Julien Benda

Nacido el 20 de diciembre de 1867 en París, donde m. el 7 de jimio de 1956. Fue hijo de una familia hebrea no ortodoxa establecida en Francia dos o tres generaciones antes, y tampoco él estuvo vinculado a la religión de su pueblo.

Du­rante sus años de estudiante dedicóse con igual interés a las letras y a las ciencias; finalmente, después de haber ingresado en la Escuela Central de Artes y Oficios, cam­bió de idea, pasó a la Facultad de Letras y, en adelante, se entregó por completo a los estudios literarios. Diose a conocer como escritor en la época del «affaire Dreyfus» con los Dialogues à Byzance, publicados en la Revue Blamche (1900).

Su primer éxito fue la novela L’ordination (1912), a la que siguieron en breves intervalos Le bergsonisme, ou une philosophie de la mobilité (1912), Une philosophie pathétique (1913), texto publicado en los Cuadernos de la quincena (v.), de Ch. Péguy, y Sur le suc­cès du bergsonisme (1914).

Con tales obras, Benda, en nombre del racionalismo clásico, adoptaba una actitud concreta en la reacción antirromántica de la época y denun­ciaba el bergsonismo y el daño ocasionado a la inteligencia moderna por el sentimien­to.

Periodista durante la guerra (v. Los sen­timientos de Critias), publicó en 1919 Belphégor, en el que traza un cuadro clásico de la sensibilidad estética contemporánea y critica asimismo el predominio del senti­miento irracional sobre la contemplación pura.

Este mismo tema sigue tratando aún, en 1927, en su libro más conocido, La trai­ción de los intelectuales (v.), que culpa a los «clérigos», o sea los intelectuales, de haber traicionado la causa del espíritu ce­diendo a las lisonjas de los intereses polí­ticos.

Ello, empero, no significa, en el pen­samiento de Benda, que el intelectual deba re­nunciar completamente a los afanes tempo­rales; sin embargo, el autor considera que aquél, en cuanto «clérigo», o custodio de los valores superiores, ha de contemplar las cosas «sub specie aetemitatis».

Dichas teo­rías quedaron consolidadas en las obras si­guientes; La fin de l’Étemel (1929) y Essai d’un discours cohérent sur le rapport de Dieu et du monde (1931), su libro más orgá­nico; y, hasta cierto punto, aplicadas en Esquisse d’une histoire des Français dans leur volonté d’être une nation (1932), Dis­curso a la nación europea (1933, v.) [Dis­cours à la nation européenne, 1933] y La grande épreuve des démocraties (1942).

Con este último texto, el autor, militante, en 1936 y durante la segunda guerra mundial, en las filas de los intelectuales «antifascis­tas», reafirmaba en la Francia dominada por los alemanes el principio democrático.

Benda no cesó jamás de apoyar al racionalismo contra las alusiones a lo elemental y a la «Vida», ni de atacar a la literatura actual en nombre de un clasicismo un tanto árido (cfr. La France byzantine). En las obras autobiográficas La jeunesse d’un clerc (1936) y Un régulier dans le siècle (1938) ofreció una completa imagen de sí mismo y la his­toria de su vida de «monje» y de «clérigo» al servicio de la religión de la Inteligencia.

M. Mourre