Nacido en Grenoble el 22 de noviembre de 1761 y m. en París el 29 del mismo mes de 1793. Destacó en 1783 como abogado en el Parlamento de su ciudad natal con un discurso al estilo de Montesquieu sobre la necesidad de la división de poderes que le valió una fama inmediata. Miembro de los Estados del Delfinado en 1788, un año después ingresaba en los Estados Generales.
Los tiempos no eran entonces muy buenos para un hombre como Barnave, de principios moderados y escasa ductilidad diplomática. Con vistas a la popularidad y al éxito inmediato, no tardó en considerar a Mirabeau como antagonista; en realidad, lo era más bien de su elocuencia.
Y así, empezaron los ataques, el más violento de los cuales fue, sin duda, el de mayo de 1790 sobre la paz y la declaración de guerra, que le procuró un verdadero triunfo. Muerto Mirabeau el 2 de abril de 1791, Barnave soñó, posiblemente, en sucederle. Mientras tanto, empero, sus contactos con los realistas le inclinaron hacia la dinastía.
El 15 de julio pronunció un discurso contra el grupo republicano partidario de La Fayette; de esta suerte, no tardó en hallarse al frente del partido burgués. Algunas cartas comprometedoras encontradas en las Tullerías determinaron su ruina: detenido (15 de agosto de 1792) y abandonado primeramente en las cárceles de Grenoble, fue llevado luego a otras prisiones, y, finalmente, tras su negativa a pedir la libertad a la Convención, condenado por el tribunal revolucionario a la guillotina.
Sus Obras póstumas, en cuatro tomos, fueron publicadas por vez primera en 1842; en ellas figuran, además de una Introduction a la Révolution, los célebres Discursos sobre el derecho de paz y de guerra (v.).
C. Falconi

