El Napoleón de Notting Hill, Gilbert Keith Chesterton

[The Napoleon of Notting Hill]. Publicada en 1904, es la primera novela de Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), nacida, como explica en la dedicatoria en verso a su amigo Hilaire Belloc, de uno de sus sueños de niño.

La acción ocurre en el Londres del futuro. Auberon Quin, un original que hace gala de un humorismo que llega al ab­surdo, es inesperadamente elegido rey de Inglaterra, investido de poder despótico según un nuevo sistema de gobierno mo­nárquico no hereditario, y se dedica alegremente a hacer renacer en los suburbios londinenses la arrogancia patriótica de las ciudades de la Edad Media; aparecen las antiguas corporaciones, crea pintorescas cos­tumbres y enseñas burlescas, arma mi­núsculos ejércitos con espadas y alabardas.

Pero Adam Wayne, preboste de Notting Hill, toma esta farsa en serio y revive sin­ceramente el nacionalismo desmesurado del fanatismo medieval; cuando le piden que deje derruir unas casuchas de su barrio para abrir una nueva calle, se opone fir­memente y jura defender con la espada cada palmo de terreno. Estalla la guerra: los ejércitos de los barrios vecinos mar­chan al asalto de Notting Hill, pero son re­chazados por la estrategia de Adam Wayne.

Arrastrado por el entusiasmo, el rey toma parte en la campaña en calidad de corres­ponsal especial del diario de la Corte y describe las vicisitudes del sitio que ter­mina con la victoria de Adam Wayne. Con­tinúa durante veinte años la supremacía de Notting Hill sobre todo Londres, pero más tarde, un espíritu imperialista se enciende en los vencedores, contrariamente a la vo­luntad de Wayne, y Notting Hill cae, ocu­rriendo lo mismo con Wayne y el rey Auberon Quin. La novela termina, mientras el alba surge sobre las ruinas de la batalla, con un diálogo entre las sombras de los dos héroes, que explica el significado de la alegoría.

Quin el humorista y Wayne el fanático son dos aspectos de la realidad hu­mana, la risa y el amor, elementos esen­ciales en todo; no importa que el héroe muera, no importa que las cosas continúen como estaban; sólo es importante en la tierra el alma sensible a las cosas tradicio­nales, antiguas y heroicas. Cinco años más tarde, con La esfera y la cruz (v.), este motivo hallará su desarrollo más completo.

F. Ballini