Nacida en Beja el 22 de abril de 1640, m. en la misma ciudad, en el convento de Nuestra Señora de la Consolación, el 28 de julio de 1723.
Se le atribuyen las Cartas portuguesas (v.), dirigidas al caballero de Chamilly, que tomó parte con las tropas de Schomberg, de 1665 a 1667, en la campaña de Portugal. Desde su publicación, muchos han considerado las Cartas como un fraude literario.
Sin embargo, la existencia de la monja se encuentra documentalmente probada por la fe de bautismo, por el testamento de su padre, Francisco da Costa Alcoforado, en el que Mariana es designada como profesa, y, en fin, por el acta de su defunción, ocurrida en el convento de la Concepción a los 83 años, «todos gastaus no servicio do Deus».
Según la «novela», sor Mariana habría visto al marqués de Chamilly a caballo durante un desfile militar en la puerta de Mertola, y habría sido su propio hermano Baltasar, oficial del ejército portugués y compañero de Chamilly (que también fue a parar después a un convento), quien habría facilitado el encuentro en el que debía nacer la sacrílega pasión de los dos.
Vuelto a Francia el oficial seductor, la monja le habría escrito las cinco cartas apasionadas. Parece, por el contrario, que las cartas hayan sido redactadas directamente en francés por el conde Lavergne de Guilleragues (que en la edición de 1669 se decía traductor de las mismas): según la tesis propuesta por A. G. Rodrigues, el conde se habría inspirado en cartas escritas realmente por portuguesas enamoradas de oficiales franceses; de aquí los lusitanismos del texto.
Las Cartas constituyen un caso especial en la literatura del siglo XVII por la febril vehemencia con que pone al desnudo las pasiones del corazón humano. Reeditadas numerosas veces durante los siglos XVIII y XIX, influyeron sobre la moda de la novela sentimental y sobre la consolidación del romanticismo, para el que Mariana personificó el tipo de amor-pasión analizado por Stendhal.
J. Prado Coelho

