Pasión De N. S. Jesucristo, Niccoló Cicerchia

[Passione di N. S. Gesú Cristo]. A finales del si­glo XIV, los laudenses y los jesuatos difundieron por Toscana, las Marcas y Umbría este delicado poema en octava rima, obra del sienés Niccoló Cicerchia (segunda mi­tad del siglo XIV), del que sabemos poco, aparte de que compuso esta obra alrededor de 1364.

El poema se cantaba, y muy pro­bablemente se representaba, durante la Se­mana Santa. A excepción de algunas proli­jidades y ciertos momentos de cansancio en que los detalles consiguen desviar al autor, el poema se puede considerar como una de las obras más logradas y vivas de la literatura de edificación del siglo XIV.

Lo más notable de ella es la eficacia de la representación, la vivacidad de los senti­mientos, junto a su sencillez y candor. Se diría que el autor, inconsciente de sus pro­pios recursos, los emplea con una natura­lidad que añade un toque de gracia a su trabajo.

Es notable con qué vida representa a la Virgen, cuando se acerca a su Hijo para disuadirle de su intención de ir a celebrar la Pascua a Jerusalén; he aquí como la pinta el poeta: «Lenta la mujer a su hijo se acerca,/toda de dolor trastornada;/tiem­bla de pies a cabeza;/no parece la misma./ ¡Oh Jesús, grita, oh dulce vida mía!/etc.»

Jesús, firme en su propósito de cumplir con la divina voluntad del Padre, no puede contener un gesto de piedad hacia su do­liente Madre: «Hacia ella dulcemente se vuelve el hijo santo». El movimiento de «volverse dulcemente» es ya una caricia. La Madre sigue suplicándole, pero a pesar de su piadoso llanto, Jesús se impone, aun­que con angustia, a sí mismo y a ella, el duro sacrificio: «Entonces la mujer le abra­za, exclamando:/Hijo mío, hijo mío, ¿por qué me dejas?/Y acercando su rostro al de su hijo,/Tú eres, grita, la navaja que me traspasa el corazón;/dime, ¿qué quieres que haga, triste y sin ti?/Jesús la miró con los ojos bajos».

De este modo tan sencillo y eficaz, a la par que ensoñador y lleno de dulzura, se expresan los afectos humanos, y la emoción y la admiración alternan en el alma del lector. Fue publicada en Bolonia en 1878, en la «Selección de Curiosidades Literarias».

G. Franceschini

Es una fuerte y delicada representación de la pasión de Jesús; la¿ figuras de Cristo y de María son vistas con comprensión tan humana, que su estilo queda iluminado, como si su luz pura volviera de las cosas a los ojos. (F. Flora)