[Les bergeries]. Drama pastoril en cinco actos, del francés Honoré de Beuil, marqués de Racan (1589- 1670), publicado en 1625 y representado unos años antes con el título de Arthénice. Representa las peripecias de dos parejas de pastores que, después de muchas aventuras, coronan su accidentado sueño de amor.
Protagonista es Arthénice, nacida bajo la protección de Diana, que, siendo todavía niña, fue prometida como esposa al pastor Lucidas. Ella ama por su parte a Tisimandre, a su vez amante de Idalia, que no le ama, porque prefiere a Alcidore, que muere de amor por Arthénice. La primera en traicionar la voz del corazón es Arthénice, que, mostrándose más indulgente hacia Alcidore, suscita los celos de Lucidas.
De acuerdo con el mago Polisthène, Lucidas se cita con Arthénice junto a la choza de él, donde la niña encuentra a Tisimandre desesperado por la indiferencia de Idalia. Arthénice trata de ganarse al joven, esperando en vano sustraerle a su rival, cuando aparece Lucidas, que acompaña a la niña al antro del mago; éste, por medio de un espejo, le revela falsamente las intimidades de Alcidore y de Idalia.
Llena de dolor, Arthénice decide entonces retirarse con las muchachas consagradas al culto de Diana, y el rechazado Alcidore se refugia en la paz del convento. Pero cuando llegan a ella rumores de que Alcidore ha tratado de matarse y que se halla en grave peligro de muerte, corre, turbada, hacia el joven; a la vista del amado, la muchacha no puede contenerse y se desvanece en los brazos de su padre, Silène.
Éste, turbado por la fuerza de la pasión de la muchacha, decide apresurar la boda de los jóvenes. Entre tanto, el padre de Idalia, al saber las impuras e ilícitas intimidades de su hija y de Alcidore, quiere inmolar a Idalia en el altar de Diana.
Pero Tisimandre, vigilante, salva a la muchacha, que por fin es presa de un agradecido amor por el joven, y consiente en la boda. Hasta el último obstáculo creado por la oposición de Diana a los esponsales de Arthénice, por ser extranjero el esposo, queda por fin salvado, ya que Silène reconoce en Alcidore a un sobrino desaparecido de niño durante una crecida del río.
Así, pues, al poeta no le resta más que celebrar la felicidad de los jóvenes pastores. La obra, en el desenvolvimiento y en las situaciones, es desmesurada e incoherente, pero Beuil logra hacerla viva con la sinceridad de su amor por la naturaleza, venciendo el frívolo convencionalismo del género pastoril, para llevar a la literatura preciosa y mundana de su – tiempo una nota de aquel ingenuo naturalismo, que más tarde hallará pleno desenvolvimiento en La Fontaine.
D. Zerboni

