Odas, Friedrich Gottlieb Klopstock

[Oden]. Compuestas de 1747 en adelante, reunidas por Friedrich Gottlieb Klopstock (1724-1803) en primera edición en 1771, sólo fueron publicadas en colección completa después de la muerte del poeta y se han conservado mucho más vi­vas que la Mesiada (v.), porque la expre­sión del fino sentimiento literariomusical no queda endurecida por la simetría del hexá­metro, sino que halla su libre desahogo en la dúctil variedad de los metros, que, aun bajo la forma de oda horaciana, se renue­van en la estructura interna, adaptándose, gracias a su refinado sentido lingüístico, a las exigencias del ritmo de la lengua ale­mana.

Afirmando la inutilidad de la rima, ha creado los llamados «ritmos libres», que en algunas poesías se elevan a tonos ditirámbicos. En él podemos saludar al fun­dador de las «odas bárbaras» alemanas. Por su contenido y por su fuerza creadora de la lengua, Klopstock ha abierto a la lírica nuevos caminos, reconociendo que «poetizar es confesarse» y vertiendo en sus odas su propia esencia espiritual.

Sus poesías expre­san sus sentimientos religiosos, patrióticos, su culto a la naturaleza, su entusiasmo por la amistad, su desgraciado amor por Sofía Schmidt en la oda «A Fanny», su feliz amor por Meta Moller, la esposa tempranamente muerta, en «Cidli». Dos de sus poesías menores, exquisitas, fueron traducidas por Carducci: «Tumbas precoces» [«Die frühen Gräber»] y «Noche de estío» [«Sommer­nacht»], en la que las noches de luna, cantadas con una gracia que supera a la de la literatura contemporánea inglesa, des­piertan en el poeta la melancólica nostalgia de las personas queridas precozmente des­aparecidas, la mujer y el amigo.

Aun donde Klopstock se mueve entre las imágenes tra­dicionales del rococó, como en «Guirnalda de rosas» [«Rosenband»], famosa por la música de Schubert, en la que la amada durmiente está ligada con guirnaldas de flores, llega a superar la tradición muer­ta introduciendo el sentimiento «inefable». Klopstock alcanzó las cimas más altas en sus odas religiosas, que se aproximan a los pasajes en forma de himno de la Mesiada; especialmente dos, unen el culto de Dios con el de la naturaleza en una grandiosidad de pathos que después únicamente fue su­perada por Schiller; éstas son «Al Omnipre­sente» [«Dem Allgegenwärtigen»], en la que el poeta, «con sagrado estremecimiento» en cada fenómeno de la naturaleza, ve un sím­bolo del Eterno; y «Celebración de la Pris­ma vera» [«Frühlingsfeier»]: sinfonía de imá­genes a veces atrevidas, en las que revive la creación desde las más pequeñas y humildes criaturas a las más grandes manifestaciones de la naturaleza; es famosa la descripción del temporal, en el que se revelan la pre­sencia, la omnipotencia y la bondad de Jehová con tal viveza de representación que Goethe, para expresar la emoción de Werther (v.) y Lotte frente a un espectáculo parecido, les hace pronunciar una sola pala­bra; «¡Klopstock!».

Bastante popular es la oda «El patinaje» [«Der Eislauf»] a propó­sito del cual el mismo Goethe en Poesía y Verdad (v.) expresa su gratitud a Klops­tock, «el hombre que con su impulso espi­ritual ennoblece y dignifica todas las ac­ciones terrenas»: en esta bella oda, el poeta, que ejercitó tal deporte hasta muy tarde, exalta «el arte de Thialf», recientemente descubierto, como fuente de puras y sanas alegrías; después «El lago de Zürich» [«Der Züricher See»], que canta una excursión en barca en compañía de amigos y amigas durante la estancia del joven Klopstock junto a Bodmer en 1750: en el encanto del paisaje se exaltan los mejores sentimientos de lo bello, del amor, de la patria, de la gloria, pero el más dulce de todos es el de «sentirse amigo entre los brazos de un amigo».

Entre las odas patrióticas, «El canto de batalla» [«Schlachtgesang] funde el en­tusiasmo patriótico con el sentido de la omnipotencia divina. Las odas de la última época ya no tienen el impulso de las odas juveniles y son a veces frías, artificiosas y oscuras. Sorprende un poco la creciente tendencia del poeta a sustituir los conocidos símbolos de la mitología clásica por los nombres de la mitología germánica, como en «Wingolf», originariamente titulada «A mis amigos».

De todos modos, la influencia ejercida por Klopstock con sus odas y con sus ritmos libres sobre las sucesivas genera­ciones germánicas fue inmensa, hasta el punto de que Goethe y especialmente Schi­ller se inspiraron en él para su lírica inte­lectual. Pero no se puede negar que en muchas odas, la uniformidad del tono ele­giaco, patético, y con elevados sentimientos, elevados pensamientos, elevadas palabras admirativas, convierte la poesía en una nueva retórica.

C. Baseggio-E. Rosenfeld