Alain

Seudónimo de Émile – Auguste Chartier, n. en Martagne (Perche) el 3 de marzo de 1868; m. en el Vésinet, junto a París, el 2 de junio de 1951.

Discípulo, en el Liceo Michelet, de Jules Lagneau, el aus­tero pensador que había introducido un acento de moralismo ascético en la línea del pensamiento idealista francés, post­kantiano y postfichteano, sintióse primero atraído por la filosofía; y habiendo entrado en la Escuela Normal superior, salió de ella como profesor de dicha disciplina.

Pero bien pronto abandonó la filosofía «técnica» en sentido estricto, de la que había comen­zado a escribir ensayos en la Revue de Métaphysique et de Morale, para colaborar en periódicos radicales de provincias y para intervenir en la lucha política, en la cual, en la época del «affaire» se alineó en pri­mera fila entre los defensores de Dreyfus.

También figuró por aquel tiempo entre los promotores de las primeras universidades populares y pronunció conferencias para obreros y campesinos. Fue el período de la «revuelta activa» de Alain, que terminó con el estallido de la primera guerra mun­dial, cuando — aun siendo pacifista con­vencido y quizá por tal razón — partió voluntario para el frente como simple sol- dado de artillería.

Herido en una acción, fue desmovilizado en 1917 y volvió a su cátedra del Liceo Henri IV de París, para la que había sido nombrado a finales de 1909. Mientras tanto, desde 1906 habían co­menzado a salir los primeros Propos (v. Divagaciones).

De la guerra trajo un libro, Mars ou La guerre jugée (1921), en el que se encuentran violentamente afirmadas sus tesis pacifistas. Años más tarde publicó su obra fundamental de fenomenología del arte y estética, Sistema de las Bellas Artes (1926, v.).

En el período de entre guerras, el nom­bre de este autor se afirmó como uno de los más importantes ensayistas y moralistas de la Francia contemporánea, dentro de la tra­dición de Montaigne y Descartes. Publica entonces numerosos volúmenes, redactados casi todos bajo la forma de «divagaciones» (v. Ideas). Figuran entre los principales de ellos, Le citoyen contre les pouvoirs, Pro­pos sur L’éducation, Les idées et les âges, Les Dieux, etc.

A la cátedra del Liceo Henri IV, donde su enseñanza oral ejerció una influencia profundamente formativa sobre entusiastas alumnos, unió la tribuna europea de la Nouvelle Revue Française, en la que su «propos» mensual confirió a Alain una autoridad comparable a la de un Gide, un Valéry o un Thibaudet.

Jubilado en 1933, se encerró en su pequeña villa del Vésinet, consagrándose a la lectura de los grandes textos clásicos de la filosofía y de las letras (Descartes, Kant, Hegel, Balzac, Dickens, Stendhal, etc.), a los que dedicó importantes ensayos, y a la reelaboración de sus temas filosóficos y morales. En 1951, pocos meses antes de su muerte, había sido concedido al octogenario pensador el Grand Prix National des Lettres.

S. Solmi