[La messe de l’athée]. Uno de los más breves y conmovedores cuentos de Honoré de Balzac (1799- 1850), publicado en 1836.
Junto al gran cirujano Desplein, hombre férreo, reservado y frío, lleno de contradicciones, cruel y generoso al mismo tiempo, soberbio despreciador de los hombres, pero no privado de mezquinas’ vanidades, vive su discípulo predilecto, Horacio Bianchon, joven pobre, alegre y leal, que pronto llega a ser amigo y confidente del maestro. Desplein es ateo con el violento fanatismo de un hombre que cree sólo en la ciencia. Grande es, pues, el asombro del fiel Bianchon cuando ve a su maestro oír devota y secretamente una misa en San Sulpicio, y acaba por descubrir que acude cuatro veces al año a esa misa «fundada» por él mismo. Entonces se entera por él de la historia de su lejana juventud: la terrible lucha que había sostenido durante muchos años contra la miseria, aunque dominado por una violenta seguridad de estar destinado a grandes cosas. Cuando estaba casi a punto de morir de fatigas y de penas y no podía efectuar sus exámenes por falta de dinero, había encontrado milagrosamente un amigo y un protector en la persona de un vecino suyo auvemés, aguador, anciano y solo en el mundo, que había sabido adivinar su tragedia, admirar su valor y compartir sus esperanzas.
Aquel buen hombre había terminado por tener casa común con el estudiante: había sido un segundo padre para él durante muchos años, sacrificándole sin vacilar sus ahorros y gozando con sus primeros éxitos, y había muerto sin haber podido disfrutar apenas del filial reconocimiento de Desplein y de la alegría de ver coronada su propia misión. La misa de San Sulpicio era para Desplein el último homenaje que rendía a la memoria de su viejo amigo, alma devotamente religiosa. La misma rapidez de la narración concurre a la singular potencia de su efecto, y salva al estilo de Balzac, como siempre nervioso y ardiente, de las excesivas superestructuras ideológicas a que a menudo se entrega en sus obras de mayor alcance. [Trad. española de Joaquín García Breco (Barcelona, s. a.)].
M. Bonfantini

