Obras, Heinrich Rudolph Hertz

[Gesammelte Werke]. Fueron publicadas en Leipzig en 1894-1895, en tres volúmenes, después de la muerte de Heinrich Rudolph Hertz (1857-1894). Comprenden todos los escritos del físico alemán.

Entre los primeros son notables los estudios sobre la elasticidad y sobre la descarga eléctrica en los gases enrarecidos, que él realizó hasta 1883, cuando su acti­vidad científica fue absorbida principal­mente por la teoría electromagnética de Maxwell (v. Tratado sobre la electricidad y el magnetismo).

Hertz recuerda haberse ocupado de esa teoría cuando (1879) la Academia de Berlín propuso un premio para una investigación dirigida a dar una prueba cualquiera de la existencia de las «ondas electromagnéticas» previstas y casi adivinadas por Maxwell, por medio del cálculo matemático, ya desde el año 1870. Hertz fue el primero en conseguir (en su escrito Oscilaciones eléctricas muy rápidas [Über sehr schnelle elektrische Schwingungen] publicado en los «Wiedemann Annalen», 1887) esta demostración, esperada por todo el mundo científico, pero considerada como pura quimera por la mayoría.

Natu­ralmente, él no había inventado nada com­parable a las perfectas estaciones radioemi­soras o receptoras de nuestros días; se servía únicamente de unos hilos metálicos encorvados en forma de anillo entre cuyos extremos se dejaba una interrupción de apenas una fracción de milímetro. Cuando una de estas anillas, oportunamente orien­tada en el espacio, y usada como estación receptora, era invadida por una oleada de ondas electromagnéticas, las variaciones del «campo magnético» conexas con el paso de aquellas ondas, generaban en el pequeño anillo corrientes (inducidas) de altísima fre­cuencia, y entre los extremos del mismo anillo saltaban pequeñas chispas.

En otros términos, eran aquellas chispas las que re­velaban el paso de las ondas electromagné­ticas. Continuando sus investigaciones expe­rimentales en los dos años siguientes, con­siguió medir la longitud de onda y la velo­cidad de propagación de las ondas electro­magnéticas (y halló para aquella velocidad un valor muy aproximado al previsto por Maxwell, esto es, a la velocidad de la luz, 300.000 kilómetros por segundo).

Mostró que estas ondas son «transversales», como las de la luz; reveló en ellas los fenómenos de reflexión, refracción y polarización, con­firmando así la teoría de Maxwell y demos­trando de manera indudable para su época que tanto la luz como el calor consisten en vibraciones electromagnéticas de un medio inmaterial o «éter».

Hertz hizo públicas estas investigaciones en una memoria cien­tífica y en una conferencia pronunciada ante la Sociedad alemana para el progreso de las ciencias naturales y de la medicina, en 1889, en Heidelberg. Desde aquel momen­to, como es sabido, los procedimientos pro­pios para producir y revelar las ondas electromagnéticas han realizado progresos rápidos y atrevidos por obra de muchos in­vestigadores y los que eran meramente dis­positivos dirigidos a demostrar con el esta­llido de una imperceptible chispita la verdad de una grandiosa concepción de la física teó­rica, y de una abstrusa teoría matemática (como lo eran las concepciones y la teoría de Maxwell), se han convertido en las gran­des estaciones radiotransmisoras de nues­tros días, en los sensibles y perfectos radio­rreceptores que todos conocemos.

Nuevas investigaciones acerca de la descarga en los gases enrarecidos y sobre las teorías eléctricas fueron publicadas por Hertz en la «Wiedemann Annalen» por el año 1890. El conjunto de sus investigaciones acerca de la electricidad y el magnetismo (doce memorias) fue recogido y publicado en un solo volumen, Investigaciones sobre la transmisión de la energía eléctrica [Untersuchungen über die Ausbreitung der Elektrischen Kraft, 1898], cuando el autor aún vivía. Esto no ocurrió, en cambio, con su importante trabajo sobre los Principios de la mecánica (en los cuales intentó dar una nueva forma a las leyes fundamentales de esta ciencia, admitiendo que las perturba­ciones experimentadas por el movimiento de los cuerpos son producto de la acción de mecanismos ocultos). La obra fue publicada póstuma en 1894, con un prefacio de su amigo H. von Helmholtz, y también ésta forma parte de sus Obras completas.

U. Forti