Seudónimo de Boris Nikolaievich Bugaiev, que n. el 26 de octubre de 1880 en Moscú, donde m. en 1934. Es una de las figuras más originales del simbolismo ruso, del que señala una posible relación con ciertas formas del realismo.
Hijo de un célebre matemático profesor de la Universidad de Moscú, luego de haber realizado sus estudios de enseñanza secundaria en un famoso instituto, y ya inclinado a la poesía, así como también a las matemáticas y los temas filosóficos, graduóse en la citada entidad universitaria en ciencias y filosofía.
En 1902 publicó la segunda obra de un grupo de textos que denominó Sinfonías; en tal labor empleó el estilo de los decadentes, que le mereció el aprecio de poetas y críticos de la misma tendencia, cual Merejkovski y Briusov, pero valióle también la fama de extravagante, acrecentada sucesivamente hasta 1908 con las tres Sinfonías restantes y el primer volumen de composiciones líricas: Oro en azul.
La revolución de 1905 despertó en Bely grandes esperanzas; sin embargo, y como Blok, sufrió asimismo una gran desilusión a causa del fracaso de aquélla (v. Cenizas, 1909).Sin embargo, experimentó con mayor intensidad que este otro autor el influjo del realismo, aun cuando no pueden considerarse propiamente realistas, en el sentido que la escuela tuvo en su tiempo, ni sus poesías ni los textos en prosa de carácter crítico o narrativo y entre los que figura la novela El palomo de plata (v.). Tales inclinaciones fueron relegadas a un plano secundario por el interés de Bely hacia el «antroposofismo» de Rudolf Steiner, que significó también para él una preparación al «escitismo» de Ivanov-Razumnik, al cual se adhirió en los primeros años de la revolución y después de haber publicado otras dos novelas: Petrogrado (1913, v.) y Kotik Letaev (1917, v.), ambas de fondo autobiográfico.
A su gran fe en el futuro de Rusia — a través de la revolución bolchevique, por él evidentemente mal comprendida— corresponde la Asociación Filosófica Libre («Volfila»). Por aquel entonces (1919-22) publicó Bely El diario de un original y participó en el movimiento de renovación cultural por medio de sus lecciones de poética.
En 1922, y cual muchos otros intelectuales no marxistas, abandonó Rusia; sin embargo, no permaneció en Berlín más allá de un año, y prefirió la actividad de «memorialista» en su patria a la vida propia del emigrado. Muy valiosos resultan para la historia de la literatura y la vida espiritual rusa correspondientes a los primeros treinta años de nuestro siglo los tres volúmenes que publicó, después de la novela Moscú (v.) en los años 1929, 1932 y 1933.
E. Lo Gatto

