Recopiladas por sus hijos y publicadas póstumas en Lisboa en 1562, tienen gran importancia porque Gil Vicente (14659-1540?) es tenido por el creador del teatro portugués, ya que son muy raras e insignificantes las huellas de un teatro popular anterior a él.
Ciertamente el autor tuvo conocimiento de las «Sacre Rappresentazioni» italianas y de los «Mystères» franceses, porque algunos de sus personajes se expresan en estas dos lenguas. Conoció también las Representaciones (v.) de Juan del Encina porque en sus primeras producciones, como el Monólogo del Vaquero (v.) de 1502, el Auto pastoril castellano de la Navidad de 1502 y el Auto dos Reis Magos de la Navidad de 1503, las imita abiertamente.
En un principio se trata de monólogos bastante breves, pero muy pronto, como en el Auto de Sibila Cassandra (1503?) vemos que va adquiriendo extensión y va complicando la acción dramática con la introducción de varios personajes que toman parte en la acción. Esta Sibila tiene el presentimiento del nacimiento del Redentor y alimenta en su corazón la secreta esperanza de ser ella la madre preelegida del Verbo, y por esto rechaza con obstinación su casamiento con el rey Salomón.
Es de notar que Gil Vicente, en sus composiciones, alterna siempre el elemento lírico con el dramático, de manera que encontramos en ellas a menudo canciones de amor, serenatas, alboradas, cantos de guerra y cantos religiosos entremezclados con la acción. Al igual de muchos contemporáneos suyos, escribe indiferentemente en castellano y en portugués; de sus 44 dramas, doce están en castellano y dieciséis son bilingües.
Su originalidad es proclamada por García de Resende, que escribe: «E le poi o que inventou isto ca e usou/mais com graça e doutrina,/posto que Joäo de Encina/ o pastoril começou». La obra de Gil Vicente puede dividirse, según el tema, en tres grupos: representaciones sagradas o, como él decía, «obras de devoción», comedias y farsas.
En las primeras, el elemento religioso es el que predomina, como en las cuatro citadas más arriba, en la Historia de Deas, que reúne la historia de la Humanidad desde 1; Creación a la Redención, y en el Auto da Alma, en que en un simbolismo grandioso vemos al alma abatida por los dolores y las desgracias de la vida pedir socorro a la Iglesia, que la reconforta con los sacramentos, y la amaestra con la palabra de sus grandes doctores San Agustín, San Ambrosio, San Jerónimo y Santo Tomás de Aquino.
En sus comedias predomina a veces el elemento caballeresco, como en el Amadís de Gaula (v.) (1533), sacada de la novela homónima, y en la Tragicomedia de Don Duardos (v.) (1525), sacada del Prima- león; otras veces, en cambio, en forma simbólica se alude a acontecimientos contemporáneos del autor. Así la Exhortación a la guerra (1513) exalta la conquista de Aza- mor, en el Templo de Apolo (1526) se saluda a la Infanta Isabel, que va a casarse con Carlos V, y en la Nave de los amores (1527) se festeja el noviazgo de don Juan III con Catalina de Austria, hermana de Carlos V.
En la pieza Exhortación a la guerra son evocadas figuras de la antigüedad: Héctor, Aquiles, Polixena y Pentesilea, lo cual demuestra cómo por medio de los humanistas la cultura clásica había penetrado ya en Portugal. Sus farsas son comedias de costumbres, con personajes y tipos tomados de la realidad; vemos en ellas al campesino con su astucia disfrazada de ingenuidad, al mercader con sus añagazas, al soldado con su arrogancia, al hidalgo con su vanidad, al religioso con su poltronería y su ignorancia.
El acatamiento a la fe no impide a Gil Vicente fustigar la simonía y el tráfico de las indulgencias, y en esto algunos han visto la influencia de Erasmo. De estas farsas, la más característica es la de Inés Pereira (1523), en que está representado todo un manejo de medianeras para casar a esa muchacha que, después de haber rechazado varios partidos, se casa con un soldadote bruto y sencillo que le pega, la tiene encerrada en casa y finalmente la deja para buscar fortuna en África, donde muere en un combate.
Cuando queda viuda, Inés se casa con su primer novio, simplote pero bonachón. «Después del caballo que me derriba al suelo, ahora me contentaré con el asno pacienzudo que me llevará a la grupa». La Farsa de los Físicos (1512) es una graciosa y aguda caricatura de los médicos, que tal vez sugirió a Molière El enfermo imaginario (y.). Otro tipo popularísimo, que ha acabado por dar su nombre a un canto religioso titulado en su origen Los misterios de la Virgen (1534), es Mofina Mendes: una campesina que se va a vender el aceite a la ciudad y forja mil proyectos con el dinero que espera sacar de él, pero tropieza, vuelca la cántara y ve desvanecerse en un instante todas sus esperanzas.
En la Farsa de los gitanos (1525) está reproducida la jerga de los gitanos; en el Triunfo del Invierno (1529) una figura alegórica, sacudiendo su manto espolvoreado de nieve, hace una maravillosa descripción de la sierra de la Estrella, toda blanca, de los torrentes y de los estanques helados, de los vientos que soplan fuerte y obligan a los hombres a estar acurrucados junto a la lumbre en sus casas y hasta a los ermitaños a guarecerse en las cuevas bajo tierra como los zorros. Así la naturaleza y la historia, el mundo pagano y el mundo cristiano, la alegoría y la sátira, la argucia popular y la sabiduría de los doctos, concurren a crear aquel mundo fantástico, lírico y dramático a la vez, en que Gil Vicente se mueve a su sabor, precursor, por la grandiosidad de sus composiciones, de Shakespeare y, por su agudeza, de Molière.
G. Battelli
Su labor dramática… es la historia entera del teatro de su país, que sin gran hipérbole puede decirse que nació y murió con él. (Menéndez Pelayo)
Por la propiedad de su estilo, por su estrecho contacto con el pueblo, por su humanidad, su rápida observación, su sátira mordaz, su gozo en reír y su gracia maliciosa; por su insuperable vena lírica y por su instintivo deleite en las palabras tesadas no al acaso, sino pesadas con cuidado y hábilmente engarzadas como piedras preciosas por mano de un artífice, este gran poeta lírico y dramático, graciosamente incorrecto, hace prever claramente otros escritores de teatro tan diversos como Lope de Vega, Calderón, Shakespeare y Molière. (A. F. G. Bell)
En estas obras se ostentan dotes excepcionales de observación moral, gran libertad en la pintura y la apreciación satírica de las costumbres de los altos personajes y de los plebeyos, gran soltura de lenguaje, muestras de lirismo, a menudo de una inspiración superior, un tono cómico que varía de lo burlesco a lo triste y a lo filosófico y, en cuanto a la estructura, una diferenciación global muy compleja. Esta diferenciación se revela en la consistencia de elementos dramáticos muy opuestos, de personajes reales y personajes abstractos, del más alado idealismo y del más vulgar realismo. (F. de Figuereido)

