Sainete del español Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla (1731-1794), incluido en su Teatro o colección de los sainetes y demás obras dramáticas (Madrid, 1786-1791, diez volúmenes). Corresponde al numeroso grupo de sainetes inspirados en las costumbres teatrales de su tiempo (v. la noticia crítica y bibliográfica sobre este género en la voz El prado por la noche).
La compañía de Ponce se halla a punto de llevar a la escena una nueva comedia que será interpretada por la primera actriz doña María Alcázar, por la «graciosa» característica Francisca Ladvenant y por el «gracioso» Gabriel López. Pero el teatro de dentro, es decir, lo que la compañía dice entre bastidores, es mucho más vivo y distinto de lo que dentro de poco se desarrollará ante el público. El autor sorprende a los cómicos en las actitudes, los parloteos y el nerviosismo de la inminente representación. Los actores, poco caballerescamente, se desafían a contar quién tiene más fortuna nocturna en las casas de las colegas del teatro. Muchos están sobre ascuas porque las actrices no han aparecido todavía, otros discuten apasionadamente sobre la importancia del tipo del «gracioso» en la comedia. Aparecen finalmente las actrices, se asiste a una demostración de servilismo de los mismos actores que poco antes se jactaban de ser sus protectores.
Entre tanto, el paroxismo se hace general: a uno le falta la peluca, a otro los zapatos, un tercero quiere el espejo, otro se lamenta de que le falta el traje. Entre tanta confusión, el único que se mantiene sereno es el director, Ponce, que da órdenes exactas y resueltas y hace dejar libre el escenario para que se pueda levantar el telón. Resalta en el sainete el brío del diálogo y la genial observación psicológica del autor, que trata a los personajes con un sentido realista y una fina malicia dedicada a mostrar su realidad dentro de la ficción de la escena.
G. C. Rossi

