Mar de Historias, Fernán Pérez de Guzmán

Obra del poeta e historiador español Fernán Pérez de Guzmán (1375/78-1460?). Escrita antes de 1450, fue impresa en 1512.

Se divide en tres partes: en la primera trata de los «empera­dores e de sus vidas, e de los príncipes gentiles e católicos»: en la segunda, de los «sanctos e sabios e de sus vidas e de los libros que ficieron»; y en la tercera, de las «semblanzas y obras de los excelentes re­yes de España don Enrique III e don Juan II y de los venerables prelados e no­tables caballeros que en los tiempos de es­tos nobles reyes fueron». Las dos primeras partes no se apartan mucho de las vulgares compilaciones retóricas medievales y sólo en cuanto al aspecto estilístico ofrecen al­gún relieve personal. Se refieren a figuras de personajes reales, como Alejandro Mag­no, César, Carlomagno, o imaginarios, co­mo el rey Artús y algunos héroes del San­to Graal y asimismo nos evocan figuras de santos, sabios, literatos, etc., presentando en un mismo plano lo legendario y lo his­tórico, los héroes de la espada y los de la pluma.

Las influencias de la historio­grafía medieval (entre sus fuentes más di­rectas el autor cita la obra homónima de Juan de Colonna Mare historiarum) se fun­den con una cultura humanista nutrida de estoicismo y dan al autor una cierta origi­nalidad de visión en la capacidad de sín­tesis del estilo y la predilección por las personalidades poderosas. Estas dotes de moralista y de prosista hallan mejor apli­cación en la tercera parte que es conocida bajo el título de Generaciones y semblan­zas y que el reciente descubrimiento del manuscrito original confirma como obra completamente suya. Fue escrita en 1450, y en las ediciones posteriores a la prime­ra aparece separada de las otras dos par­tes; así, en la edición de Logroño, de 1517: Las generaciones y semblanzas y obras de los excelentes reyes de España don Enrique el tercero y don Juan el segundo. Partien­do de las genealogías y retratos de los dos soberanos, Pérez de Guzmán nos ofrece una viva y rica galería de las principales per­sonalidades de su tiempo: prelados, caba­lleros, dignatarios y poetas desfilan como en un policromo calidoscopio, caracteri­zados en sus rasgos físicos y morales, plas­mados en sus líneas esenciales, con sus vi­cios y virtudes.

Es un verdadero arte del retrato y el estilo rápido, incisivo y apli­cado maravillosamente a captar en lo vivo hombres y cosas con una inmediata cone­xión al propio objeto y una fuerza de reconstrucción nada común. Los retratos más vivos son los de Enrique III el Doliente, el Canciller Ayala, el Conde de Niebla, el Condestable Ruy López Dávalos, el arzo­bispo de Toledo don Pedro Tenorio, etc. Hombre de armas y político, gran conoce­dor de los vicios humanos y del valor, Pé­rez de Guzmán nos ha legado una visión de su época, sellada con un sentido escru­puloso de la realidad y una extrema sereni­dad de juicio, que pueden ser fruto del estoicismo por él sustentado, o bien como sublimación de sus decepciones cortesanas. De todos modos, para poder encontrar un parangón a esta obra, hay que referirse al retratismo moral francés, del siglo XVII, que encuentra en las Memorias (v.) de Saint-Simon su manifestación más feliz.

C. Capasso