Meghadūta, Kālidāsa

[La nube mensajera]. Co­mo Abhijñānaśākuntala (v.) es la mejor obra dramática de Kālidāsa (siglo IV-V) y Raghuvamśa (v.) es su obra épica más im­portante, Meghadūta es su más célebre y perfecta poesía lírica, y una de las más logradas de la lírica india. El poeta finge que un «yaksa», especie de semidiós o ge­nio al servicio de Kubera, dios de la ri­queza, por una falta cometida contra su señor, ha sido condenado a pasar un año exilado en el monte de Rama, en la India meridional, separado de su amada en la estación de las lluvias, durante la cual es más desagradable la ausencia y más pun­zante el mal de amor.

En el mes octavo, a una nube que pasa con dirección al mon­te de Kaliāsa, donde habita, en la ciudad de Alakā, más al norte de Ujjayinī (Ujjain), patria del poeta, su amor lejano le confía un mensaje de amor, en el que describe el camino que habrá de recorrer: reposará, en un momento de cansancio, sobre el río, semejante a un collarín de perlas que tiene en medio un zafiro; las cimas nevadas del Kaliāsa, cuando desciende al Gańgā (el Ganges) 5 aparecerán semejantes al dios Si- va, las crecidas de curso sinuoso y ondu­lante se asemejarán a mujeres deseosas de plenitud, y las masas de nubes son compa­radas a las trenzas obscuras de una dama, su dama, a la que describe según la ima­gina tras la larga separación: «esta débil criatura, que sostiene con gran fatiga su delicado cuerpo, desnudo de todo ornamen­to, a menudo abandonada sobre su lecho, también a ti, oh nube, te hará derramar lágrimas en forma de gotas nuevas…».

La nube, con la generosidad de los magnáni­mos, arrojará la lluvia salvadora sobre las selvas abrasadas, y con la voz detonante del trueno, repetirá afligida el mensaje, flo­recido en vagos madrigales, que confieren su encanto al metro que perdura en las 112 (ó 115) estrofas del difícil «mandākrānta», compuesto de un doble espondeo, un doble pirriquio, un doble anfíbraco y una sílaba doble aguda, con cesura en la 4.a y en la 12.a sílabas: «En la hiedra, veo tus miem­bros, en la tímida gacela la mirada, la cabellera resplandece como la cola del pa­vo real, tu dulce faz brilla en la luna, el juego de tus pestañas se parece al rizar de las ondas; en todas partes hay algo tuyo; pero, ¿quién será capaz de ver tu belleza por completo?» El Meghadūta, cuando Goe­the lo leyó en la traducción de Wilson, des­pertó la admiración del más grande poeta alemán, quien escribió que el primer en­cuentro con una obra como ésta hace épo­ca en nuestra vida. También en la India se apreció mucho al Meghadūta en todos los tiempos. El motivo fundamental del men­saje de amor, enviado por un amante le­jano, ha encontrado frecuentes imitadores en poetas de las épocas siguientes, y esto no sólo en la literatura clásica sánscrita, sino también en las literaturas dialectales. Trad. italiana de G. Morici (Roma, 1891).

P. E. Pavolini