Obra del literato y político español Antonio Alcalá Galiano (1789-1865), hijo del famoso marino y matemático, don Dionisio, muerto en la batalla de Trafalgar.
Publicada en Madrid, en 1886, por su hijo, del mismo nombre. Es un minucioso relato biográfico, en el que comienza por relatar los datos más sobresalientes de su linaje y los hechos de la niñez. En 1795 hace su primer viaje a la corte, cuando su tío Vicente goza de la máxima confianza del ministro de Hacienda, Gardoqui, y del de Marina, Valdés. Toda su familia es reformista, y atacan a Godoy y a la reina María Luisa. A los siete años ya lee el Quijote y viste el uniforme de cadete de los guardias reales. Vive en Andalucía, en Cádiz, donde era común «dar el nombre de monsieur a los maestros, para que todo estuviera a la francesa». A los diez años ya lee la literatura enciclopedista francesa. Hace un viaje a Nápoles con su padre, al casarse el futuro Fernando VII con la princesa napolitana María Antonia. Entabla amistad con Martínez de la Rosa y presencia, desde Cádiz, el combate naval de Trafalgar.
Describe las crisis políticas del reinado de Carlos IV — proceso de El Escorial y motín de Aranjuez — y, al estallar la guerra por la independencia, milita en las filas patrióticas. Luego es nombrado secretario de la legación de España en Suecia y no desperdicia ocasión para atacar el despotismo de Fernando VII. En 1817 hace sus primeros manejos revolucionarios y se afilia a la masonería. Nombrado secretario de la legación de España en el Brasil, desde Cádiz coopera activamente a la revolución liberal de 1820 y propone al almirante Quiroga como jefe del levantamiento. Describe con todo lujo de detalles la rebelión triunfante y sus principales protagonistas — Riego — y evoca muchos recuerdos del trienio constitucional (1820-1823). Las Memorias terminan al emigrar Alcalá Galiano a Londres, a raíz de la restauración del absolutismo por los Cien Mil Hijos de San Luis (1823). El relato biográfico se completa en apéndices. Regresó a España al morir Fernando VII y luego fue ministro de su hija, Isabel II, en un gobierno moderado presidido por Narváez.
J. Regla

