[Note autobiografiche]. Escritas por Giuseppe Mazzini (1805-1872) para el editor Daelli desde 1861 a 1865, se refieren al período que va de 1821 a 1853 y nos describen los momentos más importantes de la existencia del gran agitador.
En 1821 el espectáculo de los prófugos piamonteses despierta en su joven alma el primer pensamiento concreto de la posibilidad y necesidad de hacer algo para su patria. Más tarde, para satisfacer su deseo de acción, entra en la Carbonaria, a pesar de despreciar su vacío simbolismo, para desarrollar una vigorosa propaganda entre los elementos jóvenes e infundir nueva savia en el viejo organismo.
Va a ver a Guerrazzi, y su impresión no es del todo favorable; le parece que el liornés es hombre de espíritu espoleado más por su fantasía que por su fe.. Una de las páginas más bellas, sincera y emocionada, es la que describe la «tempestad de la duda» que Mazzini sufrió durante el período de su destierro en Suiza, después de la desgraciada tentativa de 1834, cuando, fracasadas las esperanzas de acción, se formó a su alrededor un vacío de desconfianza y hasta los amigos le reprocharon su fe como una ambición egoísta.
Se infiltró entonces en su alma el escepticismo, y le pareció que los muertos iban a resurgir para echarle en cara su inútil sacrificio; y_ hasta le pareció una mera ilusión su sueño de una Italia independiente y unida. Sin embargo, de esta tempestad interior la fe de Mazzini salió fortalecida y más consciente de su valor efectivo.
En Inglaterra, después de días de miseria, encuentra hospitalidad cerca de algunas revistas literarias y empieza a buscar los escritos dispersos de Foscolo, cuidando con amor de su memoria. En la capital inglesa, fundando escuelas para los jóvenes emigrados italianos, inicia esa obra de regeneración de la clase obrera que es una de las bases de su doctrina, según la cual sólo en el pueblo se encuentra la fuerza inicial para el levantamiento moral de la humanidad.
Mientras tanto se iba extendiendo en la península la propaganda de la «Joven Italia»; a los pocos años del episodio de los Bandiera, estallan las insurrecciones de 1848 y 1849. Mazzini corre a Italia: la República proclamada el 3 de febrero en Roma era la iniciativa que iba buscando. «Roma era el sueño de mis jóvenes años, la idea madre en el concepto de mi mente. Para mí, Roma era el templo de la Humanidad».
Cerrada la breve y gloriosa página de la Península, al apóstol no le queda más que volver a su destierro: Lausana, París y Londres. Sin embargo, a pesar de la suerte contraria, no ceja, y la propaganda y las conspiraciones siguen siendo su vida. Con el recuerdo del levantamiento milanés del 6 de febrero de 1853, fracasado por falta de jefes, pero marcado por el martirio, terminan estas preciosas notas autobiográficas que tocan los puntos más importantes de la actividad de Mazzini y de la lucha política de aquellos años.
Por su feliz equilibrio entre el ardor del contenido y la modestia de la forma, estas Notas autobiográficas son literariamente uno de los escritos más apreciables de Mazzini.
G. Alliney

