El Ocaso de los Dioses. Costumbres contemporáneas, Élemir Bourges

[Le Crépuscule des Dieux. Moeurs contemporaines]. Novela del escritor francés Élemir Bourges (1852-1925), publicada en 1884.

Un príncipe alemán, Car­los de Este, duque de Blankenbourg, des­tronado por Prusia, en guerra con Austria, se ve obligado a huir; estamos en 1866, y un gran compositor, Richard Wagner, huésped del duque, estaba preparando precisa­mente en aquel momento la última parte de su tetralogía, El Ocaso de los dioses (v.).

En París, el duque se crea un nuevo ambiente de lujo y de placeres: entre sus favoritos figura un italiano, Giovanni Arcangeli, y una bellísima cantante alemana, Giulia Belcredi, que intenta apoderarse de los tesoros del desterrado mediante un ven­tajoso matrimonio. Pero diversos aconteci­mientos turban las crapulosas orgías del duque: su hijo Hans Ulric, empujado por la depravación al incestuoso amor hacia su hermana Cristina, se suicida, mientras ésta se encierra en un convento; otro hijo, Franz, después de haberse casado en Roma con una hermana de Arcangeli, se entrega al juego y acaba en la cárcel junto con otros tahú­res; un tercer hijo, Otto, enamorado de la Belcredi, consigue arrebatársela a su padre, al cual se propone asesinar de acuerdo con la amante.

Después del fracaso del atentado y de la grave herida que hizo a Otto su padre de un pistoletazo, la Belcredi se sui­cida. Es la destrucción de la familia. El duque abandona París y después de largos años de peregrinación se encuentra en 1876 en Bayreuth donde asiste al estreno de El Ocaso de los dioses de Wagner, siendo el único entre la nobleza alemana que desde­ñosamente no rinde homenaje al empera­dor Guillermo I de alemania.

La triste muerte de este hombre, entre el total aban­dono de todos los suyos significa el «ocaso» del mundo feudal y el principio de una nueva era. El autor, que con esta obra in­tenta sustraerse a los dictados de la novela naturalista, tiende a efectos grandilocuen­tes, construidos sobre una exigencia alta­mente lírica; pero dentro de la grandeza de los temas no siempre consigue un resultado artístico seguro y eficiente.

A pesar de todo, no pocas escenas y pasajes son cierta­mente notables por el efecto caricaturesco obtenido y también por el dramático con­traste entre un castellano feudal, egoísta y prepotente y la rumorosa e intrigante mul­titud de parásitos que pululan alrededor de una corona perdida.

G. Cordié