Esta Misa, cuyo tiempo de ejecución no excede de los treinta y cinco minutos, fue compuesta por Franz Schubert (1797-1828) a la edad de dieciocho años y en el espacio de seis días (del 2 al 7 de marzo de 1815). Es, en el orden cronológico, la segunda de sus seis Misas, las más conocidas de las cuales son la Misa en lá bemol y la Misa en mi bemol. Dado el corto tiempo de su ejecución, las diferentes piezas litúrgicas reunidas en la Misa en sol forman fragmentos completos, sin variaciones. Dos «Kyries» silábicos sirven de soporte al «Christus», en el que interviene el soprano solo, mientras el coro borda sobre la palabra «eleison». Continúa un «Gloria» de escritura fresca y vigorosa, seguido de un «Domine Deus» y de un «Miserere», penetrados de una acusada intención dramática. El «Credo», y luego el «Resurrexit», se afirman más por la alegría y plenitud de sentimientos que expresan que por los medios de orquestación empleados en la obra. El «Sanctus», vigoroso, cuyo ritmo está fuertemente señalado por los contrabajos, cede paso al «Hosanna», en el que se indica una fuga a la que sigue un «Benedictus» confiado al cuarteto solo. La Misa concluye con el «Agnus Dei», que entonan los solistas, mientras el coro subraya el fondo musical con la respuesta «Miserere nobis». Simple y desprovisto de rebuscamientos académicos, el estilo coral confiere a la Misa en sol un hálito de frescura y espontaneidad próximo a la improvisación, lo que no supone la ausencia de una construcción limpia y equilibrada del conjunto. Su estética se aleja ya de la de Mozart; pero es todavía extraña a la de Beethoven. Está señalada por las características de Schubert: gracia e invención melódica.

