Colección de relatos
EÍ término de «relatos» empleado para definir este texto subdividido en 24 capítulos, o secuencias, es tan inadecuado como lo sería el de novela. En el marco de la pequeña ciudad imaginaria de Winesburg, las historias de sus habitantes se entrelazan en una única trama que está constituida por la vida colectiva, monótona y respetuosa de las normas, y por la de los individuos particulares, secreta, tumultuosa e inconfesable.
Quien observa a personas y cosas es el joven cronista del «Winesburg Eagle», el periódico local, George Willard. A cada «relato» le corresponde el retrato de un personaje, que ha sido modelado, destruido o revelado a sí mismo por una pasión, por una verdad o por un sueño. Tal es el caso de Wing Biddlebaum, cuyos largos dedos afectuosos a la búsqueda de los otros en inconscientes caricias han truncado su carrera de maestro, atrayendo sobre él la injusta acusación de obrar con malas intenciones en relación a los alumnos (Manos).
O el de Alice Hindman que, después de años de esperar vanamente a su perdido amante, deja una noche su casa, desnuda en medio de la lluvia, enloquecida de amor y de soledad (Aventura). Y también el de William, el telegrafista misógino a quien la desilusión conyugal ha transformado físicamente en una «caricatura» (Respetabilidad); el del reverendo Curtis Hartman, obsesionado por las mujeres, y a quien cura el ver a una «mujer del pecado» arrodillada para rezar; o el de Isaías Bentley, que pasa indomable de la civilización patriarcal a la industrial (Divinidad); o también el del propio George Willard, que en el último relato (Partida) abandona la ciudad, uniéndose a tantos otros artistas y soñadores que escapan de la vida de provincias.

