[Goldbergsche Variationen]. El verdadero título de esta composición de Johann Sebastian Bach (1685-1705) es Aria con diversas variaciones para clave de dos teclados. Fue publicada en 1742.
Es una de las obras más notables del gran maestro de Eisenach; consta de un tema en forma de «sarabanda» y fue escrita para su discípulo Goldberg por expreso deseo del conde Kayserling, embajador de Rusia. Kayserling, protector de Goldberg, padecía de insomnio y pasaba las noches escuchando música: Bach se aplicó, pues, a escribir una obra de grandes proporciones con el intento de ofrecer a aquel señor un largo pasatiempo y una distracción placentera. Le resultó una obra de inmenso valor artístico, con más de una anticipación al gusto musical que hallará desarrollo muchos años después en los compositores románticos.
Esta obra requiere una grandísima preparación por parte del ejecutante, el cual, para una exacta reproducción de aquel trabajo, deberá servirse únicamente del instrumento requerido por Bach, esto es, el clave de dos teclados, que por la diversidad de timbres y por la disposición de sus teclas permite un juego técnico mucho más vasto que el teclado normal de piano. Para este último instrumento existe una transcripción de Ferruccio Busoni (1866-1924), la cual, aunque notable, es insuficiente para reproducir con exactitud la obra de Bach. Las variaciones se desprenden gradualmente del tema «andante», bastante tranquilo, para formar trozos muy diversos y volver luego a otros tranquilos; algunas (VI, IX, XII, XV, XVIII, XXI, XXIV, XXVII) son cánones en los cuales se muestra y se afirma la gran maestría contrapuntística de Bach; otras (VII, IX, XVI) están casi en forma de danza, o tienen forma de «pastoral», de «barcarola», de «largo», etc.
Algunas son también curiosas como documentos de gustos diversos: la XVI, en forma de obertura de gusto francés y de gran moda en aquel tiempo, conserva su carácter algo pomposo; la XXX es un «quodlibet», forma en uso desde el siglo XV y que consistía en improvisar sobre cantos populares o muy conocidos, verdaderos trozos contrapuntísticos con palabras bufonescas, etc. En esta última, sobre el bajo constituido por el tema, se enlazan dos partes que son canciones populares de aquel tiempo, cuyas palabras eran bastante burlescas. Las Variaciones Goldberg son raramente ejecutadas por su dificultad técnica y por su gran extensión, que llena casi toda una sesión.
R. Malipiero
Bach, al reanudar el arabesco, supo hacerlo todavía más ágil y fluido y — a pesar de la severa disciplina que el gran maestro imponía a la Belleza — supo también guiar sus movimientos con libre fantasía, siempre renovada, que aún causa asombro en nuestros días. (Debussy)

