A Primaleón siguió Palmerín de Inglaterra [Palmeirím de Inglaterra], escrito por el portugués Francisco de Moráis Cabral (15009-1572) en 1544, publicado primero en la traducción española de Luis Hurtado, considerado durante un tiempo como autor de la obra (Toledo, 1547-1548), y luego en su lengua original en Evora en 1567.
Aparecido después de la serie de Amadises y Palmerines, Palmerín de Inglaterra repite un asunto poético reducido a mero mecanismo de combinaciones fantásticas y ya maduro para la sátira cervantina.
La primera parte narra el matrimonio de don Duardos, hijo de Fadrique, rey de Inglaterra, con Flérida, del ,que nacen dos hijos, Palmerín de Inglaterra y Florián del Desierto. Raptados en tierna edad por un salvaje que vive en el bosque con dos leones, son salvados por una mujer y criados por ella junto con su hijo.
Las aventuras de los muchachos son las habituales en los libros de caballerías: combates, torneos, disputas, agniciones, peripecias interminables y complicadísimas. La gran prueba que espera a Palmerín y que conduce a término gloriosamente, es la liberación de su padre, don Duardos, que había sido hecho prisionero por Eutropa, hermana del gigante Farnaco, y por el sobrino de éste, Dramusiando.
En la segunda parte, don Duardos, seguido por Palmerín y por Dramusiando, que se ha convertido al cristianismo por haberle salvado la vida, se presenta en la corte de Londres, donde es reconocido junto con sus hijos. Empieza aquí una nueva serie de aventuras que se desarrollan en torno al castillo de Almourol, donde un gigante del mismo nombre custodia celosamente, junto con algunos caballeros, a la hermosa Miraguarda.
En uno de los numerosos episodios Palmerín desafía y vence a uno de los guardianes de Miraguarda, el Triste Caballero, que es arrojado del castillo. Mil combates se desarrollan en torno al fatal castillo, meta de los más famosos y valientes caballeros cristianos.
La toma del castillo, así como la prisión de Duardos, son los principales asuntos de la novela, que deriva continuamente hacia asuntos de carácter maravilloso, heroico y amoroso; es típica la serie de aventuras provocadas por los celos suscitados en la princesa turca Targiana por la hermosura de Miraguarda.
Tales episodios podrían leerse aislados; sólo tienen en común la exaltación del ideal del perfecto caballero. El éxito de la novela fue grande, y además de al español fue traducida al francés, al inglés y al italiano.
Todavía hoy su fama perdura como uno de los mejores textos en lengua portuguesa. Es sabido el juicio que dio de ella Cervantes, para caracterizar al Cura en el escrutinio de la librería de Don Quijote: «y esa Palma de Inglaterra se guarde y se conserve como a cosa única y se haga para ella otra caja como la que halló Alejandro en los despojos de Darío, que la diputó para guardar en ella las obras del poeta Homero».
Es un juicio que refleja las preocupaciones éticas del Cura, pero que no puede tomarse como valoración crítica de una novela, cuyo fondo es convencional y no destaca de los tradicionales moldes fantásticos.
L. Panarese

