La Novela de la Momia, Théophile Gautier

[Le ro­mán de la momie]. Narración de puro sa­bor romántico, publicada en 1858, en la que Théophile Gautier (1811-1872) evoca con su conocida habilidad colorista la vida de Egipto en los tiempos bíblicos.

Un ri­quísimo lord y un erudito alemán consi­guen penetrar en una tumba faraónica del Valle de los Reyes, no violada, y hallan en ella, intacta, la momia de una bellísima joven, a quien la cuidadosa preparación ha conservado con aspecto de vida durante milenios. Junto a ella un papiro explica el misterio de la presencia de una momia femenina en un sepulcro evidentemente destinado a un rey. Tahoser, huérfana de un gran sacerdote, se consumía de amor en su fastuoso palacio por un bellísimo desconocido que no demostraba advertir su hermosura ni su lujo principesco.

Cuando ella, con ingenuo subterfugio, dejando, dis­frazada y sin que la vieran, su palacio, consiguió hacerse acoger, por compasión, como sirvienta en casa de su amado Poeri, he aquí que descubrió que él era un he­breo, esposo de una bella joven judía que estaba obligada a vivir en el miserable barrio donde el faraón obligaba a habitar al pueblo esclavo

. Tahoser, con todo, hu­biera podido vivir junto a Poeri como se­gunda esposa, renunciando a su patria, a su lujo, a sus dioses, para seguirlo por el desierto hacia la tierra prometida, y la es­posa hebrea estaba dispuesta a considerarla como a una hermana, pero el faraón, que se había prendado de Tahoser en una fiesta pública, la mandaba buscar mientras tanto por sus criados y oficiales por todas las calles; descubierto su refugio, fue en per­sona a raptarla, y luego de llevársela a su palacio, puso a sus pies todas sus rique­zas y la corona de reina, con una pasión que las suaves negativas de la joven acu­ciaban todavía más.

Él, el inaccesible, es­peró de ella humildemente una señal de amor, que le fue concedida sólo cuando, después de las plagas bíblicas, cedió a las amonestaciones de Moisés, vencido final­mente por el dolor causado por la muerte de su primogénito, y dejó partir libre al pueblo hebreo. Pero el orgullo volvió a apoderarse del faraón y éste salió en per­secución de los prófugos y desapareció en­tre las – olas del mar Rojo. Así, Tahoser reinó breve tiempo, sola — única mujer — sobre Egipto y, muerta en la flor de su ju­ventud, fue sepultada en el fastuoso hipo­geo que su esposo no pudo ocupar.

A pe­sar de su intriga sentimental, el asunto nos deja indiferentes; las figuras son un pre­texto para evocar con. nítida precisión un ambiente medio histórico, medio legenda­rio, diseñado con la guía de noticias ar­queológicas y avivado por el gusto y la intuición pictórica del escritor. B. Treves

El más árido, el menos musical, el menos reflexivo artesano que ha producido nuestra literatura. (A. Gide)