuestras fronteras, es la de establecer un vínculo irrompible con el lector. No es que se desviva por ganarse el amor de su lector, simplemente se lo gana y ya. Sus poemas son muy conversacionales, nos involucran íntimamente. De ahí el empleo del lugar común al que ella misma alude en un poema: su empleo no le causa el menor remordimiento, antes bien, lo domestica, lo vuelve su aliado y hasta lo incorpora a manera de chiste, porque para Lina la poesía no es objeto de veneración (quizá por haber crecido con ella como connatural) sino un instrumento para traducir lo que le hierve en el pecho. Y un lugar común reelaborado, desfigurado, revuelto, zarandeado, deja de ser común: “¿Remordimientos yo?/ Qué va/ Si para dormir exhausta/ cuento mis pecados cotidianos/ en vez de borreguitos negros”. La elocuencia en tan escasas palabras logra el efecto avasallador de la carcajada repentina pero también de una conciencia de poder sobre la palabra que otorga la capacidad de convertirnos en signo al reproducirla. Dice Lina: “Escribir poesía es fluir en la vida, es un gozo, una necesidad, un algo cotidiano repleto de magia. Cuando sufro escribo, leo y releo lo escrito y así sano mi alma, es como si fuera al psicoanalista leer lo que he escrito muchas veces hasta que supero ese dolor.”
El lazo afectivo lector/escritor es en gran medida el centro de su hasta ahora única novela publicada, Posdata para Ana (Amarillo Editores, México, 2003), editada originalmente en La Habana, Cuba y luego en México, escrita a cuatro manos con Phil Manzaneque, autor catalán de prosa definitivamente rompedora, donde una escritora de nombre Julia, en la que es posible localizar guiños autobiográficos, incluyendo ojos color miel, revela a su hija su pasión cibernética por un misterioso admirador del que poco a poco iremos conociendo su pensamiento, sus motivos, su biografía. Humberto, como Julia, es poeta, pero a diferencia de ella, que es casada y madre de familia y empieza a zozobrar en la insatisfacción marital, él vaga por el mundo sin tener la certeza de donde lo sorprenderá la noche. No es, de hecho, la única diferencia: él es más retórico que poético; ella es una poeta pura sangre que se defiende de las arremetidas teóricas de aquel. Pero más allá de una poco convencional historia de amor en que los amantes se enamoran no de personas sino de intelectos, Lina expresa a través de Julia su interesante visión del ejercicio poético: “(…) no confundas querido fauve la piedra con las ondas que produce, ni es el mismo material, ni están en el mismo estado, ni tienen nada en común. La relación de la piedra y el agua es una relación física, como lo es la relación del individuo con su entorno y como lo es la del autor con su obra.” (p. 124)
Aunque hay de todo en la poesía de Lina Zerón, hasta política (¡hasta eso!), es el erotismo lo que pesa más. Un erotismo que, como en la vida práctica (por llamarla de algún modo) es rico en matices, desde el orgasmo hasta la vastedad del lecho vacío, y si bien el título habla de colores, es el azul el que predomina desde el sensual derriére de la portada de Los colores del tiempo, el azul que entinta los besos y hasta la nostalgia, centro mismo de la llama: el corazón del fuego palpita azulmente. Lina es mujer azul, color de la alegría, de la obsesión, del océano y de los listones de la infancia. Finalmente no escribe por rebeldía sino por amor (aunque la rebeldía levante de pronto la cabeza); el amor cotidiano, el que duerme en la almohada adjunta, y lo insólito: se declara amor a sí misma, el mayor de los escándalos y las audacias, porque se supone que las mujeres somos obras de arte inacabadas que por consiguiente no podemos gustar de nosotras, más aún, se supone que debemos aborrecer nuestro cuerpo y vivir corrigiendo defectos (o fingir ante la sociedad que los corregimos, da igual)… pero como a Lina le importa un comino lo que los demás esperan de nosotras, le canta a su propia belleza, a su propia madurez y a su propio genio. Como señala el poeta Óscar Wong en su hermoso prólogo al libro que nos ocupa: “Yo la he visto luchar acurrucada en una piedra pugnando por emerger a la hostilidad del mundo, como una oruga ansiosa de metamorfosearse en mariposa (…) ha sabido crear un lenguaje propio de una frescura inigualable.”Pero… ¿es posible escribir poesía erótica y ejercer una crítica socio política al mismo tiempo? En la más pura tradición de Margaret Randall, Fina García Marruz o Gioconda Belli (no es casual que mencione exclusivamente féminas: a ellas se les da mejor esta exótica combinación), Lina Zerón no concibe la separación cuerpo/alma como tampoco que el cuerpo erótico y el cuerpo político tengan que desarrollarse en distintas direcciones, sin coincidir jamás. Su libro Ciudades donde te nombro (Ediciones Unión, Col. Sur, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, El Vedado, Cd. de La Habana, 2006), donde, haciendo justicia al título, recorre el territorio del cuerpo amado asociándolo a una serie de