[Mémoires du duc de Saint-Simon sur le règne de Louis XIV et la Régence]. Célebre obra de Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon (1675-1755), escrita con la clara intención de dar un cuadro completo de la vida y de la política de la Corte de Versalles, basado en el testimonio directo del autor. Abarca un espacio de tiempo de más de 30 años (de 1691 a 1723), por lo que llega a tratar incluso de la «Regencia» de Felipe de Orléans, con frecuentes digresiones que ilustran la época anterior al 1691; sin embargo, el mayor interés del relato radica en los últimos lustros del reinado del Rey Sol, por lo que el libro fue titulado por algunos editores Mémoires de la Cour de Louis XIV.
Valiéndose del material recogido desde su primera juventud, Saint-Simon se dedicó primero, a partir de 1723, a componer escritos diversos de historia y política; hacia 1730, empezó a anotar el Diario de la Corte de Francia (v.) de Dangeau, que le sirvió más tarde de guía en la composición de las Memorias, en las que confluyó todo el material de sus estudios precedentes, y que prosiguió desde 1740 hasta su muerte. Desde el punto de vista de la exactitud histórica, la obra es de valor bastante desigual y todo lo contrario de imparcial: Saint-Simon es enemigo declarado de Luis XIV y de su reinado («ce long règne de vile bourgeoisie»); el absolutismo, la centralización del gobierno y la nivelación política de las clases sociales ante la autoridad regia le parecen la ruina de Francia. La única solución posible es para él un retorno al régimen feudal, en el que los duques y pares de Francia (es decir, los nobles de su rango) recobren toda la autoridad tradicional. La innata honradez de su alma y la sinceridad de su fe religiosa sirven para hacerle tolerante al menos en este campo (de hecho, reprobó la Revocación del Edicto de Nantes); pero para todo lo demás es un ciego y estrecho «laudator temporis acti», dispuesto a criticar sin discernimiento cualquier novedad, defensor ridículamente puntilloso y formalista de todas las prerrogativas y los privilegios tradicionales de la nobleza.
Su apasionamiento le induce a formular una cantidad de juicios políticos de increíble ingenuidad y a alterar incluso, alguna vez de buena fe, la verdad de los hechos. Por otra parte, espíritu novelesco, preocupado siempre en escudriñar detrás de los bastidores de la escena histórica, dispuesto a creer el menor chisme, ligado casi siempre a los testimonios orales, acepta como verdad una cantidad de noticias y de rumores que la historia ha reconocido como infundados. Sin embargo, su obra es de capital importancia para la historia de las costumbres, y es un monumento literario de los más grandiosos y característicos de la literatura francesa; este implacable y malévolo testimonio, este hombre de mente estrecha y lleno de prejuicios, es, por naturaleza, un psicólogo de maravillosa profundidad y seguridad, capaz de expresarse en la forma más precisa, pintoresca y genial qué haya alcanzado nunca la prosa del «siglo de oro». Su obstinación en buscar siempre la verdad por encima de las apariencias le sirve aquí admirablemente; no sabe valorar el verdadero alcance de los hechos, carece de sentido político, pero siente profundamente el drama de la vida del individuo en relación con su grupo social; capta la verdad de las almas, atisba el secreto mecanismo de los sentimientos y de las pasiones, revela con certera intuición el desarrollo de las ambiciones, del amor propio, de los profundos afectos y de las tenaces vanidades que gobiernan las acciones de sus personajes.
Sus treinta volúmenes son, pues, una inmensa galería de insuperables «retratos», sin que por otra parte se le escape el sentido de las masas ni la fisonomía de los grupos. La vida de la Corte de Versalles revive en sus páginas como en un desmesurado fresco: con estilo personalísimo, donde la expresión rebuscada alterna con la frase trivial, y el vocablo selecto con las palabras más brutalmente vulgares, donde las leyes de la sintaxis quedan infringidas por el impetuoso vigor de su apasionado temperamento. Saint- Simon pone un gran refinamiento psicológico al servicio de sus incomparables cualidades de escritor nato. La obra permaneció inédita durante todo el siglo XVIII (época típicamente cerebral, en la que Saint-Simon hacía un papel de superviviente); los pocos que la conocieron manuscrita (Duelos, Mme. du Deffand) la consideraron carente de interés literario. Publicada en 1830, fue, en cambio, apasionadamente leída y exaltada por la primera generación de los románticos. Edición príncipe: París, 1829-1830 (21 vols., en octavo).
M. Bonfantini
Antes de Saint-Simon sólo había bocetos y esbozos: por primera vez dio, con infinidad de detalles, una amplia impresión de conjunto. (Sainte-Beuve)
Más penetrante que La Bruyère y que Lesage, trabajando con la materia viva, siempre en movimiento y huyendo a cada instante, analiza las acciones con seguridad magistral, diseca los sentimientos, capta los rasgos más fugaces de las fuerzas que componen la vida moral. (Lanson)
Ningún estilo clásico iguala al suyo por la originalidad, la vida, la fuerza expresiva. Incomparable pintor de escenas y retratos, este insensato, este . maniático, no es un buen escritor: es un gran escritor que escribe mal. (Pellissier)
Hay, pues, en estas Mémoires, partes muertas y partes semimuertas: pero es preciso leerlo todo, porque la garra se muestra por todas partes. Además, no hay obra que se lea con más gusto; y quien empiece a hojear los treinta y ocho tomos, continúa hasta el fin… Puede decirse que ha quedado, en el autor de las Mémoires, un per- jume de Fronda, una brizna de jansenismo y mucho del estilo Luis XIII. (Alain)

