Es un papiro merecidamente famoso, que un americano de Connecticut, Edwin Smith, adquirió en Egipto en 1862, y que se conserva en Nueva York.
Es la copia de un texto que se remonta a la XIII dinastía, y que fue redactado en época bastante anterior, en el Antiguo Imperio, según prueban ciertos indicios. En su estado actual, el papiro mide cerca de cinco metros de longitud; carece de principio y de fin, porque el copista interrumpió el tratado en el 48.° caso quirúrgico, aunque queda en blanco una amplia porción de espacio en el que había empezado a escribir.
El texto consta de 377 líneas, distribuidas en 17 columnas. En cuanto al contenido, se diferencia de otros textos ya editados, no muy numerosos, de contenido médico (Papiro Ebers, Hearts, Papiros de Berlín, de Londres y otros menores) en los que se hallan colecciones de amplitud y valor muy desiguales, de recetas empiricomágicas usadas entre el populacho del Egipto antiguo.
El Papiro Edwin Smith es un auténtico tratado de casos quirúrgicos, expuestos en términos científicos, agrupados según progresión ordenada, que ha de atribuirse a alguno de los «especialistas» (en el presente caso, un cirujano), en el que se mencionan documentos preciosos que datan del Imperio Antiguo.
De los cuarenta y ocho casos recogidos en el Papiro, veintiséis tratan de lesiones de la cabeza y la cara (cráneo, tejido blando, cerebro, nariz, región temporal y maxilar, orejas, mandíbulas, labios, mentón); seis, de la garganta y el cuello (vértebras cervicales); dos, de las clavículas;, tres, de los húmeros; ocho, del esternón y las costillas; uno, de la espalda; uno, incompleto, de la columna vertebral.
El antiguo cirujano sistematizó los diversos casos con preciso orden; a la exposición, precede un título general; siguen el examen, el diagnóstico y el pronóstico (curable, aleatorio, incurable). Cierra el caso la prescripción del remedio. Un comentario, a veces declaración para la más completa inteligencia del caso, a veces un léxico respecto a vocablos y frases fuera del uso corriente en el tiempo en que se hizo la copia posterior, ha sido añadido al texto en cada caso: notable ejemplo de «comentario», el caso más antiguo que sin duda se conoce.
Para el estudioso moderno, es altamente interesante ver en las líneas del texto el esfuerzo del antiquísimo cirujano respecto a la elección del vocablo más preciso para esclarecer el caso o el detalle anatómico. Más de una vez se sirve de la comparación con objetos que se hallan a la vista de todos.
Ilustra, por ejemplo, las circunvoluciones cerebrales, comparándolas a las arrugas que se observan en las escorias metálicas, un agujero en el cráneo lo compara al agujero recortado en la pared de un vaso de arcilla.
Por vez primera en lengua humana se hace en el Papiro mención del cerebro y, lo que es más sorprendente, de la discriminación de localizaciones de funciones en el mismo. El viejo científico había observado ya que las lesiones en determinadas partes del cerebro traen como consecuencia otras en diversas partes del cuerpo, por ejemplo, eñ los miembros inferiores,. También descubrió otros centros de control en la columna vertebral.
Un rasgo no menos importante — repetido en el papiro Ebers —, habla de la circulación de la sangre y de la relación de la circulación con la actividad cardiaca. Es notable su referencia a los latidos del pulso,, debidos a la acción del corazón. Para cerrar las heridas más graves, el viejo cirujano se servía de puntos; en otros casos, hacía uso de fibras absorbentes, tampones de lino y tiras empalmadas de adhesivo.
Para reducir fracturas, prescribe tablillas de madera envueltas en lino; tablillas de este género forman el singularísimo hallazgo conservado en el Museo de las Antigüedades de Turín, que procede de excavaciones efectuadas en la necrópolis de Gebelén, al sur de Tebas. Aplicaciones de carne fresca, ungüentos a base de miel y de grasa, aplicaciones de amoniaco, cocimientos calientes de sauce, soluciones de sales de cobre y sodio eran otros medios terapéuticos comunes. En ciertos casos, el cirujano se limitaba a que la naturaleza realizase su obra.
E. Scamuzzi

