El Paraíso Recuperado, John Milton

[Paradise reqaind]. Poema en cuatro libros de John Milton (1608-1674), publicado en 1671. El poema comienza con la descripción del bau­tismo de Cristo en las aguas del Jordán; el Espíritu Santo que bajó del Cielo sobre la cabeza de Cristo, le proclama hijo de Dios y Salvador de la humanidad.

Satanás (v.), informado de la venida del Salvador y temiendo ver frustrados todos los esfuer­zos hechos para inducir al pecado a Adán y Eva, reúne un concilio infernal, el cual decreta que Satanás vuelva al mundo para tentar a este ser divino.

Jesús, en tanto, ayuna durante cuarenta días en el desierto, donde, bajo el disfraz de un viejo campesino, se le aparece el demonio a tentarle diciéndole que muestre su esencia divina transformando en pan las piedras que tiene en derredor. Pero Jesús reconoce al demonio tentador y lo echa. Cae la noche.

Los dis­cípulos de Cristo, en tanto, van ansiosa­mente en busca de él, y su madre, María, está angustiada por su desaparición; Sata­nás, que ha vuelto al Infierno, convoca un nuevo concilio infernal. Después de haber referido su primer fracaso, se escogen otros modos más eficaces para tentar a Jesús: un diablo propone tentarle con la belleza femenina, pero Satanás insiste en su primer propósito.

Se va otra vez al desierto y muestra a Cristo un magnífico banquete preparado en una mesa; pero Jesús resiste a la tentación y echa una vez más al de­monio. Satanás prueba entonces a tentarle con visiones de riquezas y de poderío, pero, después de una discusión con Cristo acerca de la gloria humana, Satanás debe decla­rarse vencido.

Recuerda entonces a Cristo cómo el reino de David está bajo el yugo de los romanos y le propone liberarle: con­ducido Cristo a una montaña, le señala los reinos de la tierra divididos ya únicamente entre los romanos y los partos, proponién­dole una alianza o con unos o con otros para liberar a los judíos de su esclavitud.

Pero Cristo demuestra a Satanás la vani­dad de las glorias militares y explica que la esclavitud del pueblo de David es justa, porque es un castigo infligido por Dios. Satanás propone por fin echar a Tiberio del trono, y, fracasada también aquella ten­tativa, prueba a tentarle mostrándole las bellezas de Atenas, la gloria de sus poetas, de sus filósofos, de sus escultores.

Pero Cristo resiste, y Satanás le conduce al más alto pináculo del templo de Jerusalén, y le or­dena, para demostrar su divinidad, o que se arroje abajo y permanezca ileso, o que permanezca erguido sobre el pináculo.

Cristo permanece allí en pie y Satanás se precipita al Infierno, mientras un escua­drón de ángeles levanta al Salvador. El poema sigue fielmente los episodios de la Tentación como los refiere el Evangelio (v.) de S. Lucas, y también está penetrado de re­miniscencias del libro de Job (v.), al paso que la cultura y la doctrina clásica de Milton aparecen a menudo en sus diversas consideraciones morales: ciertas alusiones políticas a las funciones del Soberano he­chas por Satanás deben ponerse en rela­ción con las lecturas del Príncipe (v.) de Maquiavelo, hechas por Milton, e interpre­tadas arbitrariamente.

El poema está muy ajustado a la sobriedad clásica; lo que Milton intenta es reproducir la Biblia (v.) en el estilo de Homero. Su ideal consiste en una desnudez de líneas puras y austeras.

E. Allodoli