Hans Christian Andersen

Nacido en Odense el 2 de abril de 1805, m. en Copenhague el 4 de agosto de 1875. Tuvo una niñez bastante serena entre un padre zapatero, soñador inquieto y librepensador, y una madre más vieja que su marido, supersti­ciosa y activa, siempre dispuesta a mimar a su hijo.

Después de la muerte del padre (1816), a quien el espejismo de la guerra napoleónica había alejado de la familia, y del segundo matrimonio de la madre, par­tió solo, casi sin medios, para Copenhague (1819) en busca de fortuna.

Pero en vano esperó llegar a ser cantante, actor o por lo menos bailarín, ni tampoco fueron más afor­tunadas sus primeras tentativas poéticas. En 1822 y por mediación de J. Collin ob­tuvo una beca y pudo realizar así estudios regulares.

En 1830, durante un viaje, pasó la experiencia de su primer amor, desdi­chado como los dos que siguieron (por la hija de J. Collin, Luisa, y por Jenny Lind, el famoso «ruiseñor del Norte»).

Entre las numerosas composiciones de este período, recordemos: Caminata desde el canal de Holmen hasta la punta oriental de Amager [Fodrejse fra Holmens Canal til Østpynteji af Amager], el vodevil Amor en la torre de San Nicolás [Kjaerlighed paa Nicolai Taarn] y las recopilaciones de poesías (Digte, 1830), Fantasías y esbozos [Phantasier og Skizzer, 1831], Cuadros de viaje por el Harz, Suiza, Sajonia, etc., en el verano de 1831 [Skyggebilleder af en Rejse til Harzen, det sachsiske Schweitz, etc., i Sommeren 1831], y el ciclo poético Los doce meses del año [Aarets 12 Maanader].

En los años 1833 y 1834 estuvo en Francia y en Italia, princi­palmente en París (donde escribió Inés y el tritón [Agnete go Havmanden]), y en Roma, sobre cuyo fondo escribió la cono­cida novela El improvisador (v.), de 1835. Al sol de Italia se había abierto la flor mara­villosa de su inventiva.

A la primera y afortunadísima colección Cuentos para niños [Eventyr for Børn, 1835], siguieron otras muchas, casi anualmente (v. Cuentos). Ya famoso para siempre, Andersen pasó su vida entre viajes y estancias junto a personajes ami­gos suyos, muy sensible a elogios y a crí­ticas, infantilmente vanidoso por sus éxi­tos, pero asaltado por complejos de todo género.

Realizó muchos viajes, siempre en busca de imágenes y de una admiración y comprensión mayores que las que se le tri­butaban en su patria. Estuvo en Italia cua­tro veces; pero ninguna estancia tuvo el valor de la primera.

Además de los cuentos, a los que ha vinculado especialmente su fama, son dignas de recuerdo las novelas O.T (1837), Sólo un músico [Kun en Spillemand, 1837]; Las dos baronesas [De to Baronesser, 1848]; Ser o no ser [At vaere eller ikke vaere, 1857]; Pedro el afortunado [Lykke Peer, 1870], todas de inspiración más o menos autobiográfica, y las descripciones de viaje Bazar de un poeta [En Digters Ba­zar, 1842]; En Suecia [I Sverrig, 1851]; España [Spanien, 1863]; Visita a Portugal [Et Beseg i Portugal, 1866], etc.

Interpretó su propia vida como un bello cuento en sus repetidas autobiografías El libro de la vida [Levnedsbogen, 1832-33]; El cuento de mi vida [Das Märchen meines Lebens, 1846]; Mit Livs Eventyr (1855), reelaboración da­nesa de la anterior, a la que siguió un apéndice en los años 1868-69.

A. Manghi