[Mémoires d’un pére pour servir a l’instruction de ses enfants]. Autobiografía de Jean-François Marmontel (1723-1799), publicada después de su muerte, en París, en 1800.
El autor, nacido en una modesta familia de Bort, en el Lemosin, hizo sus estudios con los jesuitas, proveyendo al mismo tiempo, con un trabajo asiduo, a su propio sustento, y parecía decidido a entrar en el sacerdocio, cuando sus primeros éxitos literarios en la Academia de Toulouse y su correspondencia con Voltaire enfriaron su celo religioso, tanto que en 1745 se trasladó a París para hacer fortuna como literato. Después de haber tratado de destacar, con cierta fortuna, como trágico, publicó los Cuentos morales y dos novelas, Belisario (v.) y Los Incas (1777) que, gracias a la censura sobre algunos pasajes referentes a la tolerancia religiosa, constituyeron un verdadero éxito editorial; fue durante algún tiempo empleado administrativo a las órdenes del hermano de Mme. Pompadour; dirigió el «Mercure» (v.); colaboró en la Enciclopedia (v.); fue premiado por la Academia; entró en ella en 1763 y fue más tarde nombrado historiador de Francia y secretario perpetuo; frecuentó los salones literarios más en boga, los de Mme. Tencin y Mme. Geoffrin, los de Mlle. de Lespinasse y de Mme. Necker; obtuvo celebridad y riqueza; amó y fue correspondido, para más tarde disfrutar, después de los cincuenta años, los goces del matrimonio con una muchacha de diecisiete.
La Revolución lo tuvo primero a su lado; miembro de la Asamblea electoral de París en 1789, se distinguió combatiendo las violencias del espíritu partidista; pero en 1792, disgustado por el giro de los acontecimientos, se retiró con su familia a una modestísima morada cerca de Gaillon, en Normandia; donde se ocupó de la educación de sus hijos y se dispuso a escribir para ellos estas extensas Memorias, que llegaron hasta el libro 20, interrumpiéndose con los sucesos de 1797. Es notable la importancia histórica de esta obra, por la que desfilan las grandes figuras del siglo XVIII francés: Massillon, Voltaire, Vauvenargues, Fontenelle, Montesquieu, D’Alembert, Diderot, Rousseau, Crébillon, Helvétius, Malfilatre, Marivaux, Condillac, Turgot, Buffon, Necker, Lafayette, Chamfort, Galiani, etc. En medio de esta selecta reunión de ingenios, llega de su pueblo el joven Marmontel y no sin deleite se sigue, a través de la sencillez y el candor de su relación, la ascensión de este buen hombre mediocre, dominado por una voluntad de trabajo, satisfecho de sí mismo, y a quien la Fortuna conduce de la mano de escalón en escalón.
E. C. Valla

