Todos los manuscritos de los Nibelungos van seguidos de un pequeño poema épico en medio alto alemán medieval, El lamento [Die Klager], de 4.322 versos de rima pareada, compuesto por un autor bávaro anónimo, como una continuación del poema, para narrar la lamentación de los supervivientes de la matanza en la corte de Etzel (Atila, v.).
Reemprendiendo el relato hecho en el Poema de los Nibelungos, se narra principalmente el duelo de los que han sobrevivido: Etzel, Dietrich (Teodorico) e Hildebrand lloran la muerte de Kriemhild y además, cada uno, la de sus propios hombres; los muertos son sepultados y sus armas enviadas a Bechelaren. En la segunda parte del poema, el lugar de la acción cambia, ya que la noticia del desastre va circulando de ciudad en ciudad. El juglar Swemmelín recibe de Etzel el encargo de llevar la funesta noticia al país de los burgundos; los mensajeros llegan a Viena, luego a Bechelaren, donde ocurren escenas de dolor por la muerte de Ruedeger, luego a Passau, en donde son atendidos por el obispo Pilgrim, y finalmente a Worms, donde Brunhild llora la pérdida de los burgundos.
De vuelta los mensajeros de Etzel, Dietrich se despide de ellos, que no quisieran dejarle partir, y se desmaya de dolor, quedando luego en un estado de enajenación mental. El autor, muy preocupado en salvar el alma de sus héroes, demuestra mejor corazón que capacidad poética, pero conoce bien el material de la saga. El pasaje relativo al obispo Pilgrim de Passau y al escribano Konrad es uno de los pocos puntos de referencia que se poseen sobre la composición del Poema de los Nibelungos. La obra tiene escaso valor poético; retórica en la efusión sentimental, árida y descuidada en la narración.
Sin embargo, suscitó un gran interés por los problemas filológicos que plantea, ya sobre el autor del poema, ya porque indica explícitamente como «fuente común» un texto latino «in latinschen buochstaben», que el obispo Pilgrim de Passau (917-991), tío del rey burgundo y de Crimilda, habría hecho componer a un «Meister Konrad dei Schreibe» (Maestro Conrado, el Escritor), no conocido de otro modo. Dado el carácter de indicios que tienen las investigaciones sobre los orígenes y los primeros desarrollos de la saga nibelùngica, tal indicación sugirió multitud de suposiciones. La existencia de una Nibelungias latina hacia el año 1000, basada en el ejemplo del Waltario (v.) no está todavía hoy descartada, a pesar de que hasta el presente no se haya descubierto ningún texto latino de la saga.
M. Pensa

