Memoria Sobre el Hábito, Marie-François-Pierre Gonthier de Biran

[Mémoire sur l’habitude]. Obra de Marie-François-Pierre Gonthier de Biran, conocido por Maine de Biran (1766-1824), publicada en 1802. Hallamos aquí por primera vez afir­mada la inquieta personalidad del filósofo que reaccionó con su teoría del «esfuerzo hiperfísico» contra la corriente materialista- sensualista de fines del siglo XVIII. El motivo inspirador de la obra era: «deter­minar la influencia del hábito sobre la fa­cultad del pensamiento, o sea explicar los efectos que la frecuente repetición de unas mismas operaciones produce en nuestra fa­cultad pensante».

La intención de Biran no consistió únicamente en reivindicar los derechos del alma, en demostrar la existen­cia de un «quid» voluntario que puede fre­nar y dirigir el inconsciente tumulto de las sensaciones, sino, sobre todo, en afirmar la dualidad de nuestra naturaleza, que es receptiva y activa y proclamar la fuerza del espíritu contra el determinismo fisioló­gico. Según la teoría de Biran las investi­gaciones fisiológicas e ideológicas no ago­tan el misterio de la naturaleza humana; hay un algo que mueve también a la ma­teria, y se traduce en esfuerzo, cuya fuen­te es espiritual. Sólo esta fuerza permite al hombre el libre albedrío, la autonomía de la acción, la creación genial de las obras maestras artísticas, y el movimiento infi­nito del pensamiento. Pero hay otra fuer­za que es enemiga del genio y de la crea­ción: el hábito, que a menudo se hace en nosotros una segunda naturaleza. Ésta en­mascara nuestra individualidad, hace des­vanecerse la sensación de esfuerzo, actúa sobre los músculos, debilitando la sensa­ción y deshabituando los órganos para una voluntaria tensión receptiva. El hábito es la muerte de la personalidad, porque, si por gracia suya, la percepción se hace más clara y más distinta, y la resistencia de la materia se plasma a nuestro tacto indaga­dor, al mismo tiempo nuestra energía se torna cada vez más mecánica y amorfa.

El hombre arrastrado por el ritmo habitual pierde la conciencia de sí mismo porque se olvida de luchar; circunscrito a un círcu­lo de operaciones que se repiten rítmica­mente, se convierte en un trágico sonámbulo de la existencia y hasta su pensamiento se duerme en el círculo encantado de un len­guaje convencional, se apaga en un vacuo verbalismo. El hombre que quiera salvarse a sí mismo y salvar su energía creadora, debe remontar la corriente del hábito; hacer pasar por el filtro de la conciencia todo acto suyo, vivir toda experiencia con ojos siem­pre renovados por el interés curioso del adolescente, en fin, recorrer de nuevo con la reflexión todo cuanto el hábito ha vuel­to opaco y mecánico. Estas vigorosas aser­ciones muestran bien la importancia capi­tal del pensamiento de Biran en el cuadro del idealismo del siglo XVIII. Las dos gran­des corrientes filosóficas de la Francia con­temporánea, el intuicionismo y el contingentismo, se relacionan directamente con la psicología de Biran, de tal manera que, con justicia, Bergson ha afirmado que «el camino trazado por Maine de Biran es, sin duda, definitivo para la metafísica».

O. Abate