Umberto Boccioni

Nació en Reggio Cala­bria el 19 de octubre de 1882 y murió en Sorte (Verona) el 16 de agosto de 1916, durante la guerra europea — en la que participó como voluntario— y debido a una caída de caballo.

Fue escultor, pintor y escritor, y vivió en una extrema tensión bruscamente quebrada. «Hay que mirar adelante hasta el estallido de las pupilas», había escrito poco antes de iniciarse la conflagración de 1914 al exponer en Pintura, escultura futu­ristas (v.) los orígenes y las razones del movimiento por él creado.

Después de una etapa en Roma, donde frecuentó el estudio de Giacomo Baila, marchó en 1902 a París; tampoco allí permaneció mucho tiempo. «Todo se mueve, todo corre, todo gira rá­pidamente… — escribía—. Es necesario te­ner el valor de superarse hasta… la perfec­ción, o sea la consumación. Todo marcha hacia la catástrofe…».

Según él, pues, resul­taba urgente adaptarse a la extremada ve­locidad de la época; y así, iba adquiriendo forma, sobre todo en sus obras escultóricas; el concepto del «dinamismo plástico» que fue el motivo estético original del futuris­mo.

Estuvo largo tiempo en San Petersburgo, y en 1909, durante su última perma­nencia en París, publicó en Le Fígaro el programa de aquella corriente; un año des­pués lanzaba desde Milán el primer Manifesto della Pittura Futurista, al que siguie­ron otros.

Esencialmente lírica fue su pa­sión vital, incesante afán de avanzar «hacia la liberación de lo determinado», «aspira­ción a la nada», «violento deseo de salir de sí mismo para perderse en el espacio», sentimiento de «consumación» del que na­die supo comprender exactamente el sen­tido oculto.

G. Veronesi