Emily Bronté

Nació en Hartshead-cum-Clifton (Yorkshire) en agosto de 1810, y murió en Haworth el 19 de diciembre de 1848. Fue la tercera hija de un párroco anglicano de origen irlandés, hombre excéntrico y ce­rrado.

Cuando en 1821 murió la madre, la familia contaba con cinco niñas y un mu­chacho, prole enfermiza, muy precoz y llena de ímpetus artísticos. La tuberculosis no tardó en llevarse a las dos hermanas mayores.

Las otras, confiadas a los ásperos cuidados de una tía materna, vivieron años solitarios entre la salvaje y desolada vege­tación del país; y así, el espíritu de la pe­queña Emily comenzó a descubrir, en el silencio y en las voces de aquella natu­raleza, místicas y sobrenaturales correspon­dencias, a percibir, en los grises aconte­cimientos de sus días, vibraciones metafí­sicas y demoníacas y a experimentar, en el verdadero corazón de la soledad y la me­lancolía, mudos éxtasis de alegría silvestre.

Con sus dos hermanas, Charlotte, más se­renamente romántica y sutilmente irónica, y Anne, apacible y dulce, compartía la pa­sión por la poesía y la lectura; todavía ado­lescentes, las tres muchachas escribían ver­sos y relatos fantásticos (el ciclo narrativo Legends of Angria).

En 1842, decididas a ganarse la vida con la enseñanza, Charlotte y Emily marcharon a estudiar el francés a Bruselas; fue ésta una época de amargo des­tierro para E. J., torturada por la nostal­gia de su agreste país.

Vuelta a Haworth, la parroquia donde su hermano Branwell, embrutecido por los abusos del alcohol y el opio, se entregaba a terribles accesos de cólera, Emily escribió poesías, confesiones líricas de su alma ingenua y tenaz, publi­cadas en 1846, gracias al interés de Char­lotte, en una colección de versos de las tres hermanas: Poesías de Curre, Ellis y Acton Bell (v.); sólo dos ejemplares de esta obra se vendieron.

No resultó más afortunada la publicación, el año siguiente, de la gran novela de Emily, Cumbres borrascosas (v.), posiblemente la expresión más genuina, pro­funda y contenida del alma romántica inglesa. En 1848, Branwell, víctima de «deli­rium tremens», precedió por algunos meses en la muerte a las hermanas Anne y Emily.

Esta última extinguióse rápidamente a tra­vés de dolores soportados con duro estoicis­mo, y sólo dos horas antes de morir, luego de haberse levantado y vestido penosamen­te, permitió que fuera llamado un médico.

N. D’Agostino