Son 450 cartas, en parte todavía inéditas, que documentan la vasta intervención de Demetrio Cidonio (segunda mitad del sig. XIV), en todos los movimientos de su tiempo. La posición preeminente que siempre tuvo en la corte de Bizancio y en la vida religiosa y política, hace muy interesante la correspondencia sostenida por él con los más notables de sus contemporáneos, entre los que se cuentan el historiador Nicéforo Grigorás, el monje Barlaam, el patriarca Filoteo, Nicolás Cabasillas, el arzobispo de Tesalónica Isidoro Glaba, Alejo Casandreno, un tal Jorge, filósofo, el chantre Facrasis, el emperador Manuel II Paleólogo, el monje Brienio, uno de los más importantes polemistas contra los latinos.
Los problemas religiosos, políticos y culturales le apasionaban por igual, y a cada uno aportó su vasta cultura y su vivo ingenio. En el campo religioso, le interesó especialmente la controversia en materia de fe, entre latinos y griegos. Estudia la cuestión, tiene momentos de fuertes dudas (carta a Barlaam) y por fin decide adherirse con pleno convencimiento al dogma católico. Le vemos, siempre a través de sus cartas, actuando de primer secretario o ministro de Juan Cantacuzeno, después de Juan V Paleólogo y de su hijo Manuel II. Le son encomendadas misiones dificilísimas que le obligan a sostener relaciones con mercaderes venecianos y genoveses, embajadores pontificios, frailes menores y dominicos. Para poder comunicar directamente con estos occidentales, Demetrio estudió a fondo el latín y tradujo al griego la Suma contra los gentiles (v.), de Tomás de Aquino. De una carta sin epígrafe resulta que tradujo también la Suma^ Teológica (v.). Además de sus actividades culturales, las cartas nos lo muestran entregado de lleno a sus funciones políticas.
En una carta a Manuel Cantacuzeno, hace la relación de su viaje a Venecia, donde fue enviado en misión especial para pedir ayuda contra los turcos. Tenemos también noticia de las cartas de un segundo viaje a Italia, hecho para acompañar a Roma a Juan V Paleólogo. En una carta a su hermano Procoro, Demetrio habla de la consideración de que gozaba en Roma y de las muchas pruebas de amistad que le fueron tributadas. Cuando el trono de Bizancio fue usurpado por Andrónico IV, hijo de Juan V, Demetrio manifiesta toda la nobleza de su carácter en una carta dirigida a su nuevo señor: será siempre fiel a su emperador y nunca servirá al hijo inicuo. Y efectivamente, se mantuvo alejado de la corte hasta el retorno de Juan V. Un interesante grupo de cartas es el formado por las dirigidas a Manuel, hijo de Juan V, que durante mucho tiempo estuvo en discordia con su padre. Demetrio le exhorta a reconciliarse con éste, le aconseja y anima en la vía difícil del destierro.
A través de esta correspondencia, vemos la posición de Demetrio que cada vez se hace más delicada y difícil en la corte del padre de Manuel, tanto que terminó por retirarse a la vida privada para no volver a su antiguo cargo, ni aun después de la reconciliación de Juan V con su hijo. Volvió de nuevo a él, cuando muerto el padre, Manuel quedó como único emperador. También en este afortunado período, el epistolario nos muestra con gran evidencia la simpatía de Demetrio por Manuel, la estima y afecto con que el emperador lo miraba. La correspondencia entre Manuel Paleólogo y Demetrio ha sido muy bien estudiada por R. Loenertz, que llegó a importantes resultados no sólo para las biografías de ambos corresponsales, sino también para la historia de las luchas entre Juan V y Andrónico IV, del absolutismo de Manuel en Tesalónica, de la guerra de Manuel I contra los turcos. Demetrio Cidonio es uno de los mejores escritores de su tiempo, el menos contaminado de los vicios de su época, el más próximo al espíritu de los clásicos, a los que ama y estudia.
G. Porru