ciudades no nombradas pero reconocibles (y no precisamente por sus lugares comunes); donde más allá del regodeo verbal-visual y la descripción de paisajes o reflejos, la poeta evoca la atmósfera política y sensual y la huella que cada una deja en la memoria de su piel: “En la noche las ánimas crepitan de horror/ en esta ciudad de cenizas esparcidas/ y los retratos familiares desfilan con pancartas/ ¡No mi hija, ni una muerta más!” (p. 46). Lina Zerón es, en este sentido, una poeta tradicional que le canta al amor pero también una poeta con un discurso politizado que no caduco sino de vanguardia. Entre las poetas de su generación es muy difícil encontrar tal conciencia de la situación del mundo y, más difícil aún, que esa conciencia sea dirigida no por una ideología sino por el deseo. Lina se dirige al cuerpo, propio y ajeno, como cualquier otro se dirigiría a la Patria, con una suerte de reverencia erotizada. La voz poética de Ciudades donde te nombro contempla el sexo del amante con la misma franqueza con que contempla la belleza natural de una ciudad, de un litoral. La feminidad y el feminismo se manifiestan sin revestimientos ni complejidades. Por vez única se fusionan en una sola cosa: “En esta ciudad cada minuto muere una canción de cuna/ de una hija que no nacerá/ por el pecado de ser hembra./ La extraerán mil cuchillas del útero de su madre/ y por estirpe podría ser emperador si hombre fuera/ pero es luna, es mar, es loba, es mujer.” (p. 62). En su libro de relatos, Minicrónicas de listón y otros cuentos (Editorial Nido de Cuervos, Colección Nuevas Corónicas, Lima, Perú, 2007), Lina muestra una faceta que no se advierte siquiera en su novela, donde la poeta rebasa a la novelista. En Minicrónicas esto no sucede pues para empezar se da prioridad a la imaginación por encima de los elementos antes enumerados: Mujer estufa. Mujer escoba. Mujer plancha. Mujer armario. “Hembra-domésticos” ¿Y tú, quien eres?, La respuesta de Lina Zerón dejará helados a más de dos: Mujer libro. ¿Qué futuro le espera a una Mujer Libro en una sociedad donde la enseñanza multimedia pretende desplazar a la lectura, hasta en las escuelitas destempladas? Mucha pantalla y pocas nueces, diría el inmenso bardo. La Mujer libro que es Lina Zerón se le impone enérgica a quienes insisten en vernos a las mujeres como estufas, planchas, escoba… o computadoras (supongo que así nos ven a las escritoras) y deja fluir libremente su congénita ironía, para nada imperceptible en su poesía pero potenciada en sus relatos. El relato aludido, “Marido y mujer”, es una sátira de ese mundo que ingenuamente creímos dejar atrás y que sin embargo pervive en los discursos políticos, obispales y de fanáticos antiabortistas: “(…) una mujer nace el día de su boda y muere cuando muere el marido: todo lo demás es para la vida o prepararse para la muerte (…)” (p. 86) Con Minicrónicas de listón y otros cuentos, Lina incursiona de lleno y con artillería pesada en el género narrativo, abriendo con una serie de relatos tan breves que son casi aforismos (y ella llama mini-crónicas) y recuerdan a su poesía que mucho tiene de narrativa y de aforística. Nuevamente sale a relucir su ausencia de temor, que no de respeto, a las palabras devaluadas, de suyo relacionadas con lo femenino: menopausia, amor, enamoramiento, pasión, deleite, dolor, cocina, aunque como en su poesía les imprima una significación política, es decir, feminista.
En su retorno a la poesía con Consagración a la piel (Ediciones Atenas, Barcelona, 2007), Lina Zerón se nos presenta en plena madurez de sus facultades poéticas y humanas. Hay, si eso es posible, mayor rotundez en sus versos, mayor voluntad de vincularse con referentes literarios y de recrear la poesía misma. Se trata de la más inconcebible declaración de amor a sí misma que por eso involucra a todas las mujeres en una especie de carnaval de palabras: “Benditas las que son tormenta, río sin cauce/ a las que llaman locas, revoltosas,/liberadas, feministas, /y son capaces de atropellar al viento con una mirada (…) Benditas las hembras con fracturas y fragmentos/ Benditas Nosotras, matriz del universo.” (p. 12). Merecedora de la Medalla de Oro, Montevideo, Uruguay en 2003 y del Premio Barcelona 2004, autora de una decena de libros publicados en el extranjero o costeados de su propia bolsa, Lina declara su independencia creadora no solo mediante al autoexilio de la escena institucional de la poesía mexicana, sino sobre todo de la autenticidad de su voz poética y la franqueza de sus ideales: “Vivimos en el patio trasero más grande del mundo…” (p. 39). Prepara la biografía de Claude Couffon, quien fuera traductor y amigo de los más grandes escritores latinoamericanos, entre ellos Octavio Paz y Julio Cortázar. Tuvo a su cargo la columna “La furia del pez” en El Financiero durante 5 años.  Es madre de dos hijos y una hija que recién obtuvo su maestría en España.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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