[Novoé Srednevékov’e]. Obra del filósofo ruso Nicolás Berdiaev (Nicolaevic Berd’aev, 1874- 1948), publicada en Berlín en 1924.
Éste es el libro con que el autor se dio a conocer. Para Berdiaev, la división clásica de la Historia en tres partes, Antigua, Media y Moderna, caerá muy pronto en desuso. La historia contemporánea concluye, y he aquí que comienza una nueva era desconocida, a la que será preciso dar un nombre. Asistimos al final del Renacimiento.
El Renacimiento ha apartado al hombre de las fuentes espirituales a que le condujo la Edad Media; el Renacimiento ha negado completamente el hombre espiritual, para reemplazarle por el hombre exclusivamente natural; el humanismo no ha reforzado al hombre, al contrario, le ha debilitado. A través de su autoafirmación, el hombre en lugar de encontrarse se ha perdido a sí mismo.
De este modo se ilustra la dialéctica inmanente que rige toda la historia humana de autorrevelación en principio, de autonegación después, de los mismos principios que habían motivado su eclosión. En nuestro siglo llega a la cumbre la era humanista, y el hombre europeo se dirige a un estado de vacuidad terrible.
El ritmo de la historia, por otra parte, cambia, se precipita, se transforma en catastrófico. La historia moderna es un intento que no ha alcanzado el éxito, que no ha glorificado al hombre como cabía esperar; las promesas del humanismo no se han cumplido; el hombre experimenta una terrible fatiga, y está dispuesto a apoyarse en cualquier género de colectivismo que sea, en el que desaparezca definitivamente la individualidad humana.
El hombre no puede soportar ya por más tiempo su abandono y su soledad. Tal es el sentido de la revolución rusa y del comunismo, que revelan las necesidades del hombre moderno, sin llegar a aportar una – satisfacción ideal. El hombre, en efecto, ha sido arrancado del centro religioso, al que había estado sometido a lo largo de toda la Edad Media; entregándose a este camino, le ha parecido al europeo de los tiempos modernos que, por primera vez, había descubierto al hombre y al mundo del hombre, constreñidos por la Edad Media.
Tal experiencia de la libertad era necesaria, pero el hombre natural separado del hombre espiritual no posee ya las fuentes inagotables para su creación, está llamado a agotarse, en este instante está ya agotado. La Edad Media había sabido preservar las fuerzas creadoras del hombre, que él jamás había separado de su alma; hoy, el hombre penetra, con su individualidad vaciada por el individualismo, en un porvenir desconocido.
Tiene la experiencia de la historia moderna, esa experiencia de la libertad en la cual él hubiera debido, según el verdadero sentido del humanismo, aceptar a Dios; pero el individualismo extremo y el socialismo extremo son las dos únicas formas del desarrollo del Renacimiento a las que el hombre moderno invoca en demanda de la salvación. Y así, después del fracaso del Renacimiento, de la Reforma, del Siglo de las Luces, del Individualismo y, finalmente, del Socialismo, es preciso volver a una nueva Edad Media.
Es una nueva sabiduría lo que predica Berdiaev, una sabiduría cristiana y gnóstica, cuya expresión social es la teocracia. El hombre debe reencontrar su alma, y la encontrará en el clima de Apocalipsis que caracteriza nuestra época; la volverá a encontrar por la constitución, incluso ignorándolo él mismo, de una nueva síntesis religiosa, unificando las formas conocidas, expresando su esencia y conduciendo al hombre desamparado hacia el centro, ese centro que es a la vez el centro del mundo, el centro del alma, y Dios.

