[Le monde oü l’on s’ennuie]. Obra teatral en tres actos, estrenada en 1868 y repuesta en 1881, que consagró la fama de Édouard Pailleron (1834-1899).
Es una comedia de costumbres de sutil argumento: el subprefecto Raymond y su mujer, dos jóvenes y enamorados esposos, están como huéspedes en casa de la condesa de Céran, donde se hallan rodeados de una sociedad en que «nunca se dice lo que se piensa, ni se piensa lo que se dice». Allí domina un cierto profesor Bellac, filósofo a la moda, cuyo lenguaje sibilino trae de coronilla a la dueña de la casa y a un grupo de tontuelas que se las dan de superintelectuales. Representa la reacción del buen sentido la vieja duquesa de Réville, tía de la condesa, que, con aguda ironía «ancien régime», satiriza la falsedad convencional de aquel mundo, en el cual, sin embargo, se fabrican las glorias mundanas y se traman las intrigas que conducen al buen éxito en el mundo político y literario.
Los dos cónyuges hacen lo posible para adoptar la actitud requerida por el ambiente (y sobre todo la joven esposa corrige con desenvoltura sus involuntarias faltas de etiqueta), mientras ambos buscan mil subterfugios para amarse a escondidas, y, finalmente, encuentran la manera de evadirse de aquella prisión. En aquel mundo fríamente regulado, los derechos de la juventud están representados por la graciosa Suzanne de Villiers, una parienta, protegida de la duquesa, que consigue casarse con el joven Céran, a quien su madre quería dar otra esposa.
El éxito de la comedia no estuvo al principio exento de un cierto escándalo por las alusiones personales que en ella se advirtieron (Bellac fue identificado por algunos con el filósofo E. Caro), pero la obra siguió en cartel y reaparece hoy todavía en escena porque ha adquirido valor histórico, continuando y prolongando la antigua sátira contra las «preciosas ridículas» y ofreciendo además intrínsecos méritos de espontaneidad, de naturalidad y de hábil construcción.
B. Treves

