Gerbrand Adriaenszoon Bredero

Nació el 16 de marzo de 1585 en Amsterdam, donde murió el 23 de agosto de 1618. Era hijo de un negociante en cueros, el cual, con la inten­ción de convertirle en pintor, le llevó al taller de Badens, un flamenco especialista en escenas mitológicas de tendencia italiana; el testamento de su progenitor menciona cuatro de sus cuadros, pero ninguno de ellos ha llegado hasta nosotros.

Bredero frecuentó am­bientes de artistas y literatos, y en el círculo de Roemer Visscher conoció a eruditos como Hooft y Grocio. En cuanto poeta, aunque persistiese en la tradición artística medieval y local de carácter popular, fue uno de los representantes más notables del Renacimien­to en los Países Bajos; en numerosas poe­sías, reunidas en 1622 bajo el título Gran cancionero bufo, amoroso y edificante [Boertigh Amoreus en Aendachtigh Groot Liedtbeck], canta, en versos ingenuos, su vida sentimental y agitada, el arrepenti­miento de sus pecados y su devoción sin­cera.

Como autor teatral adaptó a la escena poemas medievales, a los que añadió inter­medios jocosos en los que la plebe asume el papel de los caballeros y las damas. En este género figuran Rodrigo y Alfonso [Roddrick en Alphonsus], Griane y El caballero mudo [De stomme Ridder], las tres obras procedentes de los Palmerines españoles; las composiciones cómicas Farsa a la vaca [De Klucht van de Koe], Simón sin dulzura mon sonder Soetigheyt] y La farsa del moli­nero [De Klucht van de Molenaer], sobre un tema que se halla en algunos «fabliaux» franceses y en Poggio Bracciolini; la gran comedia Negrito [Het Moortje, 1615], trans­posición del Eunuco (v.) de Terencio a la alegre y libertina Amsterdam de la época; y El brabanzón español (v.), la última y más destacada comedia del autor, quien, aun cuando se inspire en el tercer capítulo de El Lazarillo de Tormes (v.), sabe situar completamente la obra en el ambiente ‘ más tí­pico y popular de Amsterdam, cuya pinto­resca vida plebeya pasa ante nuestros ojos a través de un lenguaje sabroso y, con fre­cuencia, vulgar, pero no obsceno.

A. H. Luijdjens