Otoño, Mykola Chvylovyj

[Osin’]. Recopilación de novelas cortas del escritor ucraniano Mykola Chvylovyj (1893-1933), publicada en 1924.

Más que en la novela Becadas (v.), donde la tesis política se impone algunas veces sobre el resto, en esta recopilación son de notar la fuerza y la agudeza de la introspección psicológica, que adquiere una particular eficacia en la novelita «Yo, romántico» («Ja, romantyka»), la mejor del volumen, y que fue incluso reeditada aparte en el «Litera- turno Naukovyj Vistnyk» de Lvov, en 1926.

Es una impresionante confesión, en parte autobiográfica, de un «chequista» jefe del tribunal rojo en una ciudad amenazada por el ejército contrarrevolucionario. El «che- quista», vinculado a su deber de fanático depositario de la idea, no hace nada por salvar la vida a ninguno de los verdaderos o presuntos enemigos del régimen, incluida su propia madre.

Sin embargo, en su co­razón cerrado al remordimiento y lleno sólo de su ciega fe, empieza a hacerse sentir, cada vez más fuerte, el recuerdo de la ma­dre muerta, cuya imagen, sin que él mismo sepa cómo, se confunde con la de la Virgen, madre piadosa de todos, símbolo de los superados y odiados prejuicios, de modo que su corazón inexorable las une en una misma ternura.

El estado de ánimo del «entusiasta de la revolución», preso en el engranaje de la justicia roja y dominado por el amor dé la sencilla y luminosa humanidad de la madre que odia la torva máquina que apa­siona al hijo, está conseguido con atenta graduación y ductilidad de estilo.

Con igual medida se describe la pasividad con que el protagonista, imbuido de moral revolucionaria, exige el sacrificio de los afectos más caros en nombre de un abstracto vínculo de fraternidad y amor universal, llegando a condenar como delito el amor de la madre, a quien, como ejecutor de la ley, mata después de haberla abrazado por últi­ma vez.

En torno a esta trágica figura apa­rece una multitud de personajes que llevan marcadas las señales de un mundo loco y cruel. Así, el débil Andrés o Andrjusa, que se encuentra entre los «chequistas» por error y trata siempre de escapar al frente; el feroz tártaro Tagabat con sus carcajadas diabólicas, y el anónimo Degenerado, «guar­dián fiel de la revolución».

Y ninguno de ellos comprende cómo «se ha dividido en dos» el yo del presidente demasiado román­tico. Como las demás novelitas del volumen, inspiradas en su mayor parte en la resurrección de Ucrania, está escrita en el estilo imaginativo, resplandeciente, expresionista, propio de Chvylovyj, que hizo escuela en la Ucrania moderna. Otra de las novelas se llama Los cuatro sables.

E. Onatskyi