Manuel Azaña

Escritor y político espa­ñol. Nacido en Alcalá de Henares en 1880, m. en Montauban (Francia) en 1940.

Estudió el bachillerato en el colegio de los agustinos del Escorial y cursó Derecho en Zaragoza; perfeccionó sus estudios en Madrid y en Pa­rís. Secretario del Instituto de Derecho Com­parado y profesor de la Academia de Juris­prudencia.

En el Ateneo de Madrid, centro de actividades culturales y políticas de ten­dencia liberal, encontró Azaña el ambiente ade­cuado para el desarrollo de su personali­dad; de 1913 a 1920 fue secretario y anima­dor de dicho Ateneo, y desde 1930, tras el período de suspensión impuesto por la dic­tadura de Primo de Rivera, presidió la docta casa.

Durante la primera guerra mundial desarrolló activas campañas de prensa en favor de los Aliados y fue corresponsal de guerra en Francia y en Italia. Entre 1920 y 1924 dirigió con Cipriano Rivas Cherif la revista literaria La Pluma y desde 1922 el semanario político España, fundado siete años antes por Ortega y Gasset.

A partir de 1930 tomó parte activa en la vida política y fundó el partido de Acción Republicana. Caída la monarquía, fue ministro de la Guerra y luego presidente del Consejo (1931-33); volvió al poder en febrero de 1936, y poco después fue elegido presidente de la República, cargo que mantuvo du­rante toda la guerra civil.

Después de la ocupación de Cataluña por las tropas fran­quistas, se refugió en Francia, donde mu­rió al poco tiempo. Fue Azaña un escritor so­brio, sagaz, dado a la polémica intelectual y a la crítica fría, precisa, a menudo iró­nica y desdeñosa.

Hombre del ochocientos, formado en gran parte en los pensadores liberales y socialistas franceses, fue en rea­lidad un islote en la literatura de su tiem­po, pero sus estudios sobre Juan Valera, sus ensayos críticos (Ganivet, el Quijote, etc.), las sutiles páginas autobiográficas de El jardín de los frailes (1927), atestiguan su temperamento de escritor refinado y de aus­tero moralista castellano.

Probó fortuna en el teatro con La Corona; y fue orador elo­cuente y docto (En el poder y en la oposi­ción, discursos). Se le debe, además, una notable traducción de La Biblia en España, de Borrow; Los gitanos en España, Plumas y palabras (ensayos), etc. Ya en el des­tierro, publicó en Francia La velada de Benicarló (1940).