[Discorso intorno al comporre delle commedie e delle tragedie]. Discurso crítico del autor también llamado Cintio (1504-1573), compuesto en 1543 y publicado, junto con el Discurso acerca del componer novelas (v.), en 1554. Este discurso es una justificación de los criterios seguidos por Giraldi en la composición de sus tragedias, y uno de los muchos escritos en los que, siguiendo a la Poética (v.) de Aristóteles, se va elaborando la poética clasicista y determinando los caracteres de los distintos «géneros» literarios.
Merecen destacarse en Giraldi, frente a otros críticos de su tiempo, las afirmaciones de que el argumento de la tragedia puede tener un fin alegre, sin que se aminore el efecto trágico; es notable la preocupación que muestra por los gustos de los espectadores, lo cual induce a Giraldi a criticar la imitación demasiado estrecha del teatro antiguo, defendiendo las innovaciones teatrales exigidas por las modernas costumbres.
En particular, no quiere aceptar cierta simplicidad en el diálogo y en la acción de la obra Sofonisba (v.) de Trissino, ajustada a los modelos griegos, pero inadecuada «a las condiciones de su tiempo, que están llenas — según dice — de majestad y grandeza»: y precisamente también por este amor a la majestad y a la grandeza prefiere Séneca a todos los trágicos, ya que este maestro «en casi todas sus tragedias superó por su prudencia, gravedad, decoro, majestad y por sus sentencias, a todos los griegos que han escrito, aunque en la elocución hubiera podido ser más puro y selecto de lo que es»; predilección característica que se manifiesta asimismo en su teatro, y que se mostrará, después de él, en tantas obras del teatro europeo de los siglos XVI y XVII.
Junto al discurso sobre las comedias y las tragedias merece recordarse también el Discurso acerca del componer sátiras ap as para la escena, escrito en 1554 y publicado en el siglo pasado. Giraldi trata de las «sátiras escénicas», o sea de los «dramas satíricos», y señala los caracteres de aquel «género», del cual conocía en la Antigüedad solamente el ejemplo del Cíclope (v.) de Eurípides y que afirmaba haber resucitado con la Egle, representada en Ferrara en 1545. Hablando de la sátira, Giraldi dice que «requiere la escena boscosa, que tiene selvas, grutas, montes, y fuentes», y que deben introducirse «ninfas a modo de cazadoras» y «héroes vestidos para el viaje o la caza», así como sátiros «alegres y lascivos», perfilando una obra intermedia entre la comedia y la tragedia, distinta de la primera en tanto es capaz de «despertar el terror y la compasión», y de la segunda porque los «afectos no se mueven con la fuerza que tienen en la tragedia», caracterizándose por un «diálogo suave» que le es propio.
M. Fubini

