Nacido en Madrid en 1898. En esta ciudad alcanzó los títulos de licenciado en Derecho y de doctor en Letras. Fue discípulo de Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos, colaborando en los Cursos para Extranjeros y en la «Revista de Filología Española».
Ha pasado nueve años enseñando literatura y lengua española en las universidades extranjeras de Berlín, Cambridge, Oxford, Stanford University (California), Hunter College y Columbia University (Nueva York).
Catedrático de Lengua y Literatura Españolas en la Universidad de Valencia y actualmente de Filología Románica en la de Madrid, sucesor de Menéndez Pidal. Académico de número de la Real Academia Española; miembro de la Modern Language Association y doctor «honoris causa» por Burdeos y Hamburgo.
Ha colaborado en la «Revista de Occidente», «Revista de las Españas», «Sí», «Horizonte», «La Gaceta Literaria», «La Verdad», de Murcia; «Verso y prosa», «El Escorial», etc. En la actualidad dirige la «Biblioteca Románica Hispánica» en la que ha publicado Poesía española (Ensayo de métodos y límites estilísticos, 1950); Seis calas en la expresión literaria española (en colaboración con Carlos Bousoño, 1951); Poetas españoles contemporáneos (1952); Estudios y ensayos gongorinos; Menéndez Pe- layo, crítico literario y España y la novela.
Ha simultaneado sus trabajos de Filología e Historia Literaria (Erasmo, Gil Vicente, poesía clásica española), con sus obras de creación poética. Es magistral su edición con versión prosificada de las Soledades (1927) y su libro La lengua poética de Góngora (1935).
Ha estudiado también con gran fervor a San Juan de la Cruz en La poesía de San Juan de la Cruz (1942). El primer libro de versos lo publicó en 1921 y se titulaba: Poemas puros: Poemillas de la ciudad. Su primera voz poética estaba dotada de una gran sencillez.
En 1944 apareció su segundo libro de versos: Oscura noticia, en que la sencillez dejaba paso a la retórica postmodernista, y su tercer libro y el más importante: Hijos de la ira (v. Poesías). En él Alonso se muestra como un hombre esencialmente preocupado, agrio y patético en anhelante súplica a Dios, su única y posible esperanza.
J. M.a Pandolfi

