La Pastoral, Rémi Belleau

[La bergerie]. Obra poé­tica del autor francés Rémi Belleau (1528- 1577), cuya primera parte o «jornada» se publicó en 1565, y la segunda en 1572, junto con una refundición de la primera.

En una colección de poesías enlazadas por dis­cursos en prosa, se alaba la vida natural; los pastores sienten la dulzura de vivir entre las flores, de sonreír a las muchachas y tener el corazón libre de las perversiones de la sociedad.

Con un espíritu de huma­nismo tardío, que trataba de rivalizar con el ideal estético italiano expresado por Sannazaro en su Arcadia (v.), Belleau hace sentir el milagro de una existencia límpida y serena. Pero además de los dictámenes del grupo poético de la Pleyade, acentúa en un sutil manierismo su admiración hacia las bellas formas de la naturaleza.

Por esto algunos satíricos posteriores (como Charles Sorel en su Pastor extravagante, v.) destacaron la afectación de estos pastores, que hasta en las tapicerías se les dedican ins­cripciones encomiásticas de la sencillez. La segunda «jornada» contiene también poe­sías diversas y de ocasión, bastante ajenas a la intención primitiva.

Algunas composi­ciones de La pastoral se hicieron pronto fa­mosas: el bellísimo «Abril» [«Avril»] canta la despreocupación de la vida, la esplendi­dez de los prados y los suspiros de los céfiros; «Mayo» [«May»] rebosa de vida y lozanía, entre el despertar de la naturaleza y el deseo de amor; «El verano» [«L’esté»] canta una fecundidad y una opulencia que son señal de fuerza.

Bellísimas estrofas de las «Canciones» [«Chansons»] en honor de las mujeres galantes, de amigos y de la primavera; la viña, frondosa de pámpanos que se entrelazan alrededor de los arbolillos, evoca y hace pensar en el abrazo de la amada. Así los «Sonetos de amor» [«Son- nets d’amour»], fruto de imitación de otros poetas, y los «Besos» [«Baisers»] hablan del deseo de abrazar a una linda criatura y besarla con languidez hasta morir.

Estas poesías líricas son la flor y nata de La pas­toral, y en el movimiento que se remon­taba a Ronsard se hicieron notar por la pulcritud de sus motivos descriptivos más que por el admirado Los amores y nuevas metamorfosis de las piedras preciosas (v.). En ellas, por lo tanto, se basa la fama de Belleau, ya que dentro de la floje­dad de todo el conjunto son un feliz motivo de poesía.

C. Cordié