Otoño de la Edad Media, Jan Huizinga

[Herfstji der Middeleuwen]. Obra del historiador ho­landés Jan Huizinga (1872-1945), publicada en Haarlem en 1919 (3.a ed. 1928). Gran cuadro de su época, comparable al de Burckhardt sobre la Cultura del Renacimiento (v.).

Pero Huizinga se distingue notable­mente de Burckhardt en el método y en las conclusiones. En lugar de seguir la vía de la tradicional «Kulturgeschichte», la historia de la civilización concebida como un con­junto de historia del arte e historia del pen­samiento, de la ciencia y de la fe; el historiador holandés indaga estados de ánimo, motivos sentimentales, aspiraciones, sueños.

Como ha sido definida por un crítico ita­liano, Cario Antoni, la obra de Huizinga «más que un cuadro es una gran vidriera historiada, donde comparecen los reyes, los santos, los obispos, los príncipes y los caba­lleros, las damas y las beguinas, el burgués y el campesino».

Es «El otoño de la Edad Media» (más exactamente, «la hora otoñal», «Herfstji»), lo que Huizinga ha querido mos­trarnos, «lo que fue, en su último período de vida, la civilización medieval, semejante a un árbol completamente desarrollado y cargado de frutos demasiado maduros».

«Escribiendo estas páginas — continúa el autor — nuestra mirada se volvía hacia la profundidad de un cielo vesperal, un cielo rojo de sangre, abrumado de lívida oscuri­dad y lleno de una falsa luz cobriza».

Aun­que necesariamente está presente en el «oto­ño» la idea de decadencia, tiene más bien este concepto una acepción de «madurez», de la madurez sentida como el momento más expresivo de una individualidad, ya que precisamente al acabar una época apa­recen más visibles sus caracteres sobresa­lientes.

Los caracteres que suelen conside­rarse típicos de la Edad Media, el sentido de lo sobrenatural, del pecado, de la muer­te, el culto del honor caballeresco, aparecen, a dicha luz otoñal, purificados en una abs­tracción casi simbólica.

La Edad Media de los torneos y de las cabalgatas fastuosas, de la caballería y de las generosas empresas, cesa de ser una realidad histórica, en su ocaso, para convertirse en una abstracta forma ideal de vida, la imagen ideal que de sí misma quiere forjar una sociedad. El examen de Huizinga está dedicado al Du­cado de Borgoña en su siglo de oro, de mediados del XIV a mediados del XVI.

«La sociedad de Borgoña se me presentaba como un todo unitario, y creí posible tra­tarla como un período cultural tan com­plejo como pudo serlo el siglo XV italiano».

Nacido del hermoso gesto de un rey, que regala a su valiente hijo menor un Estado, patria del Toisón de Oro y de la etiqueta cortesana, patria del «completo caballero» en quien Huizinga ve el prototipo del «cortigiano» italiano, del «gentilhomme» fran­cés y del «gentleman» inglés, el ducado de Borgoña aparece como representativo del «otoño de la Edad Media».

Ninguno de los rasgos que Huizinga describe es exclusivo de la sociedad borgoñona: la Corte y la Comunidad, la nobleza y la burguesía, los ideales y las supersticiones, son comunes a la Europa de la época.

Pero en Borgoña adquieren un relieve y un colorido que en otras partes no tienen: aquel mundo parti­cular borgoñón se eleva a significado gene­ral, se eleva a símbolo, a tipo de una época y de una civilización. [Trad. de María de Meyere (Madrid, 1930)].

F. Valsecchi