Los Papeles Póstumos del Club Pickwick, Charles Dickens

[The Posthumous Papers of the Pickwick Club], Novela de Charles Dickens (1812-1870), publicada en veinte en­tregas mensuales desde abril de 1836 a no­viembre de 1837, y en volumen en 1837.

Dickens fue requerido en 1836 por el editor Chapman y Hall para escribir el texto de una serie de viñetas deportivas dibujadas por Robert Seymour; el autor tenía que describir las aventuras de un «Club de Nimrod» (Nimrod Club), cuyos miembros tenían que ir de caza, de pesca, etc., y encontrarse en dificultades debido a su inexperiencia. Dickens consiguió modificar la idea imagi­nando un club presidido por Mr. Pickwick (v.) e inventó personajes a la manera pica­resca, a medida que se le presentaba la oportunidad.

Muerto Seymour en 1836 sin haber colaborado mucho, su lugar fue ocu­pado por H. K. Brown (Phiz). Las primeras cuatro entregas se vendieron poco; el éxito sólo se dio en la quinta, con la aparición de Sam Weller (v.).

En noviembre de 1837 la venta ascendía a cuarenta mil ejemplares, Pickwick se había convertido en una figura popular y las frases de Sam Weller se repe­tían de boca en boca. La pareja Pickwick-Sam Weller renueva, aunque en menor gra­do, el milagro de Cervantes, de presentar dos caracteres cómicos que además alcan­zan con su significado humano los límites de una extravagante excentricidad.

Mr. Sa­muel Pickwick, presidente del Club Pick­wick fundado por él, y un grupo de curio­sos individuos, los señores Tracy Tupman, Augustus Snodgrass y Nathaniel Winkle, forman una Sociedad Corresponsal (Corres­ponding Society) del club, dedicada a refe­rir sus viajes y aventuras y a hacer obser­vaciones sobre costumbres y caracteres. En dicho cuadro se colocan los incidentes y per­sonajes (más de sesenta, casi todos cómicos)que pueblan esta obra miscelánea, sin intri­ga complicada.

Las aventuras de Pickwick y de sus compañeros alternan con relatos re­feridos por diversos personajes; es, en, resu­men, el antiguo esquema de la novela pica­resca, que Dickens primero acepta pasiva­mente, para introducir luego las creaciones originales de su fantasía. Pickwick y sus amigos se dirigen a Rochester, donde topan con un enredón, Jingle, que casi complica a Winkle en un desafío.

Luego visitan Dingley Dell, casa del hospitalario Mr. Wardle; asistimos a la fuga de Jingle con Rachel, la madura hermana de Wardle, a su perse­cución por parte de Wardle y de Pickwick y al salvamento de la raptada; sigue la colo­cación de Sam Weller como criado de Pick­wick. Hasta aquí la historia sólo había te­nido un interés mediocre.

Weller sirvió de catalizador; desde la escena en que Pick­wick y Wardle encuentran en el patio del «Ciervo Blanco» a Sam Weller limpiando un par de zapatos, la novela toma otro rit­mo. En Eatanswill, donde se desarrollan elecciones parlamentarias, Pickwick conoce a Mr. Pott, director de la «Eatanswill Gazette», y a la poetisa Mrs. Leo Hunter.

En Bury St. Edmunds, Pickwick y Sam Weller son timados por Jingle y por su fiel criado Job Trotter. Jingle es perseguido hasta Ipswich, donde Pickwick, involuntariamente, entra de noche en el dormitorio de una señora entrada en años, y se encuentra metido en una refriega con el señor Peter Magnus, admirador de aquélla; es condu­cido frente al magistrado Mr. Nupkins bajo acusación de provocación a duelo y con­sigue verse libre después de haber denun­ciado el infame proyecto de Jingle respecto a la hija de Nupkins.

Mrs. Bordell, hospe­dera, se imagina que su huésped Pickwick tiene la intención de casarse con ella y le procesa por ruptura de promesa de matri­monio; Pickwick es condenado a pagar 750 libras esterlinas y, al negarse, es encarce­lado en la prisión de Fleet; allí encuentra a Jingle y a Job Trotter y les ayuda.

Otros episodios son las fiestas navideñas en Dingley Dell, la visita a Bath, donde destaca la figura de Winkle, primero en la aven­tura con el fanfarrón Dowley, luego al cor­tejar a Arabella Alien; una serie de inci­dentes se refiere a las relaciones de Tony Weller, padre de Sam, con su segunda mu­jer, la muerte de ésta y la derrota del necio y borracho Stiggins, pastor adjunto de la Ebenezer Temperance Association.

Otra se­rie ilustra los problemas de Bob Sawyer y Benjamín Alien, estudiantes de medicina y luego médicos principiantes. Como buena novela victoriana también ésta acaba con bodas: de la hermana de Alien, Arabella, con Winkle, y de Emily Wardle con Snodgrass. Mr. Pickwick, con su severa concep­ción de la vida, domina al mismo tiempo el conjunto de episodios y de caracteres, pero la figura más original es la de Sam Weller, filósofo realista, contrastado con el idealismo pickwickiano, práctico y exube­rante de vitalidad y de «humour».

Fuera de uno o dos individuos, como Mr. Wardle, residuos del plan inicial de la obra, el resto de los personajes está constituido por gran variedad de picaros, charlatanes y excén­tricos. Excéntricos como Mr. Pott, o el ce­loso Mr. Magnus, o el grotesco Fat Boy; charlatanes y bribones como Stiggins, Jin­gle con su fiel Job Trotter, los abogados Dodson y Fogg; «snobs» como aparecen en gran número en la narración de la perma­nencia en Bath; caricaturas de médicos (Alien y Sawyer) que son algo más que juegos maliciosos.

Todo un mundo se agita en esta lozana creación juvenil de Dickens, que contiene en embrión casi toda su obra futura, con una fluidez de contornos, sacada de la tradición picaresca, que es más fasci­nadora que las complicadas intrigas y los caracteres construidos de las obras más ma­duras.

En Pickwick Papers el estilo de Dickens, formado sobre Smollet (1721-1771) y Fielding (1707-1754) y sobre ensayistas (desde Lamb hasta Leigh Hunt), es ya ma­duro; no hay página en que no brille algún maravilloso acierto expresivo o que no re­fleje en su estilo los humores cambiantes de los personajes. [Trad. castellana de Ma­nuel Ortega y Gasset (Madrid, 1922); de J. L. del Río (Barcelona, 1943) y de M. Héc­tor y Diego Navarro (Barcelona, 1943), y catalana de Josep Camer (Barcelona, 1931)]. En el segundo libro de los Preludios (v.) de Claude Debussy (1862-1918) se encuentra un Home á S. Pickwick Esq. P. P. M. P. C.

M. Praz

No puede decirse que Pickwick sea una buena ni una mala novela; en cierto sen­tido es algo más noble; pues, ¿cuál es la novela con argumento y final comunes, que sepa dar esta sensación de eterna juventud? No es una novela, porque todas las novelas tienen un fin y Pickwick no lo tiene. (Chesterton)