La Muerte de Danton, Georg Büchner

[Dantons Tod]. Drama en tres actos de Georg Büchner (1813-1837), estrenado en 1835. En es­cenas breves de poderoso efecto dramático, Büchner lleva a la escena los aconteci­mientos de los últimos días que precedie­ron a la muerte de Danton, de Camille Desmoulins y de los demás componentes del partido.

La sucesión de los hechos, sin más intriga teatral, constituye el núcleo del drama, que consiste en la lucha política entre el partido más moderado, represen­tado por Danton y sus amigos, y el extre­mista, capitaneado por Robespierre, que acusa a los primeros de traicionar a la Re­volución. Por todo el drama se cierne una atmósfera fatal, una fuerza muy superior a la de cualquier hombre, grande o peque­ño, y que a todos arrastra en su juego. En Danton esta fatalidad se manifiesta, por un lado, en la convicción (que se demuestra equivocada y es lo que le pierde) de que nadie se atreverá a tocarlo, a él, el hom­bre de la Revolución; y, por otro lado, en una profunda sensación de cansancio que le impide obrar oportunamente, a pesar de las repetidas advertencias de sus amigos. En general, todos estos hombres, que fueron árbitros de los destinos de un pueblo, están aquí representados como caracteres inquie­tos, como una gente que, después de matar la fe, vaga incierta en la imposibilidad de vivir sin ella, de cualquier clase que sea.

Para algunos, sólo un nombre es todavía sagrado: el de la República; para otros (Desmoulins y la mujer de Danton, Lucille) un sentimiento: el amor; pero en la mayoría no sobrevive más que’ el goce y el deseo de voluptuosidad que los inclina hacia un cierto conservadurismo, que hace la vida más estable y fácil. Hasta Robespierre, árbitro del momento, todavía se­guro de sí, tiene dudas y se desdobla en la torturante lucha de dos personalidades. Este drama da verdaderamente la medida de un gran talento trágico, y como tal fue saludado en la época de su estreno; pero el autor moría dos años después. Olvidado durante la época del naturalismo, Büchner fue rehabilitado por la generación siguiente por las afinidades que su obra ofrece con los ideales de aquélla.

F. Federici