Novela de Armando Palacio Valdés (1853-1938), publicada en 1883. Las hermanas Marta y María representan, como las hermanas de Lázaro, en el famoso episodio evangélico, una antítesis de femineidad: María, la hija mayor del ingeniero Elorza, pasa de una vaga forma de romanticismo a un exaltado misticismo que la lleva a proponer a su novio, Ricardo, un matrimonio acompañado de un estrecho voto de castidad; Marta, la menor, se siente transportada hacia la vida activa, y a sus catorce años sólo sueña en un matrimonio que la pueda convertir en la amada y laboriosa ama de su casa.
Marta ama en secreto al novio de su hermana, pero éste, que espera resignado que María se decida a ser su mujer, no llega ni siquiera a sospechar la pasión de su futura cuñada. El misticismo de María toma en cierto momento un aspecto político: identificando al Pretendiente carlista con un enviado del cielo, se entrega activamente a la causa y se hace detener por una tentativa de delito político que la lleva junto con su novio, oficial de artillería, ante un consejo de guerra. Su madre, doña Gertrudis, no resiste al escándalo y muere; la joven mística confiesa su culpa e, indultada, toma el velo. Ricardo, decepcionado, advierte al fin la pasión de Marta y pide su mano. La novela tiene indudablemente una tesis: la de condenar las exageraciones del misticismo, no en nombre de abstractos principios racionalistas, sino de las exigencias vitales, de la alegría de vivir.
Aunque el arte del narrador consiga poner en segundo plano la tesis, es más visible en esta novela que en la posterior, La Hermana San Sulpicio (v.); éste es el pequeño defecto de Marta y María, novela construida sólida y reposadamente, a la antigua manera española, manera que Palacio Valdés había de superar en sus obras siguientes, mejor logradas, encontrando una modalidad narrativa más nerviosa y propia.
A. R. Ferrarin

